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Escribiendo en la edad de la distracción

Uno de los principales problemas que me aqueja a la hora de escribir Octaedro es mi facilidad para perderme tras un enlace, que me lleve a otro enlace, que me lleve a otro, y a otro… Reconozco que para mí tener un mundo de información y conocimiento, un mundo de palabras tan al alcance de la mano es la perdición. Cuando me siento frente a la pantalla del wordpress para intentar desgranar unas pocas palabras en un post, la necesidad de documentarlas frecuentemente me lleva mucho más lejos de lo que en un principio pretendía…, y me consume más tiempo del que había estipulado para llevar a cabo mi tarea.

Los consejos de Cory Doctorow son sencillos, y aparentemente obvios. Sin embargo, y como ocurre con todo lo obvio, con frecuencia es necesario recordarlo. Me quedo con dos: no investigues y mata a tu procesador de texto. El primero, por razones obvias: ese es justo mi gran problema ante un ordenador. El segundo, porque es cierto que los programadores utilizan generalmente herramientas sencillas para elaborar su código. Por algo será.

Cory Doctorow: Writing in the Age of Distraction.

Sharismo, una nueva filosofía vital

Es curioso como la red va creando actitudes y formas de ver la vida que contradicen, o al menos suponen una superación, a las que rigen fuera de la red. Durante mucho tiempo se creyó que las cosas se hacían únicamente por dinero. La perspectiva de ganar dinero era la que hacía trabajar a las personas. Sin embargo, con la aparición de internet esa forma de pensar cambió. Recuerdo las primeras webs, antes de la web 2.0, el P2P y las redes sociales. Tenía amigos que me decían que no entendían como alguien podía dedicar su tiempo a crear una página sobre un tema, aunque le gustara mucho, y poner en ella información vital para otros interesados en el mismo tema. Que qué ganaba con eso, me preguntaban. Yo también alucinaba, pero veía detrás de todo aquel voluntarismo pasión, pasión por un tema, pasión por compartir ese tema y la información de la que disponemos.

Ahora, con las redes sociales, con el p2p, la pasión de compartir ha llegado al alcance de los usuarios menos duchos informáticamente hablando. Por mucho que se condene desde las sociedades de gestión de la industria cultural, internet va derivando cada vez más hacia un ecosistema cuya principal motor es compartir. Hemos comenzado compartiendo producciones culturales con copyright, sí, pero hemos continuado con otras que lo han perdido (clásicos) o que nunca lo han tenido (copyleft). Cada vez más, quien comparte a su vez produce lo que comparte. Hemos pasado de ser consumidores pasivos de conocimiento a ser creadores, o al menos, transformadores, resumidores, adaptadores, de ese conocimiento.

La pasión por compartir, por crear conocimiento y ponerlo al alcance de los demás, en la espera de que los demás harán lo mismo y las ideas crecerán y se desarrollarán gracias a todas esas mentes interconectadas ha recibido el nombre de sharismo, un término procedente del inglés to share (compartir). Se podría decir que es una nueva filosofía a la que ha dado lugar la red y el desarrollo de fenómenos como los blogs y las redes sociales. Dolores Reig lo explica con detalle en su blog:

“El sharismo es el Espíritu de la Era de la Web 2.0. Tiene la consistencia de una epistemología naturalizada y de una axiología modernizada, pero también conlleva la promesa de una nueva filosofía en Internet. El sharismo pretende transformar el mundo en un Cerebro Social emergente: un híbrido interconectado de gente y software. Somos Neuronas en Red conectadas entre sí por las sinapsis del software social.”

No hay duda de que esa imagen de cada internauta como una neurona de un inmenso cerebro social es tremendamente atractiva. Es como formar parte de algo que nos trasciende y que, al mismo tiempo, no está compuesto más que de máquinas y personas. Personas a todo lo largo y ancho del mundo que comparten información y crean conocimiento y, en último término, contribuyen a la democracia:

“Cuanta más gente creativa participe en el espíritu del sharismo, más fácil será lograr unos medios de comunicación 2.0 bien equilibrados y equitativos hechos por la gente misma a su medida. Los medios de comunicación no serán controlados por ninguna persona concreta sino que residirán en la propia distribución de la red social. Los “shareros” (Héroes del sharism) se convertirán de forma natural en los líderes de opinión de la nueva red. Los derechos sobre los medios de comunicación pertenecerán a todos. Tú mismo puedes ser productor y consumidor en un sistema de este tipo.”

¿Una utopía esperanzadora en época de crisis? No hay duda de que estamos en un período de cambio.

Los libros y la red en Babelia

El suplemento cultural de El País, Babelia, tiene como tema principal hoy la revolución de internet en el mundo del libro. Explica cómo el mundo del libro, el más reticente hasta el momento en integrarse en la red, en aprovechar todas sus posibilidades, comienza a descubrir nuevas formas narrativas. Y, sobre todo, comienza a darse cuenta de que la escritura y la red no son enemigas, sino que están condenadas a entenderse. Les está costando. Todo eso de lo que hablan en El País ya es casi viejo en la red, pero, personalmente, siempre me alegro cuando alguna posibilidad de la red, algo que comienza a imponerse, a desarrollarse, salta a los medios de comunicación tradicionales. De hecho, creo que de un tiempo a esta parte ha dejado de mencionarse a internet exclusivamente en relación con la pederastia o el ciberterrorismo. Ahora también se habla de literatura. Es un avance.

Me voy de vacaciones. La semana que viene estaré alejado de la red, pero no de los libros (al menos, no del todo). Tal vez a la vuelta tenga material para retomar aquellos comentarios sobre mis lectura que hace tiempo que no hago.

(Por cierto, ¿alguien entiende esa obsesión que tiene El País por no enlazar? En los artículos que os comento se mencionan un montón de páginas web. Pues bien, no hay un maldito enlace. ¿Alguien entiende por qué?)

Mi Literaturas!

Comienzan a proliferar las redes sociales literarias. Primero fue Red de blogs y libros, ahora Mi Literaturas! Es una iniciativa de literaturas.com que descubro a través de Magda. Lo que la hace especialmente interesante es que, a decir de su editor, Nacho Fernández (editor también de literaturas.com), existe la posibilidad de conversar con los propios autores y editores. Corro a apuntarme.

La asesina de la cultura

The Cult of the AmateurEsta claro que internet les inquieta, y cada vez más. Sienten que están perdiendo el control de los contenidos, que, por primera vez, no son imprescindibles para que alguien publique sus textos o su música. Me refiero a la industria cultural, informativa, cinematográfica. Es decir, a los que marcan lo que se lee, se escucha, se ve. Y está claro que les inquieta porque, de cuando en cuando, nos encontramos con alguna profecía catastrofista sobre la influencia que Internet puede tener en nuestra sociedad. Hemos oído hablar del efecto adictivo que tiene en sus usuarios, de la utilización que hacen de la red pedófilos y terroristas, de cómo el intercambio de archivos va a acabar con los autores y, en último termino, con la cultura. Precisamente esto último es lo que Andrew Keen dice en su libro-denuncia, recientemente publicado (noticia en 20 minutos). Nada menos que Internet está asesinando a la cultura. Y lo dice en el título: “El Culto del Aficionado: cómo Internet está matando nuestra cultura y asaltando nuestra economía”. Ahí es nada.

El problema para él ya no es el p2p, sino la web 2.0, es decir, la facilidad de publicar contenidos de cualquier tipo en la red. Y es un problema porque el papel de los profesionales de la cultura se diluye entre tanto griterío internetero. Vale ya tanto la opinión del profesional como la de los aficionados, con lo que estamos creando una “cacofonía donde todo importa y nada importa”. El autor arremete contra servicios como la Wikipedia y Youtube, al que denomina “plataforma para el exhibicionismo narcisista”. Y propugna un uso responsable de la red, en el que los profesionales del mundo de la cultura vuelvan a tener un papel central. Es decir, que la distinción entre productor y consumidor de cultura, que el uso actual de internet parece haber diluido, vuelva a instaurarse.

En Ciberescrituras (a través del cual he llegado a la noticia), Juliana Boersner contesta a alguno de los planteamientos del autor de este polémico libro. Juliana habla de un cambio en el concepto de cultura, un cambio que será irreversible

Tenemos que partir de una noción de cultura muy distinta a la tradicional. Los antiguos cánones de tipificación han sido fragmentados porque ahora quienes dicen qué es la cultura, son cada vez más todos los integrantes y constructores de esa cultura. No los catedráticos y parece que eso molesta mucho al Sr Keen. Y es que no deja de ser desconcertante este cambio, pero a mi juicio es un cambio que no tiene retorno.

A mí cada vez me impacientan más estas advertencias catastrofistas. Algo está cambiando, y está cambiando muy profundamente. Por el momento han perdido el control de la red, puede que lo recuperen mañana, que consigan hacernos pagar por cualquier cosa que obtengamos de la red, o nos impidan publicar lo que queramos. Pero por el momento, las cosas están así. Por supuesto que los planteamientos de Andrew Keen y de tantos como él son interesados. Están dirigidos claramente a favorecer a la industria cultural, lo que me indigna doblemente, porque la llamada industria cultural no es ese garante de la calidad y de la cultura que se nos quiere hacer creer. La industria cultural está descaradamente volcada en ofrecer mero entretenimiento, cuando no pura bazofia, y su principal finalidad, diga lo que diga, no es preservar la cultura, sino llenar la bolsa. Así que la “cacofonía donde todo importa y nada importa” puede que no sea tal, sino pluralidad, multiplicidad de voces y propuestas no mediatizadas por los intereses económicos de los productores tradicionales de cultura. Tal vez la cacofonía esté en el otro lado, en la cultura oficial. Al menos en una parte de esa cultura oficial. ¿Quién puede asegurar que de todo lo que se publica en papel, nada en ningún caso forma parte de esa cacofonía? Y esas segundas y terceras partes de películas taquilleras, descaradamente creadas para aprovechar el filón económico, ¿no tienen algo de cacofónico, también?

Es innegable que la red es inmensa, que cada vez lo es más. Todo el mundo puede publicar, todos podemos ser autores. Todos llegamos en igualdad de condiciones a la red, sin que ningún intermediario nos impida mostrarnos a los demás. A partir de ahí, está claro que necesitaremos sistemas que filtren de alguna forma todo ese material, sistemas que orienten en medio de la selva digital. Esos sistemas tendrán detrás personas que jugarán el papel del profesional de la cultura al que se refería Andrew Keen. Pero no será un profesional a sueldo de nadie, sino alguien que, a su vez, estará sujeto a evaluación por parte de la red. En la red el estatus lo otorga, no el respaldo de una firma internacional, sino la atención que uno sea capaz de suscitar. También hay gurús, pero aquí es más fácil que cualquiera pueda llegar a serlo, o que alguno establecido deje de ser considerado imprescindible. Dependerá, como en último termino depende todo lo que se publica en la red, de que los demás le lean, de que su sitio obtenga visitas.

En definitiva, que la cultura está cambiando. Aunque algunos no sean capaces de aceptarlo.

Todos escritores

Una de las características de la llamada web 2.0 es que, por primera vez, el productor de contenidos pasaba a ser cualquiera que tuviera una conexión a internet y algo que contar. Los blogs son el principal ejemplo de ello, pero esa tendencia también llega al mundo real, al que está fuera de la red. Lulu.com, una iniciativa de Bob Young (creador de Red Hat) no es la primera que se plantea la edición por cuenta del autor, pero sí la primera que lo hace estableciendo un porcentaje tan elevado de participación en los beneficios que produzca su obra: un 80%. Se trata de edición bajo demanda: solamente se imprimirán los ejemplares que ya tengan comprador. Y los beneficios para Lulu.com vendrán, si todo sale como Bob Young planea, de la abundancia de autores: en vez de contar con unos pocos autores que vendan mucho, como una editorial tradicional, el proyecto de Young busca tener muchos autores que vendan un poco.

El País: El ingrediente secreto de Lulu.com es que damos al autor el 80% de los beneficios

Lulu.com

Hablando de otra cosa, he actualizado Octaedro a Wordpress 2.2., más que nada por los problemas de seguridad que, al parecer, presentan todos los Wordpress 2.1. Hay una novedad muy interesante en este Wordpress, pero por el momento no he podido usar de ella. Los widgets. Al parecer facilitan la disposición de la barra lateral, pero no todos los temas los admiten, al menos sin una manipulación previa del código. Parece ser, porque tampoco lo he estudiado a fondo.

Upgrading Wordpress

El factor humano

Después de las celebraciones navideñas, de la comida y bebida abundante, villancicos infantiles y variadas visitas a los templos del consumo, es un placer sentarse nuevamente frente a la pantalla del ordenador para comentar algo, lo que sea, o para bucear en la blogosfera. Pero es el periódico el que me llama la atención, una noticia que veo “oficializada” en El País pero que ya me había llegado por otros medios. Me refiero a lo que se propone Jimmy Wales, el fundador de la Wikipedia. Nada menos que crear un buscador que le haga la competencia a Google. Su baza: sería un buscador basado en la personas, en el elemento social de la red. Es la evolución natural de la web 2.0, de los sitios colaborativos, de los blogs. Al final el buscador somos nosotros, la tecnología no es más que una prolongación del ingenio humano. Es posible que nunca llegue a haber un megacomputador que rija los destinos humanos, o que las máquinas se revelen contra el hombre, porque, al contrario de lo que pensabamos que ocurriría, con el paso del tiempo estamos llegando a la conclusión de que el factor humano no puede ser obviado. Es incluso fundamental. Bien por ello.

El nuevo lector

No sé si os ocurre lo mismo a vosotros, imagino que sí. A menudo me pierdo en la red. Me pierdo entre las palabras, entre los enlaces que me llevan a nuevas palabras. Desemboco en páginas inesperadas que me proporcionan nuevas palabras, y nuevos motivos de reflexión. A menudo me desespero cuando, después de una travesía de estas, me doy cuenta de la cantidad de tiempo que he consumido y que podría haber dedicado a cosas más urgentes -cosas que figuraban en mi agenda-. Soy un nuevo tipo de lector. Lo dice José Antonio Millán en este magnífico artículo: el lector Control F. José Antonio Millán cree plenamente en la vigencia de la red, cree que la red no va a suponer el final de nada, sino la mejora de muchas cosas. De la experiencia de la lectura, entre ellas. Y ello solo redunda en beneficio de los lectores, de los autores que solo anhelan ser leídos, incluso de los editores:

¿Quien va a salir ganando con esta situación. Todos: los autores, a los que el voraz flujo de novedades en las librerías ya no va a privar de lo que más les interesa: ser leídos (¡aunque sea en pantalla!). Los editores, porque gracias a los índices electrónicos mucha gente va a saber qué hay en el interior de sus libros, y gracias a las páginas de muestra los lectores van a transmitir su entusiasmo a otros. Y los bibliotecarios, porque ni soñando podían haber pensado en un cumplimiento mejor de su misión.

(Vía Libro de Notas)

Tres cuestiones noticiosas

Tres cuestiones que me han llamado la atención esta mañana hojeando la versión virtual de El País. La primera, el fallecimiento de Joseph Barbera, el único integrante del dúo Hanna-Barbera que quedaba vivo. Por si no os suena de nada, os diré que son los autores de Los Picapiedra, Tom y Jerry, El Oso Yogui, Los Supersónicos. Yo crecí con esos dibujos animados, tenía libros gordísimos de cómics con esos personajes (los conocidos como Películas), y me sabía de memoría sus aventuras.

La segunda, la noticia de que Google ha firmado una alianza con la NASA para surtirnos de imágenes de la Luna y Marte y para que podamos seguir desde nuestro ordenador las actividades de exploración espacial. Parece que la Tierra se les ha quedado pequeña a los chicos de Google. El buscador sin fronteras llegará a otros planetas. ¿Algún día introducirán imágenes del interior del cuerpo humano para que podamos recorrerlo desde la pantalla de nuestro ordenador?

La tercera, por último, es la vigencia de la blogosfera rusa, que, por lo visto, crece sin parar como consecuencia del control que ejerce el gobierno de Putin en los medios de comunicación tradicionales. ¿Será Rusia el segundo país, después de China, en tratar de impedir a sus conciudadanos el acceso a los blogs y a otros recursos? ¿Las empresas occidentales se autocensurarán si el todopoderoso Putin se lo exige?

Una novela en colaboración

Me encuentro por la red (a través de eCuaderno) con un proyecto colaborativo que me llama poderosamente la atención. Escríbeme. Se trata de escribir una novela entre muchos autores, con el planteamiento (tanto que el proyecto se ha basado en su código) de Menéame. Es decir, los autores, registrados, irán proponiendo frases que continúen la historia; todos, autores registrados y visitantes anónimos, votarán dichas frases; y la que obtenga más puntos se incluirá en la historia. Es un ejemplo más de página colaborativa, muy web 2.0, pero con una idea que me parece sumamente interesante, tanto que voy a darme de alta como autor. El relato, como no podía ser menos, ha virado nada más comenzar hacia lo policíaco. Aún es pronto para decirlo, pero puede ser que llegue a interesante, aunque los personajes tendrán que cobrar más fuerza. Por el momento, me he limitado a votar por la segunda de las frases pendientes de aprobación.

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