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Trabajando en Octaedro

Hoy me sentía muy trabajador, así que he decidido comenzar a hacer cosas relacionadas con la bitácora que había aplazado con la excusa de las oposiciones (de las que, por cierto, aún no conozco los resultados). Lo primero, el plugin antispam, el blacklist. Lo he instalado, creo que correctamente, aunque por el momento no lo he podido comprobar. Ya veremos que ocurre cuando vuelvan a atacarme los pennis enlargement, que lo estoy deseando. Y a continuación, una nueva plantilla, que estoy un poco cansado de esta. Voy a ver si encuentro algo potable por ahí.

Un rato más tarde

Me he estado dando una vuelta por ahí, buscando plantillas para el blog, pero no he encontrado nada, supongo que porque no sé dónde buscar exactamente. Además, estas indagaciones tienen un efecto negativo para mí: no soy muy ducho en estos temas ( html, plugins y todo lo que rodea al mundillo técnico de las bitácoras), así que generalmente termino un tanto deprimido y menos dispuesto a cambiar lo que por el momento funciona a la perfección. Pero es una sensación momentánea, me suele pasar. Seguiré buscando por ahí, intentando aprender (que ya es hora), y seguro que al final me lanzaré a cambiarle la cara a Octaedro.

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Un año y tres días

Otra vez en casa, si puedo llamar así a Octaedro, después de tanto tiempo (tampoco ha sido demasiado, no ha llegado ni a un mes). Pero estoy sólo de visita, aún no me he examinado de las oposiciones. El caso es que tenía que venir por aquí porque hace exactamente un año y tres días que comencé con esta bitácora y no podía dejar pasar tan magno aniversario sin al menos unas pocas palabras. Sé que en estos casos se suele hacer un balance de lo que ha sido todo este tiempo en la red, pero hoy no tengo tiempo, todavía continúo prisionero de los temarios y de los nervios. Pero no tardaré en volver. Porque lo echo de menos.

Un año ya en la red, cómo pasa el tiempo.

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Limitar el tiempo

Experimento problemas con lo que podríamos llamar la “superabundancia de la información”. Especialmente, en el mundo de las bitácoras. Hasta que llegué a ellas y decidí participar en lo que me parecía una poderosa forma de comunicación, no me había preocupado el tamaño de internet, ni los inmensos contenidos a los que uno podía acceder. Simplemente, buscaba lo que me interesaba en cada momento y lo leía o lo guardaba en mi ordenador. Cuando creé la bitácora, sin embargo, comencé a interesarme por muchos más temas, a recorrer diariamente muchas páginas, tomando nota de todo lo que me interesaba. Ahora llega el momento de poner coto, de limitar el número de bitácoras que leo y procurar escoger con más cuidado la información que me interesa. Y es cuando experimento el problema. Las bitácoras, por pocas que sean, siempre tienen enlaces que es preciso seguir, enlaces que llevan a otras bitácoras, a otros temas. Hay debates en los que uno quiere participar, y luego hay que ver si el dueño de la bitácora o uno de sus visitantes nos han contestado. En definitiva, que mantener la actividad bitacorera dentro de unos límites razonables parece casi imposible.

Se puede usar, claro está, un feed reader. Bloglines, por ejemplo. Antes no me gustaban demasiado, pero con el tiempo me he acostumbrado a usarlos y me resultan prácticos. Pero no solucionan el problema, porque siempre surgen nuevas bitácoras que incluir, temas que se pueden seguir saltando de bitácora en bitácora, y que terminan llevándote tan lejos que al final acabas con un montón de ventanas abiertas en el escritorio.

Mi única solución al problema: establecer un límite de tiempo para examinar la blogosfera. También podría haberme limitado a leer post que traten sobre una serie de temas en concreto, pero eso sería muy empobrecedor, e imposible de seguir. El tiempo, pues, es mi límite. Entre media y una hora al día para navegar y dejar comentarios. Para escribir en Octaedro utilizo otro tiempo, mi tiempo general para escribir, un tiempo alejado de la navegación por la blogosfera. Si navegando he encontrado algún tema del que me gustaría hablar, lo anoto y lo utilizo después, cuando estoy solo con mi ordenador, en mi cuarto, con el navegador cerrado.

Cada uno tiene sus manías.

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Gracias

Por cierto, Octaedro aparece hoy como bitácora de la semana en Libro de notas. Favor que nos hacen y que les agradecemos de corazón.

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Por fin

Tenemos las navidades prácticamente liquidadas. Menos mal. Sólo nos queda un día de compromisos sociales (el más agradecido, por cierto, para los que tienen hijos) y habremos terminado con la estupidez anual de la alegría obligada y el exceso por el exceso. Buen momento para volver a las ocupaciones interesantes que las incesantes visitas han dejado aplazadas durante las vacaciones menos aprovechadas de todas. Buen momento para volver a la lectura y a las cosas que importan.

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Empacho navideño

Pascal
Mi torpeza informática (que ha dejado fuera de juego mi ordenador doméstico) y las vacaciones navideñas me han alejado durante todo este tiempo de la bitácora. Si a eso unimos que la necesaria dedicación a mis hijas y los compromisos familiares también me han alejado de la lectura (andaba enfrascado en el segundo tomo de los Ensayos de Montaigne: lo he recuperado esta mañana, mientras venía al trabajo), tenemos como resultado que no hay mucho que comentar en este post, y menos referido a libros. Como no sea…, que en uno de esos típicos días de resaca navideña en los cuales nadie espera que vayas a su casa o se deja caer por la tuya, me acerqué hasta la FNAC y coseché tres tomos muy prometedores. La vida, instrucciones de uso, de Georges Pèrec, que hace tiempo tenía ganas de leer (supongo que es el título lo que me atraía); Como una novela, de Gabriel Pennac, una reivindicación de la lectura sobre la que he encontrado muchas referencias (no tenía intención de comprarla, no la buscaba, fue uno de esos encuentros felices que a veces uno tiene en las librerías); y un clásico que tengo en e-book, pero que he preferido comprarme en papel (lo siento, José, pero uno no puede evitar el vicio de tocar la literatura), los Pensamientos de Pascal. Si a eso le unimos un clásico del cine de terror poco conocido (La legión de los hombres sin alma, ahora mismo no recuerdo quién es el director), tenemos que salí de allí muy contento, con ganas de llegar a casa para hojear con detenimiento mis piezas. Por el momento las he colocado en la estantería y refrenaré mi deseo de hincarles el diente hasta que no haya acabado con Montaigne. Pero prometo hablar de ellas cuando las lea.

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Un nuevo comienzo

Oficialmente, este es el primer post de esta nueva bitácora. Sé que ha habido otros que se han podido ver estos días aquí, pero he decidido eliminarlos y comenzar con un salto claro de Blogger a Movable Type, sin que se solaparan posts del mismo día publicados en una y otra bitácora. Así que en el día de hoy comenzamos esta nueva andadura.
No va a haber diferencias apreciables con la anterior, como no sea una deseable mejora de calidad por la que voy a empezar a trabajar a partir de este mismo momento. Seguiré interesándome sobre todo por la escritura y la literatura, por lo fantástico en esos ámbitos (incluyendo además el del cine), y por cualquier cosa que me parezca interesante en un momento dado. Una de las ventajas que ofrece este nuevo sistema es la posibilidad de clasificar los posts por categorías, así que si hay algún tipo de comentarios que os interesan específicamente, ya sabeis dónde encontrarlos.
Por el momento nada más. Bienvenidos.

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El traslado

Muy bien, ha llegado el momento, la nueva residencia está lista. A partir de hoy, me podéis encontrar en http://octaedro.mibitacora.com. Esta es la última anotación que hago en Blogger, aunque por el momento la bitácora continuará abierta, al menos hasta que haya conseguido llevarme todos los posts a la otra. Incluso es posible que no llegue a cerrarla nunca, y la deje como un recuerdo de mis primeros tiempos blogueros. Es decir, si los de Blogger no tienen ningún inconveniente, que nunca se sabe. Ya veremos. Por el momento os espero en mi nuevo domicilio.

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Mudanza

En estos tiempos en que tan absurdamente cara está la vivienda, he encontrado un nuevo alojamiento. Al antiguo no le pasaba nada, salvo quizás que tenía unas pocas limitaciones (no se podía sindicar, había que utilizar otros sitios para introducir imágenes) y alguna que otra imperfección (mis posts de agosto no han vuelto a aparecer, por desgracia). Por eso me mudo. Amueblaré mi nuevo alojamiento con Movable Type, que dicen que va muy bien, pero mientras tanto, mientras llevo a cabo la mudanza y me aprendo donde están las cosas en mi nuevo barrio virtual, mi domicilio sigue siendo este. Eso sí, no tengais miedo, cuando esté a punto de trasladarme, os avisaré.

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Continúo

Llevo varios días dándole vueltas a la bitácora, por así decirlo, pensando si sí o si no, si continúo o si la dejo. Parece absurdo, ¿verdad?, abandonar así, en pleno éxito, cuando las visitas rebosan lo que cualquier sistema puede medir. Hablando en serio, el problema es que creo que un viejo proyecto que lleva en marcha mucho tiempo podría verse beneficiado y llegar a su fin si le dedicara integramente mis escasas energías. Pero como el abandono de la bitácora tampoco implica que lo haga, he decidido continuar con ella. Además, como ya dije unos posts más atrás, estoy estudiando cambiar de sistema, y he encontrado una forma bastante interesante de hacerlo. Voy a pasarme a Movable Type, aunque por lo que he visto resulta un tanto difícil de manejar. Ya os contaré.

En fin, que me quedo, que continúo y que tengo algunos planes para darle una mayor coherencia a mi bitácora. Mis dos o tres lectores no tienen por qué preocuparse.

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