De vacaciones
Justo después de mi precipitado y algo ansioso regreso a la blogosfera, apagué el ordenador y me marché de vacaciones. Por aquello de desconectar un poco de todo lo que me ronda por la cabeza. No sé si he desconectado lo suficiente, pero el caso es que aquà estoy de nuevo, sentado frente a la pantalla. He estado en Gredos y en el Valle del Ambroz, que queda entre Cáceres y Salamanca. Zonas montañosas y, por tanto, fresquitas (hubo una noche en Gredos que debà acercarme mucho a un principio de congelación, y no exagero). Este año no ha habido playa, por culpa de una “necesaria” obra que he llevado a cabo en casa, no tuve tiempo de planificar nada, asà que hubo que agarrarse a lo que salió y lo que salió fueron unos dÃas de camping con tienda de campaña y con amigos (en Gredos) y otros pocos dÃas también de camping, aunque en bungalows exclusivamente con mi mujer y mis hijas (en el otro sitio, exactamente en Candelario, un hermoso pueblo cercano a Béjar, por tierras salmantinas).
Como digo, desconexión y algún que otro lugar fascinante, de esos de los que uno se lleva siempre un buen recuerdo, sobre todo en fotos. Uno de los dÃas fuimos a Granadilla, un pueblo abandonado de Cáceres con una historia curiosa y una interesante reconstrucción que año a año llevan a cabo estudiantes extremeños. El lugar, según leo en las páginas que os dejo para que os empapeis del tema, se llamó Granada, como la otra, y se cambió el nombre, a decir de algunos, justo cuando la otra fue conquistada por los Reyes Católicos. Pero lo más relevante es que fue abandonada allá en 1965 a consecuencia de la inaguración del pantano de Gabriel y Galán (que se vé magnficamente desde el torreón), que la dejó convertida en una pequeña penÃnsula de dificil acceso.
Todos los veranos, grupos de estudiantes participan en su reconstrucción, alojándose en los edificios ya rehabilitados. Grupos de chavales de dieciseis años acompañados por profesores que se aseguran de que la experiencia no sea en balde recorren en lugar, confundiendose con los turistas (aún no demasiados, por suerte) que se dejan caer también por allÃ. Aún les queda trabajo, y mucho. Un porcentaje bastante elevado del pueblo (¿un setenta por ciento?) aún está por reconstruir. Las calles de esa zona están cerradas a los visitantes, pero se pueden observar en la lejanÃa, o mejor aún, desde lo alto de la fascinante torre militar que domina la villa, o desde la muralla que la circunda. Uno, que siempre ha sido muy aficionado a los castillos (aunque nunca lo haya mencionado aquÃ), disfrutó lo suyo subiendo y bajando por el interior de la torre, por la oscura escalera de caracol, asomándose a los ventanucos de las pocas estancias donde en el pasado vivieron las guarniciones que protegieron al pueblo. En fin, una gozada de visita. Hice un buen montón de fotos (también tengo en cartera un vago proyecto de elaborar algún dÃa un libro sobre castillos, con fotografÃas personales e información que pueda recolectar por ahÃ, hasta tal punto me interesa el tema, aunque reconozco que nunca me he puesto a ello en serio). Os dejo alguna de ellas, junto con esas páginas que mencionaba al principio. Por si os hallais por la zona y os apetece acercaros por allÃ.
Granadilla
Granadilla, la antigua villa de Granada






