Todos escritores
Una de las características de la llamada web 2.0 es que, por primera vez, el productor de contenidos pasaba a ser cualquiera que tuviera una conexión a internet y algo que contar. Los blogs son el principal ejemplo de ello, pero esa tendencia también llega al mundo real, al que está fuera de la red. Lulu.com, una iniciativa de Bob Young (creador de Red Hat) no es la primera que se plantea la edición por cuenta del autor, pero sí la primera que lo hace estableciendo un porcentaje tan elevado de participación en los beneficios que produzca su obra: un 80%. Se trata de edición bajo demanda: solamente se imprimirán los ejemplares que ya tengan comprador. Y los beneficios para Lulu.com vendrán, si todo sale como Bob Young planea, de la abundancia de autores: en vez de contar con unos pocos autores que vendan mucho, como una editorial tradicional, el proyecto de Young busca tener muchos autores que vendan un poco.
El País: El ingrediente secreto de Lulu.com es que damos al autor el 80% de los beneficios
Hablando de otra cosa, he actualizado Octaedro a WordPress 2.2., más que nada por los problemas de seguridad que, al parecer, presentan todos los WordPress 2.1. Hay una novedad muy interesante en este WordPress, pero por el momento no he podido usar de ella. Los widgets. Al parecer facilitan la disposición de la barra lateral, pero no todos los temas los admiten, al menos sin una manipulación previa del código. Parece ser, porque tampoco lo he estudiado a fondo.
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El privilegio de entender otros idiomas distintos de aqueste que tanto amamos, el español (también conocido como castellano) es poder leer libros de autores de países bárbaros antes de que alguien se tome la molestia de traducirlos. Yo entiendo malamente el inglés, no demasiado malamente, cuando me atrevo con un volumen publicado en Nueva York, completed and unabridged, y me he lanzado con uno recientemente aparecido en la tierra del rock. Paul Auster, como no podía ser menos. Curiosamente, Auster es uno de los escritores que más leo (al menos tiene una buena porción de estantería en el salón de mi casa) y que más me decepcionan. Me explicaré. Me gusta Auster, me gustan sus novelas (en general) y aprecio las pequeñas perlas que suelen aparecer en ellas de cuando en cuando. Me gustan sus temas, y su mundo me resulta atrayente. ¿Por qué digo entonces que me decepciona? Porque siempre me hace esperar más. En muchas de sus páginas hay una promesa, el vislumbre de algo suculento que, sin embargo, no termina de llegar. Al menos esa es la impresión que a mí me causa. Sin embargo, podría señalar en casi todos los libros de Auster párrafos que contienen pequeñas joyas.
