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Razones para bloguear

Un blog que no se actualiza con frecuencia es un blog muerto, inexistente. Soy consciente de ello. Es absurdo dejarse caer de cuando en cuando por aquí (sobre todo si ese lapso de tiempo es de meses) con una pequeña anotación, o un anuncio breve. Los lectores, si los había, ya han huido hace tiempo. Te han borrado de su agregador de feeds. Pero, al menos, uno está vivo para sí mismo, y volver una y otra vez, a pesar del tiempo transcurrido, se lo recuerda.

Las razones para bloguear que Andrew Sullivan expone en este magnífico artículo -”Why I blog?“, publicado en The Atlantic- son las más convincentes que he encontrado nunca en la red. Sullivan acepta todas las ideas sobre el blogging que circulan por ahí, pero les da la vuelta, les cambia la pátina negativa por otra incluso favorable. Bloguear es escribir, es hacer periodismo, pero es otra forma de escribir, otra forma de hacer periodismo. Hay excesiva inmediatez, poca reflexión, pero debe ser así, porque leer un blog no es lo mismo que leer un ensayo, es un tipo de lectura más conversacional, en la que la profundidad de la reflexión se va construyendo post a post.

Pero tal vez el blogger avant la letre quintaesencial fue Montaigne. Sus ensayos fueron publicados en tres grandes ediciones, cada una de ellas más larga y compleja que la anterior. Escéptico apasionado, Montaigne corregía, añadía y amplificaba sus ensayos en cada edición, volviéndolos tridimensionales a través del tiempo. En las mejores traducciones modernas, cada ensayo está anotado, frase a frase, párrafo a párrafo, con pequeñas letras (A, B y C) para cada una de las ediciones, ayudando al lector a ver como cada reescritura añadía o subvertía, enfatizaba o ironizaba, la versión anterior. Montaigne vivía su escepticismo, atreviéndose a mostrar cómo un escritor evoluciona, cambia de opinión, aprende nuevas cosas, cambia de perspectiva, crece –y todo esto, lejos de ser algo que necesite ser escondido tras una capa de autoridad inmutable, puede ser una virtud, una nueva manera de considerar las pretensiones de autoridad, texto y verdad. Montaigne, en gran medida, también llenó sus ensayos con miríadas de eso que los bloggers llamarían external links. Sus propios pensamientos se entrelazan y complican con aforismos y anécdotas de otros. Investigadores de sus fuentes señalan que muchas de esas “citas” estaban deliberadamente fuera de contexto, añadiendo capas de ironía a una escritura que ya estaba saturada de dudas empíricas.

Juan Carlos Castillón ha traducido el original inglés en lo que el denomina una traducción exprés, pero que es, simplemente, magnífica.

P.S. He elegido el texto de Montaigne, aparte de por su significado en el contexto del artículo, por el hecho de que hoy he terminado de leer el Dietario voluble de Vila-Matas y, casualmente (me encantan las casualidades en el ámbito de la palabra escrita), las últimas anotaciones tienen que ver con este autor francés.

Nueva versión de Ubuntu

Tenemos nueva versión de Ubuntu (la 8.04, Hardy Heron). Me imagino que ya lo conocéis, que sabéis que se trata de una distribución de Linux que acerca al competidor de Windows (hasta ahora solamente para informáticos y frikis más o menos enterados) a los usuarios normales. Que es gratuito y tiene detrás una gran comunidad de gente dispuesta a echarte una mano (el portal hispano de Ubuntu, por ejemplo). Y que cada vez tiene más programas que son alternativa a los tradicionales para windows, gratuitos también.

¿Por qué os hablo de todo esto? Porque en mis dos ordenadores corre ubuntu (aunque mantengo una partición con windows, para poder ejecutar aquellos programas que me son necesarios y que, impepinablemente, solo funcionan en el entorno de Bill Gates) desde hace más de un año, y mi experiencia con este sistema ha sido fantástica. He tenido algunos problemas, pero nada que no haya podido solucionar con la ayuda de la gente que puebla los foros de ubuntu-es. Os lo cuento por si os sirve, por si estáis considerando la posibilidad de abandonar las puñetitas de windows y probar con este nuevo sistema que, poco a poco, va convirtiéndose en una alternativa perfectamente válida. Quizá uno de los argumentos de más peso que os pueda ofrecer es que en el universo linux no existen los virus (sí, habéis oído bien), como dice Enjuto Mojamuto en este video:

El solitario

Es un delincuente, y un asesino. Lo sé. Pero la figura de “El solitario”, el atracador de bancos más buscado del país detenido hoy en Portugal, me resulta muy atrayente. Tiene algo de literaria o cinematográfica. Por lo pronto, me recuerda a aquellos ladrones de guante blanco, que ejecutaban sus golpes con tal elegancia y limpieza que parecían obras de arte. No es el caso, pero se aproxima. Hasta ahora, “El solitario” ha conseguido llevar a cabo todos sus golpes y escapar a sus perseguidores, aunque no con total limpieza (creo que se le atribuyen unos cuantos asesinatos, entre ellos los de dos guardias civiles que iban a detenerle). Otro aspecto importante es que actuaba en solitario, como los citados ladrones cinematográficos. En estos tiempos tan gregarios, encontrar a alguien que se baste solo para hacer cualquier cosa parece cosa rara. Me recuerda a otro delincuente, en este caso un terrorista norteamericano, Unabomber. Parece mentira que un terrorista pueda actuar completamente solo, sin una organización detrás que por lo menos reivindique sus atentados. Unabomber lo hacía así. “El solitario” también, aunque su negocio era distinto.

Pero el atractivo de su figura no radica únicamente en estos aspectos. También era un autodidacta. En una anotación de Octaedro que mencionaba una de Ataraxia, se hablaba del autodidacta como un libertario del conocimiento, alguien que estudia no para obtener algún título, sino por el mero placer de aprender. También, y este es el caso, uno puede estudiar para aprender aquello que necesita para lograr sus objetivos. Entonces estaríamos ante un conocimiento utilitario. Pero “El solitario” no adquiere únicamente ese tipo de conocimiento, también cultiva el aprendizaje por placer. En su casa, junto a los libros que explican como fabricar explosivos, hay libros sobre el cultivo de las plantas y una colección de música. Lamento decir que compartimos gustos musicales. A mi también me gusta Eric Clapton.

Preparaba sus golpes con una minuciosidad militar. Deformaba su cara mediante máscaras de látex. Y vivía sólo en un chalet de Las Rozas, donde de vez en cuando le visitaba uno de sus hijos. Había también una amante en Brasil que recibía parte del dinero que obtenía con sus actividades. Pero él estaba solo, actuaba solo y vivía solo. Me lo imagino en la intimidad de su chalet, o de la nave que tenía en Pinto, elaborando sus planes, entre mapas y máscaras, deseando que llegara el momento de exiliarse a Brasil en compañía de su amante, o pensando cuando volvería a aparecer el sinvergüenza de su hijo para pedirle dinero otra vez.

Si, se me antoja un personaje muy literario.

La conversación continúa

Sentarse frente a la pantalla en la soledad de la noche, encontrando al otro lado muchas palabras amigas, algunas polémicas, otras consoladoras. La misma conversación que durante el día, pero en la soledad de la noche. Entonces se puede tomar una cierta distancia, reflexionar ante un post de un blog amigo mientras uno apura una taza de té, o un vaso de whisky, y contestar en los comentarios con un párrafo pensado, bien meditado. Tener la sensación de que no estamos solos, aunque todo a nuestro alrededor sea silencio (excepto por el maldito vecino del quinto y su música, que se oye en la lejanía), de que continuamos conversando a pesar de algunos de nuestros interlocutores duermen y otros trabajan, en otro país y en otro huso horario. A pesar de ello, de la noche, del silencio y la lejanía, la conversación continúa como si los tuviéramos frente a nosotros, mirándonos desde la foto de su blog y hablándonos con palabras que parece que acaban de ser tecleadas en el preciso instante en que nosotros las leemos.

Tecnologías enigmáticas

Hace días que intento tener un rato libre para poder colgar este vídeo aquí. Llegué a traves del blog de Julen Iturbe, que a su vez remitía a e-Cuaderno, quien lo había tomado de Francis Pisani. Es decir, toda una trayectoria. Pero tiene su gracia.

Nuevo aspecto

Hoy me he levantado con ganas de hacer cambios en Octaedro. Hace tiempo que quería hacerle un lavado de cara, con la esperanza de que un nuevo aspecto también implicara un nuevo enfoque, o un nuevo impulso, como si ver algo distinto del tono gris habitual pudiera influir en mis ganas de escribir. De momento, un theme nuevo, en el que posteriormente iré introduciendo algunos cambios. En este se ensancha el espacio del texto (con lo que habrá que escribir más para que cada post aparezca más “relleno”) y recupero algo que en su momento eliminé y que a mi me resulta muy práctico: el calendario. Es una buena manera, muy visual, de controlar la frecuencia de actualización de Octaedro. Uno puede, de un vistazo, darse cuenta de lo mucho o poco que ha publicado en el transcurso del mes.

¿Os gusta cómo queda?

El creador de Wordpress

Lo malo que tiene la red para mí es que tiendo a perder de vista que tras una página, un blog, un foro o una aplicación siempre hay personas de carne y hueso. A veces tengo la sensación de que la red es un entorno completamente fuera de la realidad. Es como cuando uno circula en coche y tiene algún pequeño incidente con otro vehículo. De repente, del interior de la chapa brillante y los cristales que no dejan ver, sale una persona real, a veces completamente inesperada (tendemos, al menos yo lo hago, a asociar ciertos modelos de coches a ciertos tipos de personas). Lo mismo me ocurre con la red, por eso me resulta siempre curioso ver el rostro que hay tras algún item de la red. Matt Mullenweg, creador de Wordpress (que es el sistema de publicación que empleo en Octaedro) está en Sevilla para participar en “Evento Blog España”, una reunión de bloggers para debatir sobre todo este tinglado que, según dicen, va a revolucionar el mundo de la comunicación. Me sorprenden su juventud y su no preocupación, por el momento, por vender Wordpress y sacar una buena tacada de millones, como parece que comienza a ser la tendencia ahora. Apuesta por el software libre, como no podía ser de otra forma, y no tiene prisa por ganar dinero, lo que le honra. Le entrevistan en El País.

“Los bloggers deberí­an aspirar a cumplir las normas éticas de los medios tradicionales”

Lecturas pendientes

Reiniciando, volviendo a leer, ordenando nuevamente mi biblioteca, en la que los libros que iba adquiriendo (porque siempre me llega alguno; si no lo compro yo, alguien me lo proporciona) se colocaban en lugares que no les correspondía. Limpiando el polvo de todo este tiempo (los retornos de un solo post no cuentan) y volviendo a la vieja tarea de leer y releer. Y a la más vieja aún de escribir y reescribir, aunque ésto último provoque a veces una pereza insuperable. Aún no tengo muy claro el enfoque de esta nueva etapa de Octaedro, pero lo que sí he visto con toda luminosidad es la necesidad de volver a escribir, de escribir porque sí, porque me iba apeteciendo. No aspiro a que, en estas primeras anotaciones tras la vuelta, muchos de los que me leíais volvais a hacerlo; no, lo único a lo que aspiro es a retomar un ritmo que antes tenía en esta manía de juntar palabras. Y hacerlo aquí, a la vista de quien quiera leerme, y no en el remoto disco duro de mi ordenador (de mis ordenadores, porque ahora tengo dos: hace poco me agencié un portátil).

Sobre la mesa tengo un libro de cuentos de Augusto Monterroso (mi futura lectura, supongo), y en mente unos cuantos. Puede que incluso me atreva con el Ulises de Joyce, una lectura siempre pospuesta para un hipotético momento ideal que nunca llega. Hojeando el Moleskine literario de Ivan Thays me doy cuenta de todo el material que hay por leer, sólo en el ámbito hispanohablante. Así que hay que remangarse y ponerse ya a la tarea.

Restart

Vuelvo a abrir la puerta, parcialmente atrancada, a levantar las persianas y limpiar el polvo de este blog. Sé que nadie dará mucho crédito a este retorno porque se han producido otros en el pasado que no fueron definitivos, pero no me importa. Octaedro no estaba muerto (estaba de parranda…, ojalá), sólo agonizante, y durante este tiempo he pensado muchas veces en resucitarlo.

También he pensado en abandonarlo y abrir un nuevo blog, con un nuevo enfoque, una nueva apariencia, un nuevo nombre que me aleje de las sospechas de inconstancia. Pero, para bien o para mal, siento que Octaedro es mi identidad en la red (a pesar de que hay otros “octaedros” por ahí, principalmente una editorial con ese nombre) y me sentiría un traidor si la abandonara. Además, ya tengo un dominio con ese nombre y no me apetece ponerme ahora a buscar otro (por cierto, tengo que pagar la renovación anual). Así que esto seguirá siendo Octaedro y hablaré, supongo, de libros (aunque cada vez tengo más intereses y más dispersos) y haré todo lo posible por volver a tener unos cuantos lectores, como antes.

Así que aquí estoy de nuevo, esta vez sí que sí.

Un foro filosófico

Con el tiempo y la edad mi interés por la literatura va retrocediendo a favor de una cierta curiosidad por la filosofía. Mala cosa, de literatura sé algo (no mucho), pero de filosofía casi nada. Por eso me llaman poderosamente la atención los blogs dedicados al tema (algún día haré una recopilación de los que me parecen más interesantes. Lo anoto en mi lista de proyectos “temporalmente irrealizados”). Todo esto viene a cuento de que María Dubón, de Ataraxia, ha inagurado un foro filosófico. Aún no ha arrancado, pero el proyecto suena interesante, a juzgar por los temas que suele tratar en su blog.

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