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La polémica del Planeta

Y continúa la polémica del Planeta. Juan Marsé ha tirado de la manta y ha dejado al descubierto lo que todos sabíamos que había debajo: mercancía pura y dura, marketing, gente guapa que sale en la tele con un letrero debajo que dice “escritor” o “escritora”. Pero libros, literatura, de eso no hay. El florido byte dice que ya casi no hay nada que leer, que las librerías, las librerías de verdad, están cerrando y que quienes amamos los libros ya casi no encontramos libros que leer. Quedan las bibliotecas, claro está, y la propia, esa que uno ha ido construyendo durante años.

Me llaman la atención unas palabras de Juan Benet que menciona el florido byte. Que los libros deberían publicarse de forma anónima, con un código de barras a lo sumo, se le ocurrió decir. ¡Hombre, ya! ¿Y la propiedad intelectual, qué?

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El prêt-á-porter de la literatura

“Ocurre, simplemente, que estoy un poco harto de novelas insustanciales con premio o sin premio que ocupan tanto espacio mediático en perjuicio de otras con empeños más honestos y ambiciosos, pero que apenas les dejan espacio para respirar. Sé que esto tiene difícil arreglo, que así está el mercado, que el cotarro cultural y mediático es el que tenemos y que responde a intereses y bolsillos que tienen muy poco que ver con la literatura según yo la entiendo, pero en cualquier caso yo me niego a dar gato por liebre, ya sea como miembro del jurado en un concurso literario o como simple ciudadano al que le piden una opinión sobre un libro”.

“Me gustaría añadir lo que ya dije una vez en relación con la literatura de ficción, tal como hoy se nos vende, en tanto premios: que es una literatura que se asemeja cada vez más al mundo del prêt-á-porter, y que el verdadero reto para un escritor actual no es entrar en ese mundo, sino ser capaz de rechazarlo”.

Juan Marsé, exmiembro del jurado del premio planeta.

Creo que nadie se llama a engaño, que todos sabemos que hace tiempo que la literatura (y la música y el cine) se está conviertiendo sólo en una mercancía. Que cada vez cuenta menos la calidad y más “el entretenimiento”. Pero lo malo de las cosas que se dan por sabidas y nadie dice en voz alta es que parecen no existir. De vez en cuando es bueno verbalizar una determinada situación porque, aunque creamos conocerla, en realidad es entonces cuando nos la planteamos en toda su amplitud.

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Sin pelos en la lengua

Juan Marsé se atrevió a decir el otro día lo que todos sospechábamos hacía años: que el premio Planeta está más relacionado con el mundo de las bambalinas, los medios de comunicación y la gente guapa, que con la auténtica literatura. Rompió con eso que se ha dado en llamar la corrección política en plena entrega de los premios y soltó, sin cortarse lo más mínimo, sin suavizarla, la opinión que le merecían las dos novelas ganadoras, que no pudo ser más contundente. Bien por él, bien por todo aquel que se atreve a denunciar imposturas como la de este premio literario. También Miguel Delibes denunció en su momento el “tongo” del Planeta, que le habían ofrecido ganar sin tener siquiera una novela preparada para presentar.

No tengo tiempo de nada más. Os dejo los enlaces sobre el premio para que juzgueis vosotros mismos.

Marsé, una exigente oveja negra
El «Planeta» de la discordia

Actualizando casi a la hora de comer:

Antonio Galvez también habla sobre el tema y despotrica (con toda la razón) contra la autocomplacencia literaria y lectora que nos rodea. Completamente de acuerdo con sus palabras.

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El escalón intermedio de la lectura

Ayer Carmen Calvo, nuestra querida ministra de cultura, dijo algo en relación con el canon que, si se cumplen los planes de la Unión Europea, deberán pagar las bibliotecas en concepto de derechos de autor. Dijo una cosa muy buena, seguro que a todos nos lo parece, y es que el gobierno “se esforzará” porque el canon no repercuta en los ciudadanos. Se esforzará. Más le vale, porque si no, ya puede echar el cierre a las bibliotecas públicas y buscarles otros puestos a los esforzados bibliotecarios. Pero no hay cuidado, el gobierno “se esforzará”.

Pero no solamente dijo eso, también dijo otra cosa interesante. La copio aquí:

La ministra de Cultura, que residió varios años en la localidad extremeña, defendió el papel que desempeñan las bibliotecas como ‘puertas del conocimiento’ y advirtió del ‘peligro que significa Internet saltándonos el escalón intermedio de la lectura‘.

A veces me pregunto de dónde han podido salir estas personas. ¿Alguna vez la señora ministra se ha asomado a internet? Supongo que sí, que como es la responsable de un área como la de cultura, tendrá que estar al día de todo lo que esté relacionado con la misma. ¿O tal vez es que piensa que la red no tiene ni por asomo nada que ver con lo que ella gestiona? Quizá son sus asesores los que navegan por la red y la tienen completamente engañada. El peligro que significa internet saltándonos el escalón intermedio de la lectura. Sorprendida se quedaría si supiera lo que uno lee diariamente en la red, lo que podría leer si tuviera tiempo para ello. Y sin dejar de leer libros de los de toda la vida. Pero está claro que eso para ella no es leer, leer debe ser lo que viene después de adquirir un libro, lo otro seguro que se parece a piratear. Ah, y si tan convencida está de que las bibliotecas son “las puertas del conocimiento” que se aplique un poco más en conseguir que la entrada por esas puertas sea libre, que no sé yo si acabaremos teniendonos que sacar un bonolibro para preparar un examen o buscar información en una biblioteca.

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Aterrorismar

Poco a poco, casi sin darnos cuenta, vamos perdiendo nuestras libertades, va comenzando a imperar un modo de pensamiento funesto en el que lo irracional prevalece. Aterrorismar es el nuevo término que ha acuñado Emilio Lledó.

(Llego a través de Libro de Notas)

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Googlenet

En la anotación del pasado miércoles comentaba la aparición de un nuevo servicio de Google, el buscador de blogs. Era sólo uno más de los pasos que la compañía, empresa o lo que sea Google da en una dirección que yo, al menos, no tengo muy clara. Ahora un poco más, después de leer este artículo de Infobae. Si alguien sabe de esto, ¿tenemos motivos para inquietarnos o es todo lo contrario, nos están preparando un festín al que todos estamos invitados? Hasta ahora la actitud de Google ha sido ligeramente diferente a las de otros gigantes de la informática, pero no sé si ésto obedece a una estrategia absolutamente revolucionaria en el mundo de la red, o es que algo está cambiando a nuestro alrededor. Ahí teneis los comentarios, por si hay alguien dispuesto a aclarar mis dudas.

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Yahoo y la hipocresía

¿No fue éste el mismo argumento que emplearon quienes fueron acusados de colaborar con los nazis después de la Segunda Guerra Mundial, que se habían limitado a cumplir las leyes? ¿No fue algo parecido (obediencia debida) lo que dijeron muchos militares argentinos cuando se les acusó de colaborar en la brutal represión de la disidencia política? Por qué será que este argumento me repugna, igual que me repugna la actitud hipócrita que ha venido manteniendo el poder político y económico mundial ante China. O tal vez es que el comunismo, esa bestia parda contra la que todas las democracias occidentales han luchado y siguen luchando (léase Cuba y el castrismo), es menos malo cuando va acompañado de liberalismo económico y de grandes posibilidades de negocio.

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La atención, un bien con valor económico

Uno de los temas que más me interesan, como buen usuario de la red, es la polémica entre la defensa de los llamados “derechos de autor” y las posibilidades que ofrecen internet y las tecnologías que permiten la copia de los “productos” culturales. El famoso plan antipiratería del gobierno, las quejas de sociedades tipo SGAE, me han llevado a temer que un día se terminaría esta magnífica forma de acceder a la cultura, de compartir cultura, que es la red. Pues, bien, en el contexto de mi interés por este tema, descubro un nuevo concepto que me aclara, en parte, el significado de lo que está naciendo en la red y que muchos se empeñan en matar antes de que comience a dar sus primeros pasos: la economía de la atención.

El asunto es muy sencillo. La red tiene vocación de inmensidad. Millones de páginas, miles de millones de páginas. Y cada día va creciendo a un ritmo imparable. En este preciso momento, lo importante no es la información que hay en la red, lo importante es la capacidad de encontrar esa información. Esto no es nada nuevo, es ahí donde se fundamenta el imperio que poco a poco va creando Google. En este inmenso mar de palabras el reto es ser encontrado. Para que una empresa, o una persona, puedan lograr que sus clientes lleguen hasta ellos, deberán multiplicar todo lo posible su presencia en la red. De ahí que en la nueva economía digital sea más importante regalar nuestros contenidos que cobrar por ellos. Permitir la copia masiva de los mismos, que tratar de venderlos en un soporte material que ya no tiene casi sentido en un mundo digital. ¿Y la remuneración del autor? Está por ver, de momento, en el mundo digital que se está gestando, parece ser la atención. Prestigio, la atención de hipotéticos lectores, espectadores, clientes. La remuneración es existir para ellos, tener presencia en la red. Puede que esa remuneración se traduzca en dinero en el futuro, a través de la publicidad, pero por el momento el mecanismo no está implantado.

Pepe Cervera lo explica con mucha más claridad, sin duda, en estos artículos:
216 segundos…
Incomprensión del futuro
Economía IP y el fin de la dicotomía ocio/negocio

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LSSI: criminalizando al consumidor

Todos estos señores, de los cuales sólo conozco a uno, Caco Senante (recuerdo vagamente algún tema suyo), ¿a quién representan en realidad? Me imagino que a la industria, porque dudo que sea a los auténticos autores. En todo este tema se echa de menos la opinión de los autores, no representantes de asociaciones y organizaciones que no sabemos a quién asocian y a quién organizan. Si de lo que se trata es de proteger a los autores, por qué ellos no opinan, por qué no son ellos los firmantes de los manifiestos. Por poner un caso, y así, a bote pronto, qué piensan Joaquín Sabina, La Oreja de Van Gogh, Amaral, Alaska (aunque su opinión ya la conocemos en parte), Alejandro Sanz (creo que la suya también la conocemos ya)….

Un momento, un momento. Sí han hablado, sí han dicho cosas. En esta página de noticiasdot se recogen algunas de las opiniones que han vertido en torno al tema. De acuerdo, sí han hablado y la mayoría lo ha hecho en contra. De todas formas sigo echando en falta una manifestación de todos ellos más, diríamos, “oficial”, una postura común ante la nueva ley que el gobierno está preparando. Qué digan, por ejemplo, si me consideran un ladrón por pedir alguna vez un disco a un amigo y grabármelo (cosa que todos hemos hecho en la gloriosa época de los cassettes). Porque hay una confusión interesada en todo este tema. El top manta es una industria paralela que produce beneficios a alguien. Los discos se venden, hay ánimo de lucro. Creo que está justificado que el estado lo persiga e intente terminar con él. Porque además es, en realidad, lo que daña a la industria cultural. Lo otro, el bajarse música o películas de internet, el copiar discos que nos dejan los amigos, es distinto. No hay ánimo de lucro, la mayoría de la gente no es capaz de hacerlo sin demasiado esfuerzo, por lo que alguien no acostumbrado a la red generalmente prefiere comprar los discos a tener que buscarlos. Los que se los bajan son una minoría que, además, no suele buscar los éxitos del momento, sino discos “raros” y muchas veces inencontrables en las tiendas.

Más cosas: la tecnología existe. Por muchas leyes que se aprueben, por muchos manifiestos que firmen la SGAE y asociaciones como ella, la tecnología va a continuar existiendo. ¿De verdad se pretende mandar a alguien a la carcel por usar una tecnología perfectamente legal? Habrá que buscar una forma de hacer las cosas, de que nadie salga perdiendo demasiado en todo este tinglado. Porque todo este tema está tomando un cariz que no beneficia a nadie, ni a los consumidores, ni a los propios autores.

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La cultura ya no es lo que era

Publicar una novela en internet estaba bien, era una buena idea. Escribirla directamente a través de un blog, también. Pero poner a un escritor frente a una webcam para que todos veamos como “piensa” y escribe su novela no deja de parecerme una excentricidad. Es, ni más ni menos, convertir al autor en un mono de feria, en un espectáculo más. Porque aquí lo que menos importa es la novela, el texto. Es un paso más en la banalización de la cultura, en la conversión de esa cultura en una industria que necesita del espectáculo para vender más y mejor. Tal vez por eso una de las cuestiones que preocupan al gobierno a la hora de poner en marcha su “batería” de medidas contra la piratería es determinar “cuál es el montante de lo que la Hacienda Pública, es decir todos, estamos dejando de ingresar por mor del fraude a los derechos de propiedad intelectual”. No estudiar los perjuicios morales que hipotéticamente produce la piratería a los autores de la cultura, no determinar en qué medida la existencia de la piratería pueda poner en peligro la creación de más cultura. No. Es la pela lo que preocupa. Lo que el Estado deja de ingresar (el gobierno se está sgaeizando, miedo me da). Es decir, definitivamente, la cultura ha dejado de ser eso que algunos ilusos creíamos que era.

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