Necesitar la escritura como el aire
Hay otros autores que necesitan la escritura como el aire. Ganar dinero con su obra puede ser una cuestión secundaria respecto a lo que es una necesidad vital: dar rienda suelta a la palabra, poner el propio ser en cada uno de los párrafos. En estos casos, no hay manera de acceder a la vida del autor que no sea pasando por la obra. Hay quien pone la propia vida en cada palabra, en cada obra, en los personajes, y mucho antes que al entorno social o familiar es a la obra a quien hay que preguntar si se quiere saber algo del autor. La mejor manera de saber quiénes fueron Unamuno, Lorca o Machado es perderse entre sus obras.
Joyce, evidentemente, fue de esos. Leyendo las notas biográficas de introducción al Ulises, me maravillaba de que hubieran existido en otros tiempos autores (o pintores, actores, músicos, científicos; incluso, aunque suene raro, políticos) para quienes lo principal no fuera convertir su trabajo en mercancía para vender en el mercado. Personas que, sí, aspiraban a vivir de lo que hacían, pero solo como condición necesaria para seguir haciéndolo. Sin tener esa aspiración tan actual de convertirse en millonarios. En Boulé, Miguel habla de las dos actitudes ante el papel en blanco.
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