Archive for the tag 'libros'

La cena, de Hernan Koch

La cenaUna indigente muere abrasada en el cajero automático en el que dormía. Los culpables, tres chicos de clase media que se querían divertir. Todo comenzó como una broma, una travesura. Posteriormente en el juicio declararían que solo pretendían molestar, nunca matar. Cuando se percataron de que aquello que olía tan mal en el cajero, aquel revoltijo de mantas, era una mujer -porque también eso subyace en el fondo de toda la historia, que la indigente era una mujer  y, por tanto, débil-, comenzaron a tirarle cosas, bromeando, probablemente insultándola. Hasta que a alguno de ellos se le ocurrió tirarle además una lata con un líquido inflamable y prenderle fuego.

La historia ocurrió en Cataluña, en 2005. Hernan Koch la ha utilizado como tema central de su novela La cena. El planteamiento parte de una sencilla pregunta: ¿Qué harías si supieras que tu hijo ha asesinado a alguien? ¿Lo denunciarías? A lo largo de la novela Koch nos muestra la respuesta a esa pregunta de varios personajes, al tiempo que nos empuja a buscar nuestra propia respuesta.

Dos parejas quedan para cenar en un restaurante de lujo. Deben hablar del futuro de sus hijos, envueltos en un suceso que echará a perder sus vidas si se llega a conocer su identidad. Ellos son los únicos que saben que sus hijos participaron en el asesinato de la indigente del cajero automático, un caso que ha conmocionado a todo el país. Deben decidir que hacer.

Koch presenta una galería de personajes con caracteres bastante definidos. En primer lugar tenemos a los hermanos Lohman, padres de los chavales. Serge Lohman se dedica a la política y tiene grandes posibilidades de convertirse en el próximo primer ministro del país. A decir de su hermano, que es quien narra la historia y desde cuya mirada subjetiva vemos todo lo que ocurre, es el típico político fatuo, siempre preocupado de su imagen y de la ganancia o pérdida en votos que puede suponer cualquier comportamiento público. Desde que sus posibilidades de hacer carrera en la política se han acrecentado, se ha aficionado al lujo: buenos vinos, restaurantes caros (como aquel en el que se celebra la presente cena). Su hermano, Paul, es un hombre tranquilo, aparentemente sencillo, que le desprecia por anteponer su carrera política a cualquier otra cosa. Sin embargo, poco a poco nos vamos dando cuenta de que no es tan razonable como aparenta ser. Mediante flashbacks que se insertan a lo largo de la novela y que narran algunos momentos puntuales de su vida, se ponen de manifiesto lo que podríamos llamar sus peculiaridades. En realidad, se trata de un personaje irascible, propenso a perder los estribos y a arreglar los problemas mediante la violencia. La presencia de su hijo en algunas de esas situaciones no le disuade de su comportamiento, al contrario, parece que, de alguna manera, le enardece ser contemplado por él.

Babette y Claire son las mujeres de Serge y Paul, respectivamente. Claire es una mujer decidida y que sabe lo que quiere. Babette es más indecisa. En ocasiones la vemos cercana al desprecio hacia su marido, pero cuando está a punto de que ese desprecio tenga alguna consecuencia de importancia, enseguida recula, para desesperación de su cuñado, deseoso de verla enfrentarse a su aborrecido Serge.

Por otro lado están los chicos. Michel, Rick y Beau, también llamado Faso, un niño africano adoptado por Serge como forma de mostrar un rostro más concienciado y progresista ante la opinión pública. Al menos eso es lo que cree Paul. Michel es el lider del grupo y, según sospecha Serge, una mala influencia para Rick.

La noche del asesinato los tres andaban de juerga. Necesitaban algo de dinero para poder continuar con su peregrinación nocturna, así que se acercan a un cajero automático en el que descubren un amasijo de mantas y un olor nauseabundo que les cuesta soportar. Oculto bajo él duerme una indigente que les increpa cuando la despiertan. A partir de ese momento, se burlan de ella, le arrojan objetos. Y como el suceso real en el que se basa la novela,  al final alguien lanza una lata con un líquido inflamable y aparece un mechero.

Aunque las cámaras de seguridad del banco graban parte del suceso, nadie puede reconocerlos porque van cubiertos con capuchas. Nadie excepto sus padres. La madre de Michel, Claire, conoce la historia la misma noche, mediante la confesión de su hijo. Su padre, viendo las imágenes de las cámaras de seguridad del banco en un programa de televisión. Le reconoce sin lugar a dudas. Los padres de Rick y Beau, también se enteran de lo ocurrido. Y como ellos se plantean qué hacer.

A partir de este momento surge el conflicto. Beau, que no ha participado en la agresión, tiene, sin embargo, una grabación de video en la que se les ve el rostro. Amenaza con subirla a internet si no le pagan 3.000 euros. Por su parte, Serge  siente que un suceso así terminará con con su carrera política, así que se plantea no comenzarla siquiera: quiere confesar que su hijo es el culpable de la muerte de la indigente e inmediatamente después presentar su dimisión. Pero la familia que forman Paul, Claire y Michel no está dispuesta a permitir que nadie acabe con su felicidad o con su futuro. Y el resto no se puede contar.

La mirada de Koch sobre la sociedad es irónica. Un restaurante de lujo, con una absurda exhibición de platos de mínimo contenido alimenticio pero profusamente y ridículamente explicados por el maitre. Un político feliz de serlo y de las perspectivas que se le presentan, que acude al restaurante preocupado únicamente por ser reconocido y admirado. Ambos son los elementos para la ironía. El resto es una familia aparentemente integrada y feliz pero que esconde una disfuncionalidad. Sobre todo Paul, pero también Claire y Michel no hacen ascos al recurso a la violencia cuando algo se interpone en su camino.

Y ahí radica precisamente la mayor diferencia entre la novela y el suceso real. En la historia de Koch, la familia es el caldo de cultivo necesario para el comportamiento asesino del hijo. Con esa familia, con un padre agresivo hasta la violencia y una madre tolerante, incluso complaciente, con esos estallidos de rabia, parece que lo normal es que el hijo termine protagonizando un suceso como el que se narra. Hay complacencia en la violencia, premio para ese tipo de comportamientos. Sin embargo, la realidad fue mucho más inquietante. Allí no había un padre con esencia de psicópata, ni una madre satisfecha con los “huevos” de su macho. No, allí había una familia normal, de personas tranquilas y en absoluto agresivas. Si el germen de la violencia fue transmitido de alguna manera (cosa que no sabemos, aunque podamos sospecharla), no fue mediante el ejemplo. Tal vez fue a través de las palabras. A veces la violencia que se ejerce mediante las palabras puede ser mucho más perniciosa, sobre todo porque puede conducir a otros a poner en práctica lo que se dice. Quizá eso ocurrió en este caso.

Entradas relacionadas:

Soledad e indecisión. Juventud, de Coetzee

JuventudNo hace mucho tiempo que leí la última entrega de las memorias de Coetzee: Verano. No he hablado de él en Octaedro porque, como habreis podido comprobar, Octaedro ha estado injustificadamente abandonado desde las polémicas elecciones de mayo. Lo haré más adelante, puesto que es probable que vuelva a leer la novela.

Cuento todo esto porque el último libro que he leído es, precisamente, Juventud, el anterior en la trilogía vital de Coetzee. En su momento leí y comenté Infancia, pero no continué con las peripecias vitales de Coetzee. Y ahora, al leer Juventud, me pregunto por qué no lo hice. Juventud es la narración de las primeras experiencias del autor (encarnado en el personaje de un joven universitario) en otro país y en relación con sus primeros trabajos remunerados. Ha finalizado sus estudios de matemáticas en Sudáfrica y se marcha a Inglaterra sin saber muy bien por qué, ni qué es lo que quiere hacer allí. Tiene la vaga pretensión de convertirse en poeta, pero una vez en Londres no sabe cómo relacionarse con los círculos en los que, supone, se desarrolla el mundo artístico de la ciudad. Como no tiene más remedio que trabajar, de repente, sin saber muy bien cómo, se convierte en programador informático. Estamos en 1962 y la informática comienza a despegar. Son los tiempos en los que la primera empresa informática del mundo es IBM y allí recala Coetzee, matemático contratado para aprender la lógica de los ordenadores, unas máquinas prácticamente desconocidas, salvo para unas cuantas personas.

Pero Coetzee quiere ser poeta. Cada día se levanta, se enfunda un traje negro y va con su maletín hasta su despacho en IBM, un despacho gris e inhóspito en el que siente que está dejando su vida sin saber muy bien por qué. Se siente un oficinista (entonces no tenía ni idea de a dónde llegaría el mundo de la informática, ni la importancia que cobrarían posteriormente los programadores) aburrido y solitario y, lo peor de todo, no encuentra que su vida le vaya conduciendo a lo que siempre ha deseado, el arte. También hay otras tribulaciones que le aquejan, y que se relacionan con su anhelo del arte: su incapacidad para entablar una relación satisfactoria con una mujer. Está apegado a la imagen más conocida del artista, aquella que le supone una vida bohemia, dedicada al arte y al amor. Puede prescindir de la parte relativa a la bohemia (nunca ha entendido por qué el vivir sin dinero, dando sablazos a los amigos y sin pagar el alquiler, se entiende como algo relacionado con el arte), pero no del amor. Un poeta debe amar, si aspira a plasmar sentimientos auténticos en su poesía, y debe amar a mujeres fascinantes, o debe convertirlas en fascinantes al amarlas. Sin embargo, a él no le ocurre así. Sus relaciones son todas frustrantes por algo que hace mal y no comprende cuando se relaciona con mujeres.

En general, Coetzee no sale demasiado bien parado en sus propias memorias. Se suele mostrar a sí mismo como una persona tímida y retraida, con dificultades para relacionarse con los demás. Así ocurre también en Verano, su última entrega. Sin embargo, en Juventud ese retraimiento se une con la sensación de ser un extranjero en cierta medida despreciado (puesto que es un sudafricano blanco, un africaneer, en la época en que arrecia el apartheid y comienzan las condenas internacionales contra Sudáfrica), lo que ahonda aún más su sensación de aislamiento.

Juventud tiene un planteamiento más lineal que Verano, pero se tiene la sensación de comprender más profundamente al personaje en el que se encarna Coetzee.

Entradas relacionadas:

Un porno muy especial

Cuando veo estanterías cuajadas de libros ordenados, o desordenados, flamantemente nuevos, o viejos, dudo si alguna vez me acostumbraré al e-reader. Si la biblioteca que comienzo a almacenar dentro de mi ordenador alguna vez me hará sentir como la “bibliotequilla” que he reunido a lo largo de los años en mi casa. Sospecho que no, que leeré muchos libros digitales, pero que al mismo tiempo rezaré (es un decir) porque no desaparezcan las librerías de toda la vida, las que tienen algo más que novedades. Y porque en las bibliotecas públicas no lleguen a imponerse las pantallas sobre los libros.

A uno “le pone” ver tanto libro acumulado. En esta página lo saben, y por eso han acumulado tanto “porno” para amantes de los libros. Porno duro, todo hay que decirlo, que puede herir la sensibilidad del no lector. Y hacer las delicias del lector.

Bookshelf Porn.

Entradas relacionadas:

Mañana, al trabajo

Las vacaciones me han alejado de la red durante todo el mes, lo que supone una desconexión muy conveniente de vez en cuando. Y, ¡sorpresa!, se puede vivir sin la red, sin información de ningún tipo (sobre todo, sin la política), sin relaciones virtuales (las reales suelen resultar suficientes para hacer turismo, para la piscina y las terrazas de los bares). Se puede vivir sin ella, pero vivir con ella es mucho más interesante, aunque quizá me convendría ajustar un poco los ámbitos en los que me muevo. Tendría que hacer una pequeña limpieza en los blogs que sigo y en las redes sociales en las que tomo parte (precisamente para tomar parte de forma real, más frecuente). Participar en menos para participar mejor, sería la idea.

Filosofía no ha habido mucho este verano (he releído partes de uno de los libros de Onfray, La fuerza de existir), pero sí literatura. Günter Grass, Pelando la cebolla, que aún no he terminado; y otro libro, este muy curioso: Misterio, emoción y riesgo, una recopilación de escritos de Fernando Savater relacionados con la literatura y el cine de aventuras, policíaco y fantástico. Es una especie de enciclopedia de estos ámbitos literarios y cinematogŕaficos, y me ha abierto el apetito por volver a estos mundos (que nunca debí abandonar).

Por su parte, el de Günter Grass es el de la polémica de hace dos años. En él, Grass confiesa que a sus diecisiete años formó parte de las SS en los estertores del nazismo. Incluso no niega que lo hizo plenamente convencido y que en ese momento no había para él nadie mejor que el Führer. Un libro interesante para la reflexión que tal vez pudiera llevarnos a entender como puede ocurrir algo como lo que sucedió en Alemania antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Hablaré de ello cuando termine mi lectura.

En fin. Vuelvo entonces por aquí con un poco de filosofía (voy a continuar leyendo al francés e intentando captar algo de todos los autores a los que cita), y un poco de literatura fantástica y de ciencia ficción. Buena combinación, sin duda.

Y mañana, al trabajo.

Entradas relacionadas:

Dietario voluble, de Vila-Matas

Es un placer regresar de vacaciones y encontrarse con un nuevo libro de alguno de los autores que uno prefiere. Ahora es Vila-Matas (siempre preferido entre preferidos) el que se descuelga con un nuevo volumen. Ya andaba por las librerías de Madrid, pero me he tenido que enterar por la expectación que levantaba su llegada tardía a Mexico. Magda (como tantas veces) ha sido la mensajera de este Dietario voluble, recopilación, al parecer, de artículos publicados en El País, que me lanzaré a comprar en cuanto ponga un poco de orden postvacacional en todo este follón de maletas.

Recomienza la vida diaria después de el paréntesis agosteño.

Dietario voluble, Enrique Vila-Matas, Barcelona, Anagrama, 2008

Entradas relacionadas:

Los libros y la red en Babelia

El suplemento cultural de El País, Babelia, tiene como tema principal hoy la revolución de internet en el mundo del libro. Explica cómo el mundo del libro, el más reticente hasta el momento en integrarse en la red, en aprovechar todas sus posibilidades, comienza a descubrir nuevas formas narrativas. Y, sobre todo, comienza a darse cuenta de que la escritura y la red no son enemigas, sino que están condenadas a entenderse. Les está costando. Todo eso de lo que hablan en El País ya es casi viejo en la red, pero, personalmente, siempre me alegro cuando alguna posibilidad de la red, algo que comienza a imponerse, a desarrollarse, salta a los medios de comunicación tradicionales. De hecho, creo que de un tiempo a esta parte ha dejado de mencionarse a internet exclusivamente en relación con la pederastia o el ciberterrorismo. Ahora también se habla de literatura. Es un avance.

Me voy de vacaciones. La semana que viene estaré alejado de la red, pero no de los libros (al menos, no del todo). Tal vez a la vuelta tenga material para retomar aquellos comentarios sobre mis lectura que hace tiempo que no hago.

(Por cierto, ¿alguien entiende esa obsesión que tiene El País por no enlazar? En los artículos que os comento se mencionan un montón de páginas web. Pues bien, no hay un maldito enlace. ¿Alguien entiende por qué?)

Entradas relacionadas:

La lectura y sus modos

Bucear en las letras y las líneas, un interesante post de Miguel sobre el placer y la necesidad de la lectura, en unos tiempos en que la lectura se ha convertido en consumo superficial o en detestado peñazo cuando lo leído sobrepasa una determinada extensión o densidad:

Y cuántas lecturas caben de un mismo texto, por una misma persona, a lo largo de la vida, en diferentes momentos del tiempo. Una vida que se acerca a otra vida: eso es la lectura. Por eso hay tantas formas de leer y de bucear en las letras y las líneas.

Entradas relacionadas: