Archive for the 'general' Category

Los libros y la red en Babelia

El suplemento cultural de El País, Babelia, tiene como tema principal hoy la revolución de internet en el mundo del libro. Explica cómo el mundo del libro, el más reticente hasta el momento en integrarse en la red, en aprovechar todas sus posibilidades, comienza a descubrir nuevas formas narrativas. Y, sobre todo, comienza a darse cuenta de que la escritura y la red no son enemigas, sino que están condenadas a entenderse. Les está costando. Todo eso de lo que hablan en El País ya es casi viejo en la red, pero, personalmente, siempre me alegro cuando alguna posibilidad de la red, algo que comienza a imponerse, a desarrollarse, salta a los medios de comunicación tradicionales. De hecho, creo que de un tiempo a esta parte ha dejado de mencionarse a internet exclusivamente en relación con la pederastia o el ciberterrorismo. Ahora también se habla de literatura. Es un avance.

Me voy de vacaciones. La semana que viene estaré alejado de la red, pero no de los libros (al menos, no del todo). Tal vez a la vuelta tenga material para retomar aquellos comentarios sobre mis lectura que hace tiempo que no hago.

(Por cierto, ¿alguien entiende esa obsesión que tiene El País por no enlazar? En los artículos que os comento se mencionan un montón de páginas web. Pues bien, no hay un maldito enlace. ¿Alguien entiende por qué?)

Entradas relacionadas:

Resaca electoral y bibliotecas “vivas”

Hoy es día de resaca electoral. Y también es día de esperanza. No voy a ocultar mi satisfacción porque la derecha continúe en la oposición durante otros cuatro años, ni mi confianza en que esos años le hagan reflexionar y moderar su discurso. Tal vez, esa es mi esperanza, tengamos ahora una legislatura sin crispación, sin insultos ni conspiraciones absurdas, y podamos dejar de indignarnos cada vez que encendemos el televisor o recorremos en la red las páginas de los periódicos.

Y mientras nos recuperamos del empacho electoral, un interesante artículo de Manuel Rodríguez Rivero en El País: Leer por haber leído.

Según el historiador Anthony Grafton, y tal como calculan (un tanto perfunctoriamente, al parecer) los agentes digitalizadores de bibliotecas, el número de títulos publicados a lo largo de la historia podría oscilar entre 32 y 100 millones. Suponiendo que una persona corriente tardase cuatro días en leer un libro “de tamaño mediano” (para entendernos: ni El extranjero ni El hombre sin atributos, por citar sólo ejemplos narrativos), al cabo de una vida lectora de 65 años, sólo podría haber leído 5.931. En el fondo, una miseria.

Es balsámico darse cuenta de que por mucho que lo intentemos, nunca seremos capaces de leer todos los libros que hay que leer. Siempre tendremos lagunas, afortunadamente. Siempre habrá lecturas indispensables que podemos hacer, y disfrutar, en cualquier momento. Por eso, lo mejor como dice el autor de este artículo, es tener una biblioteca que sea más bien un proyecto de lectura. Es lo que yo siempre he llamado “tener una biblioteca viva”, una biblioteca en la que se agazapen libros no leídos, comprados con la intención de leerlos más adelante, y olvidados durante mucho tiempo hasta que son felizmente redescubiertos. No conozco placer mayor que recorrer mis estantes buscando algo que leer y tropezar con alguna joya que estaba esperando su momento. E ir poco a poco cubriendo algunas de esas lagunas.

Entradas relacionadas:

Largas ausencias y signos de puntuación

Disculpad esta larga ausencia: tengo últimamente ocupaciones urgentes que me alejan de Octaedro y de los blogs. De la lectura, también, aunque en menor medida. De hecho, en algún momento durante el último mes me he planteado incluso dar el carpetazo, dejar el mundo de los blogs para un momento más apropiado y regresar entonces con bajo otro nombre y con otro planteamiento. Pero me da pena; llevo demasiado tiempo con Octaedro como para cerrarlo ahora. Continuará abierto, por tanto. Eso sí, mi tiempo es ahora escaso, no leo tanto como antes ni visito el mismo número de blogs; así que, ante la disyuntiva de cerrar o no, me decanto por no hacerlo, pero con la condición de escribir anotaciones más espaciadas y más cortas que las que solía. En ocasiones incluso puede que me limite a dejar algunos enlaces de interés, junto con algún pequeño comentario.

Como éste que os voy a dejar hoy. Visitando Apostillas literarias (por donde no me dejo caer desde hace bastante tiempo) me encuentro con un interesante texto sobre el uso del punto y coma. Las peripecias del punto y coma, de Sandro Cohen, un texto en el que se reivindica este signo de puntuación y se explica su uso principal. Debo reconocer que yo no soy muy aficionado a su uso (sería interesante hacer una búsqueda en Octaedro para saber cuántos posts incluyen alguno) por culpa, imagino, de la gran inseguridad que siento a la hora de emplearlo. Pero la lectura del texto de Sandro Cohen me ha lanzado a intentar un par de ellos en el párrafo anterior. Vosotros diréis si están o no bien utilizados.

Entradas relacionadas:

  • No hay entradas relacionadas

Cuadernología

CuadernoLos cuadernos me llaman la atención. Me refiero a los cuadernos de notas personales, esos que se llevan en el bolsillo y que sirven para anotar lo que uno va descubriendo, lo que de repente le fascina o le intriga, aquello que merece la pena estudiar con detalle después. El cuaderno por excelencia es la Moleskine, que tiene su tribu de adeptos, pero hay muchos otros tipos que también pueden cumplir bien la función (es necesario investigar y rebuscar por papelerías). Durante una buena temporada los estuve usando, pero ahora tengo unos cuantos sin estrenar en una estantería de mi casa. Cada vez me cuesta más escribir a mano, mis vagabundeos “intelectuales” tienen cada vez más como escenario la pantalla de un ordenador. Siempre me ha costado mucho decidirme entre la escritura digital y la escritura a mano, y en los últimos tiempos ésta ha perdido terreno frente a aquella.

Todo esto viene a cuento de que he encontrado un sitio que me ha fascinado a bote pronto. Cuadernología, uno de los múltiples blogs de Roger Colom. Cuadernos personales, el mundo del cuaderno de bolsillo, de las anotaciones apresuradas y las reflexiones pausadas.

Entradas relacionadas:

El escritor de ciencia-ficción

Ricardo Montiel se plantea la formación del escritor de ciencia-ficción. ¿Ha de ser un científico? ¿O tener al menos una formación científica? Parece ser que no, que en ocasiones basta con la disposición a adquirir los conocimientos que precisa mediante el trabajo duro, aceptando que, de entrada, tiene un handicap que otros autores con mejor formación no tienen. Montiel traduce un artículo del escritor norteamericano James Van Pelt en el que este concluye lo siguiente:

(…) un escritor de ciencia ficción es tal por su oficio y no tanto por su conocimiento científico; si un escritor es hábil podrá incluso superar obstáculos tan complejos como la barrera epistémica de la ciencia.

Montiel también se hace una interesante pregunta: ¿Por qué no hay más escritores reconocidos de ciencia-ficción dura no sajones, como si los hay en otros géneros?

Entradas relacionadas:

Borges precursor

La idea de Borges como precursor intelectual de la red no es nueva. El maestro argentino, un hombre conservador, clásico en las formas, dio a luz a una serie de ideas que están extrañamente conectadas con internet y con el concepto de hipertexto. Jorge Gómez Jiménez habla de ello en este post, donde menciona las obras de Natalie Bookchin (autora de un videojuego basado en una obra del autor) y Perla Sassón-Henry, que muestra en su obra Borges 2.0: From Text to Virtual Worlds algunos ejemplos de textos borgianos en los que se recogen conceptos precursores de algunas de las cosas que hoy son comunes en la red. La conclusión del post de Jorge Gómez Jiménez es una de esas ideas que nos dejan pensativos y con la intuición de que hay algo mucho más profundo, algo cuyo alcance aún no somos capaces de captar por completo, en este mundo tecnológico en el que nos movemos.

Borges no es pionero del hipertexto; es, sí, uno de sus más notables intérpretes. El hipertexto está en Borges, pero lo está en cuanto Borges es humano. El hipertexto está en nosotros: nunca requirió de computadoras para vivir su vida de laberinto, la versión orgánica es perfecta y millones de veces más rápida y versátil que la electrónica, y siempre se le conoció por el nombre más amable de pensamiento.

(Vía Libro de Notas)

Entradas relacionadas:

Concurso filosofía y literatura

Miguel ha lanzado su segundo concurso filosófico. Si en la edición del año pasado el tema era la relación entre filosofía y cine, en ésta hablamos de filosofía y literatura. Todos los participantes deberán escoger cinco obras de cualquier género literario que tengan alguna relación con la filosofía. Puede ser que el autor introduzca digresiones de tipo filosófico en la corriente del relato o que de las situaciones o los personajes emane algún tipo de filosofía. Eso si estamos hablando de novela o teatro, porque también vale la poesía. Como veis, el tema nos toca muy de cerca, así que no puedo por menos que mencionarlo aquí y animaros a pasar por su página y participar. El premio, un libro, y la satisfacción de participar en la creación de una lista de obras literarias con trasfondo filosófico que a todos nos puede venir bien conocer.

Entradas relacionadas:

Los diarios de Hélène Berr

La premisa del mercado editorial, como la de cualquier otro mercado, es vender. Hasta ahí no hay nada que objetar. Y esa premisa produce, en muchas ocasiones, auténticos engendros con forma de libro y lujosamente editados que regalar a los amigos en navidades. Pero no siempre es ese el camino seguido para cumplir con la premisa. En ocasiones se practica otro que, a priori, parece más prometedor: lo que podríamos llamar el desenterramiento o el desempolvamiento (palabro) de textos interesantes de autores desconocidos o, simplemente, de textos privados que no tenían como finalidad darse a conocer. Y hay un tema en relación con el cual está práctica produce cosas muy interesantes: la segunda guerra mundial, en concreto todo lo relacionado con el holocausto de los judíos. La experiencia personal de los que sufrieron los campos de exterminio y volvieron para contarlo, o de quienes no volvieron pero dejaron consignada su experiencia por escrito, es ahora un filón para los editores. Y lo es porque, como lectores, nos interesa. Personalmente, han pasado por mis manos unos cuantos libros que tienen como tema este brutal episodio de la historia europea. Si esto es un hombre, de Primo Levi; Sin destino, de Imre Kertész; y más recientemente un curioso libro que tenía deseos de leer hace tiempo y que presenta estas vivencias desde el punto de vista psicológico: El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl.

Ahora se desentierran los diarios de Hélène Berr, una chica francesa, hija de un industrial, que no escribía para el mundo, sino para su novio, Jean Morawiecki. Hélène provenía de una familia judía y, como tal, fue deportada por las autoridades colaboracionistas durante la ocupación nazi. Tanto ella como sus padres murieron en los campos de exterminio de Auschwitz y Bergen-Belsen. Paradójicamente, su novio se enroló en la resistencia y más tarde participó en la liberación de esos mismos campos en los que había fallecido su novia y toda su familia. Durante dos años, los peores años de la guerra mundial, escribió un diario secreto destinado a su novio en el que hablaba de la irracionalidad en la que se encontraba inmersa, del horror por venir y del único afán de los nazis:

Pero no hay nada que reflexionar, pues los alemanes no buscan ni razón ni utilidad. Tienen un objetivo: exterminar.

Pero no solamente es la experiencia de los judíos durante la segunda guerra mundial, sino ésta en sus múltiples aspectos, la que interesa a editores y lectores. Me vienen a la cabeza ahora otros libros relacionados con el tema. Una mujer en Berlín, por ejemplo, de autora anónima, que narra las violaciones masivas que sufrieron las mujeres alemanas cuando Berlón cayó en manos de los soviéticos. O Suite francesa, de Irène Némirowski, en la que la experiencia ahora es de las mujeres francesas (mucho menos traumática que la de las alemanas, todo hay que decirlo) en su relación con los ocupantes nazis. En todo caso, es un tema sobre que aún se puede hablar (y leer) mucho.

Entradas relacionadas:

Lectura electrónica

Parece que desde la aparición del kindle de Amazon el tema de los libros digitales se está poniendo de moda. Cada vez me lo encuentro en más lugares: medios de comunicación digitales, foros, blogs. Da la impresión de que este nuevo aparato supone una especie de pistoletazo de salida para comenzar a reflexionar sobre el futuro de los libros. O para comenzar a fantasear sobre lo que podría llegar a ser la lectura digital. Como hace este curioso vídeo. Está en francés , pero no hace falta entender el idioma para comprender lo que sus autores nos quieren contar.

(vía Apostillas literarias)

Entradas relacionadas:

Año de palabras

El comienzo del nuevo año me ha pillado alejado de la red y los ordenadores, pero creo que aún estoy a tiempo de felicitaros el año nuevo. Os deseo un buen año 2008, lleno de muchas lecturas, mucha, muchísima escritura y, sobre todo, mucho que compartir a través de los blogs y las redes sociales. En cuanto a los buenos propósitos de año nuevo, me quedo con los de José Antonio Millán, que no están en su mano, pero tal vez estén en la de todos. En concreto, con los dos siguientes:

que aumente la práctica de la lectura

que haya dispositivos lectores realmente útiles, abiertos y baratos

El primero tal vez sea más difícil, aunque todo es posible y tal vez muchos de los que ahora no leen descubran que leer es una magnífica forma de estar en el mundo. El segundo es una esperanza que abrigo desde hace mucho tiempo. Tal vez este sea el año definitivo, el año en que llegue por fin lo que podríamos llamar el ipod de los libros. Como cualquier lector que se precie, nunca abandonaré (lo prometo) los libros de papel, ni me desharé de mi biblioteca (al contrario, intentaré que siga creciendo poco a poco, libro a libro), pero tampoco desprecio la posibilidad de acceder a cualquier libro que necesite o anhele inmediatamente, sin tener que depender de si está agotado o no, si lo van a reeditar o no. Y no me parece que en ello halla contradicción alguna.

En fin, que el 2008 sea un año en el que tengamos más palabras (impresas o digitales) que nunca.

Entradas relacionadas:

« Página anteriorPágina siguiente »