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Escritores y procesadores de texto

Escritores y procesadoresA pesar del rechazo que a muchos les produce lo digital (porque perciben la red como una amenaza) muchos escritores han terminado entrando por el aro de la informática y trabajan en ordenadores personales. A la larga es mucho más práctico y se adecúa bien a la forma de trabajar de muchos de ellos. Sin embargo, hay un problema. ¿Qué ocurre con el legado del autor? Muchos autores, una vez alcanzado ese punto álgido de su carrera que implica en cierta medida que su nombre no será olvidado, ceden sus archivos a bibliotecas y universidades para uso de futuros estudiosos de su obra. Pero ahora gran parte de esos archivos son digitales, nacieron digitales. ¿Cómo conservarlos, cómo evitar su obsolescencia en un mundo de cambios tan acelerados como el digital? No es la primera vez que este problema aparece en Octaedro (creo recordar). Matthew Kirschenbaum se ha dedicado a estudiar este problema en un libro titulado Track changes: a literary history of word processing que será publicado en la Harvard University Press a lo largo de 2013. Le entrevistan en la Revista Ñ:

 

Describiría dos cosas. Yo me emociono poniéndome en contacto con la computadora de un autor, o un disquete de un autor que me interesa; o hasta poder abrir un archivo en su software original y la máquina original – con lo cual sé que estoy viendo lo mismo que vio el escritor. Para mí esto es tan emocionante como ver un pergamino o un viejo manuscrito – todas las cosas que mencionamos cuando decimos que amamos los libros como objetos físicos.

Pero también pienso que el tipo de cosas que podemos aprender sobre el proceso creativo y autoral a través de materiales nacidos digitalmente introducen un cambio de paradigma en términos de las operaciones de las investigaciones de textos.

Me llama especialmente la atención un tema que se trata en la entrevista (e imagino que en el libro): la rápida conversión de los materiales informáticos en chatarra. Nadie tiraría su vieja máquina de escribir (a lo sumo, la guardaría en un armario o en un trastero, acumulando polvo, pero no la tiraría) y sin embargo, estamos más que dispuestos a deshacernos de nuestros viejos ordenadores cuando nos compramos uno nuevo. En el mundo de lo digital no existe esa fascinación por lo antigüo que está tan de moda en otros ámbitos. El mundo de la informática no quiere saber nada de lo vintage.

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Por amor al arte

Encuentro en la página venezolana Qué Leer un artículo interesante sobre escritores huraños, refractarios a las luces de los medios de comunicación. Son escritores que rara vez conceden entrevistas, cuando no directamente rehuyen los flashes de los fotógrafos hasta el punto de que apenas si sabemos como son físicamente. Juan Rulfo, J. D. Salinger, Juan Carlos Onetti, Thomas Pynchon, todos ellos han hecho  lo posible por sustraerse a la luz pública en una sociedad en la que lo que más se valora es precisamente lo contrario, los focos, la fama, las continuas apariciones en los medios de comunicación. Algunos de ellos incluso han dejado de publicar, aunque sabemos que continúan escribiendo: simplemente no quieren volver a mostrarse, prefieren cultivar su arte en privado, para sí mismos.

Son rara avis en estos tiempos en que los escritores han dejado de ser artistas solitarios volcados en su arte y se han lanzado a los medios de comunicación, donde cada vez tienen una mayor presencia. En la actualidad, la figura del escritor está cada vez menos ligada a su obra y más a su presencia pública. Sus obras, generalmente novelas, se han convertido en productos que podemos adquirir, pero que no definen esencialmente al escritor. Como alguien decía, parece que a los escritores les gusta cada vez menos escribir y más haber escrito, es decir, tener obras sobre las cuales conceder entrevistas o aparecer en shows de televisión. Creo que de alguna manera se han convertido en marcas, y les ocurre lo mismo que a las grandes compañías, tipo Apple o Mcdonalds, que están más volcados en gestionar su marca que en elaborar los productos que se supone que son el centro de su negocio. Para estos escritores, escribir ha dejado de ser su core business. Se han lanzado al mundo del marketing.

Por eso, autores como los que menciona el artículo de Qué leer nos resultan tan extraños. Van a contracorriente. Se preocupan únicamente de su obra, incluso les da igual si esta es conocida o no. ¿para que querría alguien escribir en secreto, por qué hacer algo que uno no tiene intención de vender? Está aquello tan manido de por amor al arte, una frase que siempre usamos en sentido negativo. Nosotros no hacemos nada “por amor al arte”, pero resulta edificante y extraño que precisamente ellos escriban “por amor al arte de escribir”.

Huraños y esquivos

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Jams de escritura

Hace tres años hablé aquí sobre algo que me sorprendió mucho: jam sesions de escritura. Es decir, con la ayuda de un portatil y un cañón, un escritor muestra al público su proceso creativo. Se sienta frente a él y comienza a teclear. Las palabras aparecen en la pantalla, una historia empieza a perfilarse. En algunos momentos se detienen mientras el escritor piensa; en otros, desaparecen unas pocas, tal vez incluso lo hagan una o dos frases. La escritura tal y como uno la vive en su soledad. Vicio ya no tan solitario, titulé aquella entrada, porque la escritura siempre me ha parecido un vicio que se practica en privado. Y he aquí que un escritor estaba dispuesto a mostrar al público sus dudas, sus vacilaciones, sus torpezas, sus textos a medio hacer. Incluso sus faltas de ortografía. En ese momento me pareció simplemente una ocurrencia graciosa, una manera de pasar un rato divertido. No tenía idea de que aquello iba a cuajar, de que iba a albergarse en ferias del libro, ni de que incluso iba a ser patrocinado por grandes editoriales.

La escritura lleva mucho tiempo convirtiéndose en algo mediático. Ya no basta escribir un libro y ser entrevistado en televisión. Hay que hacer un trailer del libro, ahora incluso escribir frente a los lectores. Convertir el proceso de la escritura en espectáculo. No es casual que en estas “jams” de escritura el trabajo del autor sea completado con el de un disc jockey que monta músicas previamente elegidas por el protagonista de la sesión: las dos cosas se complementan, el autor es un disc jockey de la escritura. Tiene mérito, como dije en la otra anotación, escribir así, a vuelapluma, intentar enhebrar una historia y procurar divertir al público. Otra cosa será lo que salga de ahí, supongo que no más que una historia simple, un texto divertido. O tal vez no: algunos de los textos que aparecen en el blog (Jam de escritura) no están mal, tienen algo del germen de una idea. Tal vez bajo la presión de una de estas sesiones alguno de los autores consiga el comienzo de una novela.

Por cierto, una curiosidad: ¿os habéis fijado en que la mayoría de los autores escribe con dos dedos? Debe ser que desde que murió la máquina de escribir ya nadie aprende mecanografía.

[vía Literatura electrónica]

Imagen de previsualización de YouTube

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Un año y medio

Es el tiempo que llevo sin escribir aquí. Un año y medio. Nada menos. Demasiado tiempo alejado de los blogs y de la escritura. Pero no de la red. Durante todo este tiempo he continuado leyendo, tanto en ella como fuera. He sido un observador que absorbe información pero no participa. Y ha llegado el momento de devolver algo de lo absorbido.

Octaedro ha permanecido durante todo este tiempo abandonado. Con sus viejas anotaciones a merced de cualquier búsqueda en la red, pero sin contenido nuevo. Cuando comencé a plantearme volver a escribir, consideré la posibilidad de cerrarlo y abrir un nuevo sitio. Hubiera sido lo lógico, habida cuenta de que ya nadie se pasa por aquí si no le manda google. Sin embargo, me dio pena hacerlo: después de todo, Octaedro responde plenamente a mis planteamientos e intereses: escribo sobre libros y literatura y sobre lo relacionado con la red que de cuando en cuando me va tentando. Justo lo que solía ser Octaedro. Así, ¿por qué cambiar de escenario cuando lo que importa sobre todo es lo que se representa en ese escenario? Además, durante mucho tiempo concebí el blog como un lugar de comunicación, cierto, pero también como un repositorio personal de enlaces y anotaciones. En ese sentido, me daba pena pensar en retirar de la red todo lo acumulado (aunque no es mucho) y guardarlo en algún remoto archivo de mi ordenador.

No voy a cerrarlo, pues. Al contrario, lo voy a intentar reanimar. Como una casa que ha permanecido cerrada durante mucho tiempo a la que, de repente, vuelven sus antiguos dueños y le conceden una segunda oportunidad. Y voy a continuar con la línea que me marqué en la primera: libros, literatura y filosofía, novela y ensayo, desde el punto de vista de un aficionado lector y curioso de la cultura. Pero también lo demás, cómo se interrelacionan la cultura y la red, ahora que la contestada aprobación de la ley Sinde ha convertido esa interrelación en motivo de reflexión y polémica.

Eso sí, volveré al planteamiento inicial, pero tratando de no cometer los mismos errores de entonces. Un blog, tal y como yo lo concibo, implica algún tipo de compromiso con los eventuales lectores (ahora desaparecidos): al menos el mantenimiento de una cierta periodicidad. Evidentemente, no diaria. Lo mejor semanal (incluso bisemanal), incluso, en el peor de los casos ,quincenal. Pero sin caer ya en esos frecuentes alejamiento que a veces duraban varios meses.

 

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Escribiendo en la edad de la distracción

Uno de los principales problemas que me aqueja a la hora de escribir Octaedro es mi facilidad para perderme tras un enlace, que me lleve a otro enlace, que me lleve a otro, y a otro… Reconozco que para mí tener un mundo de información y conocimiento, un mundo de palabras tan al alcance de la mano es la perdición. Cuando me siento frente a la pantalla del wordpress para intentar desgranar unas pocas palabras en un post, la necesidad de documentarlas frecuentemente me lleva mucho más lejos de lo que en un principio pretendía…, y me consume más tiempo del que había estipulado para llevar a cabo mi tarea.

Los consejos de Cory Doctorow son sencillos, y aparentemente obvios. Sin embargo, y como ocurre con todo lo obvio, con frecuencia es necesario recordarlo. Me quedo con dos: no investigues y mata a tu procesador de texto. El primero, por razones obvias: ese es justo mi gran problema ante un ordenador. El segundo, porque es cierto que los programadores utilizan generalmente herramientas sencillas para elaborar su código. Por algo será.

Cory Doctorow: Writing in the Age of Distraction.

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Vicio ya no tan solitario

Todo está cambiando, ya no hay vuelta atrás. La creación literaria ya no es el vicio solitario del escritor, se convierte en un espectáculo a la vista de todos. Internet, los blogs, la inmediatez que dan los nuevos medios tienen la culpa. Se puede escribir y leer casi al instante, ya no hace falta un trámite tan largo para que lo escrito llegue al lector. En Buenos Aires (ahora cubierto de humo) lo saben bien. Han organizado una jam session de escritores. Improvisación literaria frente al público lector. Con un portatil y un cañón van desgranando frases que los asistentes leen inmediatamente en la pantalla. Asisten al proceso de creación en directo, ven como el autor teclea a toda velocidad, como se detiene y borra una o dos frases, como los personajes y la historia van cobrando forma allí mismo, frente a ellos. Lo que antes hacía el autor en la más estricta soledad, ahora lo hace frente a todos. Hay que tener valor, de todas formas.

Desde la trastienda de la creación

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El escritor de ciencia-ficción

Ricardo Montiel se plantea la formación del escritor de ciencia-ficción. ¿Ha de ser un científico? ¿O tener al menos una formación científica? Parece ser que no, que en ocasiones basta con la disposición a adquirir los conocimientos que precisa mediante el trabajo duro, aceptando que, de entrada, tiene un handicap que otros autores con mejor formación no tienen. Montiel traduce un artículo del escritor norteamericano James Van Pelt en el que este concluye lo siguiente:

(…) un escritor de ciencia ficción es tal por su oficio y no tanto por su conocimiento científico; si un escritor es hábil podrá incluso superar obstáculos tan complejos como la barrera epistémica de la ciencia.

Montiel también se hace una interesante pregunta: ¿Por qué no hay más escritores reconocidos de ciencia-ficción dura no sajones, como si los hay en otros géneros?

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Intensidad del cuento

Con la novela sabes que vas a vivir en ese sitio mucho tiempo y tienes que organizar muy bien los espacios, tienes que saber qué vas a escribir. El cuento, sin embargo, es perfecto para crear situaciones y darle una intensidad especial. Una novela puede tener situaciones intensas, pero hay que dosificar la evolución dramática para no generar angustia en el lector.En el cuento todo lo metes allí, la brevedad la cargas de intensidad, y eso es muy gratificante.

José María Merino, El microrrelato se adapta muy bien a las nuevas tecnologías

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Cada vez se escribe peor

Andrés Ibañez escribe el el ABC una serie de tesis en las que se trata de explicar el por qué de la decadencia de la literatura. El problema, dice, es que cada vez se escribe peor. No la existencia de literatura de consumo, sino que ese tipo de literatura sea cada vez más mala. Y culpa de ello a la literatura posmoderna, que trató de unir el arte elevado con las formas populares

pero perdió la batalla. Esta es la teoría de David Foster Wallace en Algo supuestamente divertido?, que me parece, en líneas amplias, acertada. Perdió la batalla porque en vez de redimir a la cultura popular, fue devorada por ella.

Una teoría muy interesante.

Del canon al clon, Andrés Ibañez

(vía Libro de Notas)

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Para iniciarse en la ciencia-ficción

La presencia de la ciencia-ficción en internet es enorme, cosa nada extraña, por otra parte, puesto que la propia ciencia-ficción es un campo inmenso. Hay muchos autores, la mayoría norteamericanos, por supuesto; hay muchas tendencias, subgéneros. Hay tanto que quien nunca ha penetrado en estas aguas tiene ciertamente difícil comenzar a hacerlo. Julián Diez reune unas cuantas pistas para despistados nuevos en el cotarro. Creo que tomar nota de ellas es una buena forma de comenzar en este campo literario.

Cómo profundizar en la ciencia-ficción

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