Largas ausencias y signos de puntuación
Disculpad esta larga ausencia: tengo últimamente ocupaciones urgentes que me alejan de Octaedro y de los blogs. De la lectura, también, aunque en menor medida. De hecho, en algún momento durante el último mes me he planteado incluso dar el carpetazo, dejar el mundo de los blogs para un momento más apropiado y regresar entonces con bajo otro nombre y con otro planteamiento. Pero me da pena; llevo demasiado tiempo con Octaedro como para cerrarlo ahora. Continuará abierto, por tanto. Eso sí, mi tiempo es ahora escaso, no leo tanto como antes ni visito el mismo número de blogs; así que, ante la disyuntiva de cerrar o no, me decanto por no hacerlo, pero con la condición de escribir anotaciones más espaciadas y más cortas que las que solía. En ocasiones incluso puede que me limite a dejar algunos enlaces de interés, junto con algún pequeño comentario.
Como éste que os voy a dejar hoy. Visitando Apostillas literarias (por donde no me dejo caer desde hace bastante tiempo) me encuentro con un interesante texto sobre el uso del punto y coma. Las peripecias del punto y coma, de Sandro Cohen, un texto en el que se reivindica este signo de puntuación y se explica su uso principal. Debo reconocer que yo no soy muy aficionado a su uso (sería interesante hacer una búsqueda en Octaedro para saber cuántos posts incluyen alguno) por culpa, imagino, de la gran inseguridad que siento a la hora de emplearlo. Pero la lectura del texto de Sandro Cohen me ha lanzado a intentar un par de ellos en el párrafo anterior. Vosotros diréis si están o no bien utilizados.
