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Los ojos de Julia

Los ojos de juliaBuscando inspiración para escribir algo sobre la película de Guillem Morales he aprendido una nueva palabra: giallo. La wikipedia dice que es un subgénero cinematográfico de origen italiano que deriva del cine de terror y del thriller. El origen de la palabra estaría en el amarillo (giallo significa amarillo en italiano) de una popular colección de novelas policiacas editadas por Mondadori en los años 30. La mayoría de las películas encuadradas en ese subgénero se habrían producido entre los años 60 y los 80. A algunos puede que os suene Mario Bava o Dario Argento, el iniciador y el finalizador (rodó en 1982 Tenebrae, considerada la última película del género), respectivamente, del subgénero. Si quereis saber más, en Pasadizo lo explican con más detalle.

Pues bien, parece ser que Los ojos de Julia sería una especie de giallo tardío y español, aunque yo, personalmente, no encuentro en ella algunas de las marcas de fábrica que caracterizaban el subgénero italiano. Sobre todo en lo que se refiere al erotismo, omnipresente en los filmes italianos. La violencia extrema (para la época) sí que aparece, aunque en la escena que a mí me resulta más ridícula de toda la película. Por si no la habéis visto, os diré que me refiero a la forma en la que muere uno de los personajes, directamente extraida del mundo del terror para adolescentes.

Personalmente, la película no me ha gustado. No demasiado. Sobre todo después de haber visto a Belén Rueda en El orfanato me esperaba algo más. El argumento parte de una idea interesante, relativo al carácter del personaje que encarna el mal: alguien obsesionado por su insignificancia social hasta el punto de creer que lo hace invisible. Pero el guión pronto hace aguas y se convierte en algo previsible y absurdo a ratos.

Hay un momento que salvaría, junto con la interpretación de Belén Rueda y Lluis Homar, que resulta fantástica. Y es el encuentro de la protagonista con las mujeres ciegas en la ducha mientras están hablando de su propia hermana. Es uno de esos momentos de escalofrio que luego recuerdas cuando hace ya mucho tiempo que has olvidado el resto de la película. Un momento como el del niño recorriendo en triciclo los pasillos de un hotel vacío en El resplandor. Es por esos momentos por los que me gusta el cine de terror.

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La vuelta del cine de terror

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Desde hace algún tiempo me siento de enhorabuena. Por una razón muy tonta: el cine de terror vuelve a estar de moda. Colecciono (más bien grabo lo que puedo) películas del género y hasta ahora sólo había podido verlas en el salón de mi casa, de madrugada, cuando el resto de mi familia descansa. Ahora las puedo ver en la pantalla grande, lo cual es un lujo, pero no es eso lo que más me importa, sino que ya no tengo la sensación de ser una especie de mutante aficionado a las más extrañas aberraciones. Ahora sé que mi afición es compartida, al menos por los productores de Hollywood, lo cual me reconforta algo.

Sin embargo, las últimas que he visto y disfrutado no provienen de aquel lugar, sino de otros tan exóticos como Japón o Hong Kong. Son tres películas que me han sorprendido, sobre todo porque han logrado que vuelva a creerme algo tan manido como las apariciones de fantasmas. Ringu (o The ring), Dark Water y The eye (que es la de Hong Kong) no son películas de casquería o de asesinato de adolescentes, sino de eso, de fantasmas. Y su virtud es, precisamente, que la aparición de una figura surgiendo de la pantalla del televisor (Ringu) no resulta ridícula, como si me resultaría, sospecho, si la película fuera de la serie de Screem y similares.

Ringu tiene una versión made in hollywood y puede que las otras lleguen a tenerla, si no la tienen ya. Pero no me interesa demasiado verlas. Sobre la de Ringu me han dicho quienes la han visto que es mucho más efectista, que da más miedo, por decirlo claramente. No lo dudo, pero me quedo con el tempo más pausado de los japoneses, con la parquedad de sus diálogos y con sus apariciones fantasmales, más creibles (para mí) precisamente por su ausencia de efectismo.

Sobre The eye hay que hacer una matización. Y es que el final desdice del resto de la película. Da la impresión que los hermanos Pang se recrearon en esas imágenes impagables (sobre todo las del hospital, cuando la protagonista acaba de recuperar la vista y aún no es capaz de determinar si esas extrañas imágenes pertenecen o no a la realidad), pero luego, con la película cerca de su final, decidieron que había que hacer algo para ganarse el mercado norteamericano. Es la única explicación que se me ocurre para ese final tan apocalíptico que tan poco tiene que ver con el resto de la película y que a punto está de estropearla.

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