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Copyleft: la respuesta de internet

Interesante el artículo que publica Miguel hoy en su bitácora Boulé. En realidad, se trata de la eterna disyuntiva que enfrenta a la red con el mundo de la industria cultural. Copyright contra copyleft. Internet trajo la transmisión de contenidos culturales inmediata, personal y libre en muchos casos de la intermediación de las grandes empresas que hasta ese momento la habían tenido en exclusiva. Es decir, cambió, supongo que definitivamente, la forma de transmisión de la cultura. Pero esas mismas empresas intermediarias no están dispuestas a admitir que su modelo de negocio esté destinado a la desaparición, y se defienden como gato panza arriba con el endurecimiento de las leyes de copyright. Internet contesta creando el concepto de copyleft. Es la colaboración, la creación de algo entre todos, la idea de que todos podemos usarlo todo, observando únicamente una regla: citar la fuente, mencionar al autor de aquello que usamos. Y en esa lucha estamos. Miguel se queja de que, además de que la industria de la cultura tiene las leyes de su parte (en gran medida), en muchas ocasiones ni siquiera respetan los derechos que dicen defender, por supuesto, cuando estos corresponden a otras personas. ¿Es el poder, en este caso económico, contra la sociedad civil? ¿Deberíamos limitarnos a consumir lo que preparan para nosotros, sin crear contenidos alternativos?

Actualización: Sin tener plena conciencia de ello, había colocado exactamente (casi) el mismo título que Miguel utiliza en el post al que hago referencia. Procedo a cambiarlo

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Buscando en nuestro disco duro

Es curiosa esta competencia para lanzar una herramienta de búsqueda que funcione en nuestro propio ordenador. ¿Será que en el futuro intenet se alimentará exclusivamente de lo que almacenen los ordenadores personales, que la epoca de los grandes servidores podría llegar a tocar a su fin? Se me ocurre imaginar, quizá sea una tontería, una internet compuesta de nuestros propios ordenadores, encendidos día y noche y constantemente conectados a la red, desde los cuales serviríamos nuestras propias páginas, así como archivos que nuestros visitantes pudieran apetecer (p2p, por mucho que les pese a las discográficas). Para eso tal vez sirvan estas herramientas que buscan entre nuestros propios contenidos. Y quizá entonces el acceso a la red a través de la banda ancha se considere un servicio público por el que únicamente debieramos pagar nuestros correspondientes impuestos, sin que ninguna compañía privada nos exigiera una cantidad desorbitada por un servicio prestado (en la mayoría de los casos) en condiciones penosas.

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Quince millones de libros en la red

Internet es un hervidero de iniciativas tentadoras, como la que han emprendido la Biblioteca Pública de Nueva York y Google. Se trata, nada menos, que de digitalizar 15 millones de libros para ponerlos al alcance de los internautas. Y totalmente gratis, ya que son libros que no están sujetos a las leyes de copyright. ¿Llegará la red algún día a ser lo que todos soñamos, el almacén virtual de todos los conocimientos de la humanidad, al alcance de cualquiera a través de una pantalla de ordenador? Algunas iniciativas apuntan hacia ese futuro, aunque otros se resisten como gato panza arriba a esa libertad de acceso a los contenidos culturales que podría significar el fin de sus tradicionales negocios de transmisión de cultura.

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Mala espina

No sé por qué, pero me causa mala espina tanto comentario sobre el Firefox. Me pasa lo mismo que a todos, supongo: me gustaría ver como el monopolio de Microsoft comienza a hacer agua. Pero no para que sea sustituido por otros. El software open source me parece una maravilla, un sueño. Pero los sueños tienen la mala costumbre de no ser reales, y en el fondo de todo este movimiento puede haber dos tipos de personas o entidades: aquellos que realmente creen que el software debe ser libre, que internet debe ser libre; y los que sólo buscan aprovecharse de este movimiento para ir conquistando posiciones que más adelante les otorguen el monopolio del que ahora disfruta Microsoft. Ahí está Google. ¿Qué hará cuando tenga el poder absoluto?

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¿Internet en nuestro ordenador?

Ayer instalé la nueva herramienta de búsqueda de Google en mi ordenador, sí, esa que venían anunciando desde hace algún tiempo y que ha salido en versión beta. No pude resistir la tentación de probarla, aunque a decir de algunos de mis conocidos, no cabe mayor tontería, puesto que uno sabe qué es lo que tiene en su ordenador. Claro que ellos no son buscadores compulsivos de información, como yo, que atesoro cualquier texto que considero interesante como otros atesoran música o películas, aunque probablemente no vaya a volver a leerlo en mucho tiempo.

Funciona conjuntamente con el buscador tradicional, hasta el punto de que te ofrece las dos opciones: buscar en la red o buscar en tu ordenador. Pero también funciona cuando el ordenador está desconectado. Su principal limitación es, por el momento, el formato de los documentos en los que busca, que se limita a los de office y al pdf, aparte, claro está, de los mensajes de correo y las páginas web visitadas. A mi me afecta está limitación, puesto que tengo una base de datos Knosys que recoge una gran cantidad de textos, y que resulta totalmente opaca para el programilla este de Google. Supongo que en versiones posteriores ampliarán el número de formatos en los que se puede realizar la búsqueda.

La idea de este buscador resulta chocante en un primer momento (véanse mis conocidos), pero dado el tamaño de los discos duros actuales y de todos los dispositivos de almacenamiento de información de que disponemos, parece que la tendencia actual es no borrar prácticamente ningún documento (esa es la filosofía que Google promociona a través del Gmail, no borrar los correos electrónicos) con lo cual se hacen necesarias herramientas que nos permitan encontrar algo en el caos de información que atesoraremos en nuestras propias máquinas. No sé si la acumulación de casi cualquier cosa es buena o no, si lo único que va a producir es más caos, ya no sólo en la red, sino en nuestro ordenador. Pero esa parece ser la tendencia.

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El peligro de internet

La sobreabundancia de información que permite internet la convierte en uno de los grandes peligros del futuro. Eso es lo que dice Umberto Eco en una entrevista que publica hoy un diario alemán. Cada uno de nosotros puede, merced a esa información caótica y abundante, crearse su propia enciclopedia, su propia biblioteca y ver confirmada constantemente su visión del mundo, sin que exista un filtro común para todos, como era hasta ahora la cultura tal y como la entendíamos. Y eso, sigue diciendo el autor italiano, a la larga puede ser más peligroso que el enfrentamiento entre el Islam y Occidente.

Supongo que tiene razón. En cierta medida tiene razón. La cultura oficial, por decirlo de alguna forma, es un filtro relativamente eficaz para saber qué tiene importancia y qué no lo tiene, qué es cierto y qué no lo es. En internet la facilidad de publicar y comunicar juega en contra de esa certeza, esos filtros no existen… ¿O, sí? El problema, a mi modo de ver, es que internet se toma como un todo, como una realidad completamente separada de las demás. Y no es así. Internet es un canal en el que conviven muchas realidades. Exactamente igual que el mundo de la prensa, de las editoriales, de las televisiones. En el mundo real también hay un caos de información, y los filtros no son tan evidentes como parecen. Lo que ocurre es que hay determinados medios (prensa, editoriales, televisiones) que tienen un prestigio ganado que les permite actuar de filtros sobre la realidad. Exactamente igual podría ocurrir en la red, si no ocurre ya. No hay nada que impida la existencia de medios creíbles que sirvieran de filtros de contenidos, exactamente igual que en esa cultura oficial. Y uno, cuando navega, debería saber casi siempre dónde lee las cosas y la confianza que le merecen los sitios donde las lee.

Para mí, ese es el error de Eco, considerar a internet como una realidad independiente, como un mundo caótico en el cual no existen reglas. Quizá lo que ocurra es que el mundo, en general, no sólo el de la red, es cada vez más caótico. Internet es un canal que amplifica ese caos, pero no es el caos en sí mismo.

También mencionan el tema:
Atalaya
Barrapunto
Pensamientos radicalmente eclécticos

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El ágora virtual

Llego, a través de Reflejos, al discurso que el escritor argentino Tomás Eloy Martínez pronunció hace unos días en la inauguración del Congreso Mundial sobre Bibliotecas e Información. Coincido con Fabián en lo bellísimo y emocionante del discurso, pero lo que más me llama la atención son las siguientes palabras:

El reino de lo virtual nos ha devuelto, en cierto modo, a la forma comunitaria de leer, de comunicarnos y de interactuar a través de los signos. Así, la especie humana ha ido derivando del ágora original, de la creación por capas superpuestas de lenguaje, a la intimidad entre autor y texto, y desde allí ha vuelto a una forma diferente de ágora, en la que el lector, solo frente a su teclado, entreteje su experiencia con los infinitos textos que se le cruzan en la red. Los libros o informaciones que circulan en ese espacio virtual pueden ser hallados y tomados por quien los desee -y de hecho, así sucede con frecuencia-, modificados por comentarios o reescrituras que van naciendo mientras se lee.

Poco a poco, esta nueva forma del ágora, este purgatorio o cielo de lo virtual, se ha lanzado a crecer como un árbol incontenible. La biblioteca de Babel, aquella en la que Borges incluía todos los libros pasados y los no escritos, y las variaciones de cada uno de esos libros, ha llegado antes de lo que se pensaba. Ya está entre nosotros.

Con internet hemos vuelto a la creación comunitaria, a la palabra escrita como producto no solamente del autor inicial, sino también de todos los lectores por cuyas manos va pasando. Hacia ahí apunta la nueva concepción de derechos de autor que busca imponerse en la red y que con tanto denuedo combaten desde fuera de la red quienes tienen una concepción tradicional de la comunicación escrita. Porque internet es precisamente eso, interacción, intercambio, enriquecimiento mutuo y facilidad para la comunicación. Supongo que antes o después el sistema tradicional terminará por saltar. Porque la red existe y sus posibilidades no van a desaparecer sólo porque determinados intereses así lo quieran

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¿Todo gratis?

El mundo de la red se mueve. Encuentro otro artículo (en Libro de notas) que propone un tema siempre aplazado, del que parece que no se quiere hablar muy alto: el pago por contenidos. La red es gratuita, hoy por hoy, pero parece meridianamente claro que dejará de serlo en un futuro no muy lejano. Marcos Taracido pone el dedo en la llaga: determinados sitios no tendrán más remedio que cerrar y dejar la labor que hacían hasta ahora. No sólo es que lo hicieran por amor al arte, empleando su tiempo y su esfuerzo sin ninguna compensación económica, es que encima, si tienen un éxito, se encuentran con el problema de que deben pagar más espacio al servidor de hosting (resulta que cuanto más tráfico generas, más dinero tienes que aportar a los únicos que cobran en la red).

Se trata de buscar soluciones para cambiar una mentalidad que, en mayor o menor medida, todos tenemos: la de que en internet todo tiene que ser gratis. Es un tema de reflexión muy peliagudo. Entiendo (y comparto en gran medida) las razones de Marcos Taracido y de todos los que aspiran a mantener un sitio de calidad en internet, pero me cuesta trabajo abandonar la idea de que en la red puedo obtener cualquier cosa que quiera o necesite sin tener que pagar en alguna medida por ella.

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Internet y el futuro

Poco a poco, la red va cambiando la relación del publico con los medios de difusión de la cultura. No querer ver eso es una soberana estupidez. Ahora bien, la forma que adopte en el futuro esa relación es algo que, hoy por hoy, no podemos saber con seguridad. El disco, tal como lo entendemos, está condenado a desaparecer. Lo mismo le ocurre al libro y las formas de edición tradicionales. ¿Cómo accederemos en el futuro a estos dos bienes culturales? Sí, a través de internet, de acuerdo. ¿Pero gratis, como hasta ahora, o pagando? ¿Continuarán existiendo sitios en los que uno se pueda descargar el último éxito literario o musical sin coste alguno? ¿O terminarán por encontrar la forma de impedir el ansia de compartir que experimentan la mayoría de los internautas?

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Etapas en la vida de un internauta

Yo no he pasado de la tercera etapa, pero eso es más bien un problema personal.

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