Hace unos días Javí, de Tannhauser, me mencionó una anécdota de un libro de Vila-Matas en los comentarios. Yo no la recordaba y comenté que echaba en falta en los libros de papel, los de toda la vida, algo parecido a un buscador, algo que te llevara exactamente a la página en la que se encuentra el pasaje que estás buscando. Por supuesto es una tontería: no estoy tan penetrado u obsesionado con lo digital como para que ese deseo sea algo más que una broma (que ni siquiera soy el primero en mencionar, ya lo hizo Adolfo en este post), pero si es cierto que en otras ocasiones me he encontrado ante una situación semejante a la que se me planteaba con el comentario de Javi. Es decir, que recordaba haber leído algo en determinado libro, pero no era capaz de encontrarlo por mucho que lo hojeara. Y en ese momento sí eché en falta una forma de hallar lo extraviado. Sin tener que leer otra vez el libro, por supuesto. Algo mágico, que hiciera aparecer ante mí el párrafo sin más. Es decir, ni más ni menos que un buscador.
¿Y qué buscador puede hallar un pasaje en un libro de papel? Sí, ya sé que Google pronto será capaz de hacerlo, cuando cumpla su objetivo de digitalizar todos los libros del planeta, cosa que en gran medida ya ha comenzado a lograr. Pero existía una alternativa previa que pronto dejará de tener sentido. Las notas. Los subrayados, los asteriscos, cualquier anotación hecha en el margen del libro. Ese siempre ha sido el buscador natural que todos en alguna medida hemos empleado. Antes de la era digital, por supuesto, ahora ya no es necesario. Y esa es la reflexión que quiero hacerme tras todo este largo preambulo. Hasta ahora, la única forma de poder hallar información que fuera relevante para nosotros consistía en leer y tomar notas. Leer para encontrar y tomar notas para archivar, de alguna manera, la información encontrada. Dejábamos pistas escritas para poder volver a recorrer el camino y llegar hasta aquello que nos interesaba. Con el Google desktop, con el concepto de buscador, eso ya no es necesario. Antes ordenábamos la información en carpetas (físicas o virtuales) por materias, por importancia, por…, yo qué sé que criterios personales. Ahora el mensaje es, no hace falta ordenar nada, google encuentra cualquier cosa. No hace falta clasificar, google sólo necesita un par de datos para localizar lo que buscas.
Supongo que es mucho más cómodo así, guardar todo en el ordenador, de cualquier manera, a mogollón, y que otro se encargue de localizar lo que necesitamos, pero creo que también perdemos algo. La necesidad de clasificar, de dejar notas escritas sobre la información que manejamos, también nos empuja a leerla con más detenimiento, a “estudiarla”, a hacerla más nuestra. Con la ayuda de Google, lo único que hace falta es echar un somero vistazo, quizá decidir un poco por encima si puede sernos útil, y guardarla allí donde nos pille.
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