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Los libros y la red en Babelia

El suplemento cultural de El País, Babelia, tiene como tema principal hoy la revolución de internet en el mundo del libro. Explica cómo el mundo del libro, el más reticente hasta el momento en integrarse en la red, en aprovechar todas sus posibilidades, comienza a descubrir nuevas formas narrativas. Y, sobre todo, comienza a darse cuenta de que la escritura y la red no son enemigas, sino que están condenadas a entenderse. Les está costando. Todo eso de lo que hablan en El País ya es casi viejo en la red, pero, personalmente, siempre me alegro cuando alguna posibilidad de la red, algo que comienza a imponerse, a desarrollarse, salta a los medios de comunicación tradicionales. De hecho, creo que de un tiempo a esta parte ha dejado de mencionarse a internet exclusivamente en relación con la pederastia o el ciberterrorismo. Ahora también se habla de literatura. Es un avance.

Me voy de vacaciones. La semana que viene estaré alejado de la red, pero no de los libros (al menos, no del todo). Tal vez a la vuelta tenga material para retomar aquellos comentarios sobre mis lectura que hace tiempo que no hago.

(Por cierto, ¿alguien entiende esa obsesión que tiene El País por no enlazar? En los artículos que os comento se mencionan un montón de páginas web. Pues bien, no hay un maldito enlace. ¿Alguien entiende por qué?)

El mundo editorial

Mabalot me descubre, en los comentarios a mi post anterior (el comienzo de un relato que algún día finalizaré) un blog que ya desde el primer vistazo me resulta fascinante. Como su propio autor dice, no importa quién es, sólo lo que es capaz de contarnos. Y lo que nos cuenta es el mundo editorial, lo que subyace bajo el aspecto fascinante de los libros que pueblan los estantes de nuestra librería favorita. El mundo editorial no es, exactamente, el mundo de la escritura, ni el de la literatura con mayúsculas. Es el transfondo comercial de ambas. Es un mundo en el que hay otras connotaciones además de las meramente literarias. En algunos casos, es un mundo semejante a muchos otros mundos comerciales. Pero tal vez por eso resulta tan interesante. A los que escriben y desearían publicar, porque es bueno conocer con quién se va a jugar uno los cuartos. A los demás, porque ese conocimiento, de alguna manera, baja a los escritores de los pedestales en los que los hemos situado y, a veces, nos da la impresión de que el libro es un producto más. En fin, el blog es sumamente interesante. Su título, muy descriptivo: Miserias literarias. El anonimato de su autor lo rodea de un cierto misterio también muy atrayente.

Ah, por cierto. Feliz año nuevo. 365 (ya 362) días recién desenvueltos.

Julián Marías

Mientras tanto el padre republicano y vetado ha sido más bien ignorado por esta etapa democrática, por los herederos de Julián Besteiro. No ha tenido reconocimientos oficiales, igual que en tiempos de Franco. Ni siquiera un mísero Premio Nacional de Ensayo, que se ha otorgado hasta a autores noveles con obras más bien escolares. Nada de esto es grave, no creo que al padre le importe mucho. Pero el hijo ha tenido que escuchar muchas sandeces en boca de imbéciles y de malvados. En otro periódico ha escrito una semblanza pacífica. El hijo se disculpa por hacer hoy público en este su resentimiento.

Ayer murió Julián Marías. Hace once años, su hijo Javier escribió estas palabras en El País. Bueno, estas y muchas más.

Amazon y los ebooks

Creo que lo que puede funcionar razonablemente bien para la música, no tiene por qué hacerlo para los libros. Ante el avance de Google Print y de los proyectos de Microsoft para la digitalización de libros, Amazon entra en liza con la intención de convertirse en el iTunes de los libros. A diferencia de los otros dos proyectos, la intención de Amazon es cobrar por la descarga de libros, de la misma forma que lo hace Apple en el ámbito de las descargas musicales. Vuelvo a decir que no le veo futuro. En el caso de la música hay dispositivos que permiten utilizarla de la misma forma que la música comprada a través de los canales tradicionales (es decir, en soporte físico). Esos dispositivos no existen en el ámbito de la lectura, o al menos no están muy popularizados. Los ebooks pueden funcionar siendo gratuitos, pero ante la disyuntiva de comprar un libro digital o uno de papel, creo que la mayoría se decantaría por la segunda opción. Incluso aunque la diferencia de precio fuera muy significativa. No existe (al menos yo no lo conozco) un dispositivo lo suficientemente versatil para leer una novela digital. La lectura en pantalla puede ser adecuada para un artículo no demasiado largo, pero no para una novela. Así que si hay que pagar, al menos yo prefiero hacerlo por una de papel.

La polémica del Planeta

Y continúa la polémica del Planeta. Juan Marsé ha tirado de la manta y ha dejado al descubierto lo que todos sabíamos que había debajo: mercancía pura y dura, marketing, gente guapa que sale en la tele con un letrero debajo que dice “escritor” o “escritora”. Pero libros, literatura, de eso no hay. El florido byte dice que ya casi no hay nada que leer, que las librerías, las librerías de verdad, están cerrando y que quienes amamos los libros ya casi no encontramos libros que leer. Quedan las bibliotecas, claro está, y la propia, esa que uno ha ido construyendo durante años.

Me llaman la atención unas palabras de Juan Benet que menciona el florido byte. Que los libros deberían publicarse de forma anónima, con un código de barras a lo sumo, se le ocurrió decir. ¡Hombre, ya! ¿Y la propiedad intelectual, qué?

Sin pelos en la lengua

Juan Marsé se atrevió a decir el otro día lo que todos sospechábamos hacía años: que el premio Planeta está más relacionado con el mundo de las bambalinas, los medios de comunicación y la gente guapa, que con la auténtica literatura. Rompió con eso que se ha dado en llamar la corrección política en plena entrega de los premios y soltó, sin cortarse lo más mínimo, sin suavizarla, la opinión que le merecían las dos novelas ganadoras, que no pudo ser más contundente. Bien por él, bien por todo aquel que se atreve a denunciar imposturas como la de este premio literario. También Miguel Delibes denunció en su momento el “tongo” del Planeta, que le habían ofrecido ganar sin tener siquiera una novela preparada para presentar.

No tengo tiempo de nada más. Os dejo los enlaces sobre el premio para que juzgueis vosotros mismos.

Marsé, una exigente oveja negra
El «Planeta» de la discordia

Actualizando casi a la hora de comer:

Antonio Galvez también habla sobre el tema y despotrica (con toda la razón) contra la autocomplacencia literaria y lectora que nos rodea. Completamente de acuerdo con sus palabras.

Adiós a eDonkey

eDonkey lo deja. “Tira la toalla”, como ellos mismos dicen. Indudablemente, es una victoria para los defensores del copyright tradicional, pero creo que una victoria limitada. Con Napster ocurrió lo mismo y el intercambio de ficheros por la red no ha desaparecido, más bien al contrario. El hueco que deje eDonkey lo ocupará otro, y el intercambio de contenidos en internet continuará. Por mucho dinero que tengan las productoras y distribuidoras de la industria cultural, no se puede luchar contra una realidad que no va a dejar de existir, una realidad que es incuestionable: los modos de transmisión de la cultura están cambiando, el papel de las grandes corporaciones intermediarias comienza a dejar de tener sentido. Se puede inundar los tribunales de demandas, muchas de ellas incluso se podrán ganar. Pero a la larga, pienso, el sentido común prevalecerá.

Opiniones

Me han resultado interesantes las reflexiones que se hace Víctor Ruiz sobre lo que él llama “el argumento de autoridad” y yo simplemente diría que es la pereza a la que nos abandonamos con demasiada frecuencia, fomentada también, como no, desde los medios de comunicación. Es cierto que en muchos asuntos es difícil conseguir la información adecuada, incluso comprenderla en toda su complejidad, y que la única opción que tenemos a la hora de formarnos una opinión es confiar en la de alguna persona a la que consideremos entendida en la materia. Pero lo que ocurre, creo yo, es que cada vez hacemos eso más, cada vez nos fiamos más de lo que nos dicen y nos cuesta más trabajo reflexionar por nuestra cuenta incluso en los temas que nos son asequibles.

Y además, se me ocurre, ¿por qué es necesario tener una opinión sobre todos los temas? ¿No puede uno simplemente decir que no ha considerado aquello que le preguntan y que aún no se ha hecho una opinión? Parece ser que no, que uno siempre debe adoptar una postura, aunque no comprenda ni lo más mínimo del problema de que se trate. Porque para eso, para hablar, no tenemos ninguna pereza.

Pero mejor leer la entrada de Víctor Ruiz. Y los comentarios, que son bastante interesantes.

El manifiesto francés

La lógica, que aquí combate con tanta virulencia la SGAE, comienza a imponerse en Francia. Aquí aún no hemos llegado al punto de juzgar y condenar a internautas por bajarse música de la red mediante el P2P, pero a juzgar por los planes del gobierno para cambiar la ley, el momento llegará. Habrá que ver entonces si los creadores españoles (esos mismos que se han reunido para pedir al gobierno que reactive la cultura) reaccionan de la misma forma que sus compañeros franceses.

Auschwitz

Auschwitz
Anoche por fin pude ver el documental de la BBC sobre Auschwitz que emitió Televisión Española el pasado domingo (gracias a ese maravilloso aparato que poco a poco va quedando arrinconado, el video, ahora conocido como VHS). Es una historia demasiado conocida y, como tal, parcialmente olvidada. Todos conocemos lo hechos: los nazis se propusieron acabar con los judios y organizaron su exterminio con absoluta precisión. Cámaras de gas, hornos crematorios, métodos limpios y efectivos. Como digo, conocemos demasiado la historia, tanto que ha pasado a formar parte de nuestro imaginario y, poco a poco, se ha ido banalizando. El documental nos devuelve los aspectos más horrendos, precisamente los que hemos ido olvidando. Que el exterminio se planificó como un proceso industrial. Auschwitz era una empresa, una maquinaria de precisión que funcionaba implacablemente. Una maquinaria de exterminio de seres humanos. Quienes la manejaban eran frios y eficientes trabajadores. El director del Campo, Rudolf Hoess (a quien no hay que confundir con otro nazi prominente, Rudolf Hess, como yo hice durante el visionado del documental) era un hombre sencillo, amante de su familia y de la tranquilidad que le proporcionaba la casa que ocupaba dentro de los límites del campo. Para él y su familia, la finalidad del campo no tenía nada de horrenda, todo estaba bien, se exterminaba a seres humanos porque se debían exterminar. Se les exterminaba como a piojos (de hecho el gas que se usaba, el cyklon B, tenía como finalidad inicial desparasitar la ropa de los prisioneros), nada había de malo en ello.

Uno de las víctimas entrevistadas en el reportaje, un superviviente español (precisamente españoles murieron a miles con la aquiescencia del régimen que gobernaba España en aquel momento) de otro campo de concentración, porque en Auschwitz ninguno de los españoles sobrevivió, nos conminaba a leer los testimonios de los supervivientes como forma de no olvidar a los que sufrieron el horror. Primo Levi es uno de esos supervivientes. Su libro Si eso es un hombre es uno de esos testimonios estremecedores. Aún no lo he leído, lleva mucho tiempo en mi lista de futuras lecturas, aunque es probable que después de ver este reportaje lo saque de allí y me ponga a la tarea.

También os dejo aquí un enlace a la Enciclopedia del Holocausto, donde se recoge la información más exhaustiva sobre el tema.

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