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¿Una nueva forma de leer?

Internet ha cambiado nuestra forma de relacionarnos con la cultura. Hasta ahí todos de acuerdo. Pero ocurre que ese cambio no es, o no debería ser, tan negativo como muchos lo ven. Por una parte tenemos a la industria cultural, para quien todo acceso a cualquier bien cultural sin pasar por taquilla es un delito y debiera ser castigado. Pero por otra también hay un descrédito en cuanto al acceso al conocimiento a través de la red. Se dice que internet fomenta un saber fragmentario, deslavazado, en el que se recogen datos de distintas fuentes y a menudo ni siquiera se comprueba su veracidad. Néstor García Canclini rebate ambos argumentos en un interesante artículo que publica en la Revista Alambre: La lectura en tiempos del Zapping. Parte de una queja muy frecuente entre los profesores universitarios: que los estudiantes no leen los libros completos, que utilizan las fotocopias para leer fragmentariamente. Pero después constata que los profesores no leen de manera muy diferente. Que también la suya es una lectura fragmentaria, una lectura que “salta” y que dialoga con otras lecturas. A partir de esa constatación se pregunta si no será que, de alguna manera, el acceso al conocimiento ha cambiado.

Recuperación de un libro que causó cierto revuelo cuando fue publicado. Lo cita García Canclini en su artículo. Se trata de Cómo hablar de los libros que no hemos leído, de Pierre Bayard. Del mismo solo tengo una referencia, indignada, como la de muchos amantes de la lectura. En su momento me pareció que su planteamiento era cínico y anticultural, que solo era un libro “para brillar en sociedad” y que, de alguna forma, se reía de todo lo que a mí me gustaba. No he vuelto a tener más referencia del mismo hasta este momento, hasta la cita de García Canclini. Y, a pesar de mi rechazo inicial, me reconozco en algunas de las tesis del autor. La idea central es que hay una cierta presión social en torno a los libros que uno debe haber leído, tanto si se dedica profesionalmente a la literatura (como es su caso, puesto que es profesor de la materia en la Universidad de París VIII), como si, simplemente, se considera una persona culta. Bayard reivindica que uno no debe sentirse culpable por no haber leído todos los libros que se supone debe haber leído. Habla de la lectura y la no lectura, y clasifica los libros en función del grado de conocimiento que uno tiene sobre ellos. Hay libros que no se han leído, o que no se han leído completos, pero que se pueden situar en su contexto y sobre los cuales se tiene un buen conocimiento. Tambień hay libros que uno ha olvidado, en todo o en parte. Todos forman parte, a decir de Bayard, de nuestra aproximación a la lectura, de nuestra reconstrucción personal de los libros que leímos o no leímos.

Supongo que la conclusión que se puede extraer del artículo de García Canclini y de las opiniones de Bayard (expresadas en esta entrevista) es que la lectura no es recorrer los libros que deberíamos haber leído desde el principio hasta el final, renglón por renglón, sin saltarnos una coma. Que la lectura debe ser placer, que cada uno construye su propio libro cuando lo lee y que se produce una conversación entre lector y autor, entre lectores y críticos, entre estudiantes y profesores. Y en esa conversación toma parte, y muy activamente, la accesibilidad que nos proporcina intenet. Por otra parte, también podría decirse que en nuestros días se produce una mitificación del objeto libro como único vehículo de la cultura, cuando precisamente parece que podríamos encontrarnos frente a la superación de ese concepto tan rígido. Los libros son objetos, hermosos, pero cada vez más objetos. Y los saberes que atesoran comienzan a circulan al margen de ellos. En su momento, como dice García Canclini, a través de las fotocopias; hoy, a través de internet. ¿Solo es lícito acceder al conocimiento mediante el libro? ¿Hay que desaprovechar las otras vías, las innegables ventajas que ofrece internet?

Algunas citas del artículo de García Canclini:

Otra situación que fomenta equívocos: un libro que se ha leído y se ha olvidado por completo ¿puede considerarse un libro leído? Bayard cita a Montaigne, quien ostentaba ser olvidadizo con los libros de otros y con los propios: algunas personas le recordaban fragmentos que él no conseguía reconocer como parte de su escritura. La “deslectura”, según Bayard, muestra la experiencia de leer como ganancia, y, en ocasiones, como parte de un proceso necesario de pérdida, en el que comprendemos que la cultura tiene que ver con la ampliación de la sabiduría y con la necesidad de seleccionar y olvidar.

El mejor lector no es el que recorre el libro del principio al final, sino el que descubre muchos itinerarios y los conecta entre sí. No veo como buen lector de antropología al que sólo devora aplicadamente a los clásicos. Más bien al que trata de comprender las obras vertebrales de la historia, y además lee aquí y allá por curiosidad, por urgencias personales, saltando de capítulos de libros a debates en la red. Y cuando las dudas en el trabajo de campo o la sorpresa al leer en el periódico que Wall Street operaba como si fuera Las Vegas, lo dejan solo frente a un enigma, conoce en qué libros ir a buscar acompañamiento. O cuando las noticias evidencian que en su propia sociedad, en México, los asesinatos dejaron de ser ritos de iniciación en la mafia en dos ciudades de la frontera norte y suman más de 4000 al año en el conjunto del país, lee las explicaciones sociológicas, económicas y políticas, comparte su desorientación, y además descree que esto se inició en el sexenio pasado o el anterior. Busca en una historia de larga duración cómo fueron transformándose las relaciones entre violencia social y capacidad de simbolizarla, entre trabajo, instituciones, dinero y muerte.

Escribe Pierre Bayard: “Ser culto no consiste en haber leído tal o cual libro, sino en saber orientarse en su conjunto, esto es, saber que forman un conjunto y estar en disposición de situar cada elemento en relación con el resto” (Bayard, 2008:28). Ante una conversación o en un proceso de investigación, el comportamiento más valorable no es la capacidad de citar muchos libros sino la de ser capaz de organizar un trayecto productivo entre los libros que conocemos y la inmensidad de libros no leídos.

[vía Libro de notas]

Cambio (ligero) de rumbo

Desde hace algún tiempo (todo el que llevo sin escribir aquí como solía) estoy notando que se está produciendo una mutación en Octaedro. Aunque no haya anotaciones, o las haya mediante el sistema de goteo, Octaedro sigue vivo, sigue funcionando en algún lugar de mi conciencia. Y ahora está cambiando, lo noto. Ya no es, no va a ser, tan literario. La literatura me sigue gustando, por supuesto, pero hay otros campos que me llaman con insistencia y que deberían aparecer por aquí. El ensayo, por ejemplo, pero no el ensayo literario (aunque también podría ser) sino el relacionado con la filosofía, incluso con la psicología y también (aunque habría que definirlo con mayor exactitud) el relacionado con lo que podría llamarse algo así como “la sociedad en red” o “sociedad del conocimiento influido o mediatizado por la red”. Son campos con un interés creciente para mí, campos en los que, cada vez con más asiduidad, se sitúan mis lecturas. Durante mucho tiempo les he dado de lado en Octaedro, porque a Octaedro lo concebí como un espacio dedicado exclusivamente a la literatura, pero esa exclusividad ya no tiene sentido: si quiero seguir escribiendo aquí (y quiero), tengo que abrir el abanico a otros temas.

Así que esto es un aviso, y el que avisa no es traidor: voy a intentar que aquí no haya únicamente literatura, que quepa un poco de todo lo que buye en el interior de mi cabeza. Por supuesto, siempre desde la curiosidad y el deseo de aprender un poco más sobre todo lo que me rodea. Los expertos en estas materias están en otros sitios, que son los que indagaré y procuraré traer aquí, para que tanto vosotros como yo podamos disfrutarlos.

Razones para bloguear

Un blog que no se actualiza con frecuencia es un blog muerto, inexistente. Soy consciente de ello. Es absurdo dejarse caer de cuando en cuando por aquí (sobre todo si ese lapso de tiempo es de meses) con una pequeña anotación, o un anuncio breve. Los lectores, si los había, ya han huido hace tiempo. Te han borrado de su agregador de feeds. Pero, al menos, uno está vivo para sí mismo, y volver una y otra vez, a pesar del tiempo transcurrido, se lo recuerda.

Las razones para bloguear que Andrew Sullivan expone en este magnífico artículo -”Why I blog?“, publicado en The Atlantic- son las más convincentes que he encontrado nunca en la red. Sullivan acepta todas las ideas sobre el blogging que circulan por ahí, pero les da la vuelta, les cambia la pátina negativa por otra incluso favorable. Bloguear es escribir, es hacer periodismo, pero es otra forma de escribir, otra forma de hacer periodismo. Hay excesiva inmediatez, poca reflexión, pero debe ser así, porque leer un blog no es lo mismo que leer un ensayo, es un tipo de lectura más conversacional, en la que la profundidad de la reflexión se va construyendo post a post.

Pero tal vez el blogger avant la letre quintaesencial fue Montaigne. Sus ensayos fueron publicados en tres grandes ediciones, cada una de ellas más larga y compleja que la anterior. Escéptico apasionado, Montaigne corregía, añadía y amplificaba sus ensayos en cada edición, volviéndolos tridimensionales a través del tiempo. En las mejores traducciones modernas, cada ensayo está anotado, frase a frase, párrafo a párrafo, con pequeñas letras (A, B y C) para cada una de las ediciones, ayudando al lector a ver como cada reescritura añadía o subvertía, enfatizaba o ironizaba, la versión anterior. Montaigne vivía su escepticismo, atreviéndose a mostrar cómo un escritor evoluciona, cambia de opinión, aprende nuevas cosas, cambia de perspectiva, crece –y todo esto, lejos de ser algo que necesite ser escondido tras una capa de autoridad inmutable, puede ser una virtud, una nueva manera de considerar las pretensiones de autoridad, texto y verdad. Montaigne, en gran medida, también llenó sus ensayos con miríadas de eso que los bloggers llamarían external links. Sus propios pensamientos se entrelazan y complican con aforismos y anécdotas de otros. Investigadores de sus fuentes señalan que muchas de esas “citas” estaban deliberadamente fuera de contexto, añadiendo capas de ironía a una escritura que ya estaba saturada de dudas empíricas.

Juan Carlos Castillón ha traducido el original inglés en lo que el denomina una traducción exprés, pero que es, simplemente, magnífica.

P.S. He elegido el texto de Montaigne, aparte de por su significado en el contexto del artículo, por el hecho de que hoy he terminado de leer el Dietario voluble de Vila-Matas y, casualmente (me encantan las casualidades en el ámbito de la palabra escrita), las últimas anotaciones tienen que ver con este autor francés.

Enésimo retorno

De nuevo retorno del olvido. Recuerdo que tengo un blog que se llama Octaedro, al que llevo la friolera de dos meses sin volver. Como me ocurre con frecuencia. Durante este tiempo he pensado en él, es cierto, pero no para volver a escribir, sino para cerrarlo. Cuando estoy tanto tiempo alejado de él, me entra la tentación de echar el cierre, borrar las entradas y dejar que el olvido se apodere de ese nombre, Octaedro. Y soy un iluso, lo sé, porque el olvido ya le ha afectado hace mucho tiempo. Los que en su dia lo siguieron, hoy ya no se acuerdan de que exista, y eso porque he cometido con frecuencia el único pecado que no se debe cometer en un blog: la falta de regularidad. Escribir, nunca he escrito demasiado aquí, pero ha habido épocas en que, al menos, había dos o tres anotaciones por semana. Durante otras, sin embargo, se ha producido un mutismo de meses. Así, claro está, no hay lectores que aguanten y las únicas visitas terminan siendo las que remite google.

He pensado cerrar Octaedro definitivamente. Está, por así decirlo, marcado por la inconstancia de su autor. Sería mejor olvidarlo y, dentro de un tiempo, cuando me apetezca, abrir un nuevo blog, con otro formato y otro planteamiento, un blog fresco, sin vicios adquiridos, sin mala fama. Que comenzara a recibir visitas desde el primer momento y se hiciera su huequecito en la blogosfera. Pero me he negado tal posibilidad. Aunque me gustaría que las estadísticas me produjeran emociones fuertes, la principal razón por la que escribo aquí (por establecer una, porque a veces no lo tengo nada claro) soy yo mismo, mis intereses, mis gustos, mi “vida interior” de lecturas y descubrimientos. Y para ello, no hay estadísticas que valgan. Así pues, voy a continuar escribiendo, pero ahora sin buscar nada con ello. No quiero figurar en los rankings, ni conquistar la fama bloguera. Solo aspiro a recoger aquí aquello que me interese y compartirlo, eso sí, con quien quiera. Si vuelvo a recibir visitas en un número apreciable, si hay comentarios en mis posts, será porque en alguna ocasión he logrado conectar con algún lector despistado que ha descubierto aquí algo que le ha interesado. Pero fundamentalmente voy a escribir para mí.

Agosto, sin embargo, es mal momento para volver. Las vacaciones muchas veces alejan de la red (no tengo conexión en el lugar en el que voy a pasar el resto de las vacaciones), así que es probable que no vuelva a haber ninguna anotación por aquí hasta septiembre. Pero entonces las habrá. Hablaré, por ejemplo, de Murakami, de quién he leído un par de libros este verano. Y si me es posible, tal vez me asome a mediados de mes para comentar algo.

Vivir

En ocasiones me vuelvo consciente de repente de que las cosas no son tan difíciles, que todo consiste en dejarse llevar y hacer aquello que tenemos que hacer como si lo hicieramos bien ya desde el principio. Vivir no es actuar, no hay que aprenderse previamente un papel y desempeñarlo sin equivocarse en una coma. Vivir es avanzar, aunque a nuestro paso se vayan quedando jirones, cuestiones sin resolver, tareas mal hechas o sin terminar. Hay que confiar en que, por mucho que dejemos a nuestro paso, lo que llevamos adelante es lo suficiente como para justificarnos, al menos ante nosotros mismos.

Nueva versión de Ubuntu

Tenemos nueva versión de Ubuntu (la 8.04, Hardy Heron). Me imagino que ya lo conocéis, que sabéis que se trata de una distribución de Linux que acerca al competidor de Windows (hasta ahora solamente para informáticos y frikis más o menos enterados) a los usuarios normales. Que es gratuito y tiene detrás una gran comunidad de gente dispuesta a echarte una mano (el portal hispano de Ubuntu, por ejemplo). Y que cada vez tiene más programas que son alternativa a los tradicionales para windows, gratuitos también.

¿Por qué os hablo de todo esto? Porque en mis dos ordenadores corre ubuntu (aunque mantengo una partición con windows, para poder ejecutar aquellos programas que me son necesarios y que, impepinablemente, solo funcionan en el entorno de Bill Gates) desde hace más de un año, y mi experiencia con este sistema ha sido fantástica. He tenido algunos problemas, pero nada que no haya podido solucionar con la ayuda de la gente que puebla los foros de ubuntu-es. Os lo cuento por si os sirve, por si estáis considerando la posibilidad de abandonar las puñetitas de windows y probar con este nuevo sistema que, poco a poco, va convirtiéndose en una alternativa perfectamente válida. Quizá uno de los argumentos de más peso que os pueda ofrecer es que en el universo linux no existen los virus (sí, habéis oído bien), como dice Enjuto Mojamuto en este video:

Vicio ya no tan solitario

Todo está cambiando, ya no hay vuelta atrás. La creación literaria ya no es el vicio solitario del escritor, se convierte en un espectáculo a la vista de todos. Internet, los blogs, la inmediatez que dan los nuevos medios tienen la culpa. Se puede escribir y leer casi al instante, ya no hace falta un trámite tan largo para que lo escrito llegue al lector. En Buenos Aires (ahora cubierto de humo) lo saben bien. Han organizado una jam session de escritores. Improvisación literaria frente al público lector. Con un portatil y un cañón van desgranando frases que los asistentes leen inmediatamente en la pantalla. Asisten al proceso de creación en directo, ven como el autor teclea a toda velocidad, como se detiene y borra una o dos frases, como los personajes y la historia van cobrando forma allí mismo, frente a ellos. Lo que antes hacía el autor en la más estricta soledad, ahora lo hace frente a todos. Hay que tener valor, de todas formas.

Desde la trastienda de la creación

Los libros y la red en Babelia

El suplemento cultural de El País, Babelia, tiene como tema principal hoy la revolución de internet en el mundo del libro. Explica cómo el mundo del libro, el más reticente hasta el momento en integrarse en la red, en aprovechar todas sus posibilidades, comienza a descubrir nuevas formas narrativas. Y, sobre todo, comienza a darse cuenta de que la escritura y la red no son enemigas, sino que están condenadas a entenderse. Les está costando. Todo eso de lo que hablan en El País ya es casi viejo en la red, pero, personalmente, siempre me alegro cuando alguna posibilidad de la red, algo que comienza a imponerse, a desarrollarse, salta a los medios de comunicación tradicionales. De hecho, creo que de un tiempo a esta parte ha dejado de mencionarse a internet exclusivamente en relación con la pederastia o el ciberterrorismo. Ahora también se habla de literatura. Es un avance.

Me voy de vacaciones. La semana que viene estaré alejado de la red, pero no de los libros (al menos, no del todo). Tal vez a la vuelta tenga material para retomar aquellos comentarios sobre mis lectura que hace tiempo que no hago.

(Por cierto, ¿alguien entiende esa obsesión que tiene El País por no enlazar? En los artículos que os comento se mencionan un montón de páginas web. Pues bien, no hay un maldito enlace. ¿Alguien entiende por qué?)

El escritor de ciencia-ficción

Ricardo Montiel se plantea la formación del escritor de ciencia-ficción. ¿Ha de ser un científico? ¿O tener al menos una formación científica? Parece ser que no, que en ocasiones basta con la disposición a adquirir los conocimientos que precisa mediante el trabajo duro, aceptando que, de entrada, tiene un handicap que otros autores con mejor formación no tienen. Montiel traduce un artículo del escritor norteamericano James Van Pelt en el que este concluye lo siguiente:

(…) un escritor de ciencia ficción es tal por su oficio y no tanto por su conocimiento científico; si un escritor es hábil podrá incluso superar obstáculos tan complejos como la barrera epistémica de la ciencia.

Montiel también se hace una interesante pregunta: ¿Por qué no hay más escritores reconocidos de ciencia-ficción dura no sajones, como si los hay en otros géneros?

Año de palabras

El comienzo del nuevo año me ha pillado alejado de la red y los ordenadores, pero creo que aún estoy a tiempo de felicitaros el año nuevo. Os deseo un buen año 2008, lleno de muchas lecturas, mucha, muchísima escritura y, sobre todo, mucho que compartir a través de los blogs y las redes sociales. En cuanto a los buenos propósitos de año nuevo, me quedo con los de José Antonio Millán, que no están en su mano, pero tal vez estén en la de todos. En concreto, con los dos siguientes:

que aumente la práctica de la lectura

que haya dispositivos lectores realmente útiles, abiertos y baratos

El primero tal vez sea más difícil, aunque todo es posible y tal vez muchos de los que ahora no leen descubran que leer es una magnífica forma de estar en el mundo. El segundo es una esperanza que abrigo desde hace mucho tiempo. Tal vez este sea el año definitivo, el año en que llegue por fin lo que podríamos llamar el ipod de los libros. Como cualquier lector que se precie, nunca abandonaré (lo prometo) los libros de papel, ni me desharé de mi biblioteca (al contrario, intentaré que siga creciendo poco a poco, libro a libro), pero tampoco desprecio la posibilidad de acceder a cualquier libro que necesite o anhele inmediatamente, sin tener que depender de si está agotado o no, si lo van a reeditar o no. Y no me parece que en ello halla contradicción alguna.

En fin, que el 2008 sea un año en el que tengamos más palabras (impresas o digitales) que nunca.

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