Archive for the tag 'literatura'

Sololiteratura.com

Sololiteratura.com, una página sobre autores hispanoamericanos que recoge datos biográficos y bibliográficos, incluso determinados textos de los autores o sobre los autores: entrevistas, conferencias, artículos, etc. También incluye una selección de enlaces de cada autor bastante completa. Sololiteratura.com tiene también una editorial (Editorial Candaya) y un blog con el que, supongo, que podremos seguir las nuevas incorporaciones a la página.

(A través de Libro de Notas)

Para iniciarse en la ciencia-ficción

La presencia de la ciencia-ficción en internet es enorme, cosa nada extraña, por otra parte, puesto que la propia ciencia-ficción es un campo inmenso. Hay muchos autores, la mayoría norteamericanos, por supuesto; hay muchas tendencias, subgéneros. Hay tanto que quien nunca ha penetrado en estas aguas tiene ciertamente difícil comenzar a hacerlo. Julián Diez reune unas cuantas pistas para despistados nuevos en el cotarro. Creo que tomar nota de ellas es una buena forma de comenzar en este campo literario.

Cómo profundizar en la ciencia-ficción

Nuevo libro de Auster

Tenemos nuevo libro de Paul Auster en España (en Estados Unidos lo tienen desde el año pasado). Brooklyn Follies. Siempre ha sido uno de los autores americanos que más me han interesado, aunque sus últimas novelas me dejaron un poco frío (prefiero las primeras y sus “ensayos”). Aún así, bienvenida sea esta última. Parece que en ella tiene un papel importante el tema político, no en vano Auster se ha comprometido en la oposición al gobierno de Bush, de lo que habla en la entrevista que publica hoy El País.

“En cada novela quiero reinventarme a mí mismo”

Dos literaturas

En todos los tiempo hay dos literaturas, paralelas y opuestas: una real y una aparente. Aquella llega a ser la literatura permanente, hecha por hombres que viven para la ciencia y la poesía, avanzando seria y acompasadamente, pero con mucha lentitud, produciendo en Europa una docena de obras por siglo, pero obras que quedan. La otra literatura está escrita por hombres que viven de la ciencia o poesía: llenando todos los años el mercado con muchos miles de obras, pero al cabo de algunos años se pregunta: ¿dónde están las obras? ¿Dónde está la gloria tan rápida y ruidosa? Puede llamarse a una literatura permanente y la otra pasajera.

Schopenhauer

Hay mucho más en Ideasapiens.

Premio Nadal

Eduardo Lago es el ganador del premio Nadal de este año. “Las leyes del mercado son una amenaza para la literatura”, en El País.

Aunque no entendamos nada

Los libros que me interesan son aquellos que el autor ha comenzado sin saber de qué trataban y los ha terminado igual, en la misma penumbra. Los libros que amamos son aquellos que, como decía Proust, parecen escritos en una lengua extranjera. Son aquellos que, felices de no entenderlos, seguimos leyendo con entusiasmo. Así lee César Aira, por ejemplo, y tal vez por esto anda a veces recordándonos que la primera función del arte es extrañar, romper los hábitos de la percepción y volver nuevo lo viejo.

Enrique Vila-Matas, Aunque no entendamos nada, suplemento Babelia, pág. 24, El País, sábado 28 de junio de 2003.

Sergio Pitol

La literatura light ha existido siempre. Al lado de Dickens, Balzac o Flaubert hubo otros escritores que hacían novelas dulzonas e irreales. Cada generación ha producido estos escritores, cuando yo era joven estaban A. J. Cronin, Vicky Baum y Lin Yu Tang, por ejemplo, quienes se dedicaban a lo suyo con una profesionalidad notable y no sentían competencia de Thomas Mann, de Virginia Wolf o de William Faulkner. Ni se molestaban porque no se hicieran tesis sobre ellos, ni por quedar fuera de las historias de la literatura. Tenían su público (ése que ahora ve telenovelas o lee la actual literatura light) ganaban mucho dinero y no creaban ningún conflicto en el mundo literario, los límites estaban muy claramente definidos y ningún escritor verdadero los hubiera insultado porque hubiera sido una villanía. Cada quien estaba en su feudo. Pero ahora las editoriales han hecho una combinación macabra: convertir a escritores que podrían ser serios, escritores de verdad, en escritores light. Y, en el camino contrario, algunos escritores ?y escritoras- que nunca hubieran tenido ningún prestigio porque son muy malos y sólo se manejan en los límites de lo light, son impuestos como si fueran Lampedusa o Stendhal y hablan de James Joyce como de un consanguíneo. No mencionaré a ninguno por no incurrir en villanía con esas pobres almas enfermas de vanidad.

La redacción tiende a la claridad, está sujeta a reglas fijas y se utiliza para describir un asunto. Un tratado o un manual tienen que estar bien redactados porque se necesita que todo se entienda claramente. La escritura, en cambio, no está sujeta a ninguna regla (excepto las de ortografí­a) y se alimenta de la parte irracional del individuo. El periodismo debe estar bien redactado; un texto literario no puede no estar bien redactado, pero además debe tener una gran pasión interna. La redacción es siempre visible, la escritura tiene varias capas, tiene un subsuelo y mientras vas leyendo el lenguaje te va sugiriendo otras lecturas. La redacción apunta al orden y la escritura a la locura.

Desde hace cuarenta años escribo un diario. A veces leo unos pasajes de distintos años. De repente salta la serpiente y se pone en movimiento. Doy unidad a lo disperso, a lo antagónico y de pronto estoy ya en la novela.

Las dos primeras citas proceden de un artículo de Milagros Socorro, Sergio Pitol: Una cosa es redactar y otra, muy distinta, escribir. La segunda, del post de El florido byte:Sergio Pitol, premio Cervantes 2005: rapto de bravura, que me recomendó Magda en los comentarios a mi poco inspirado post anterior. La primera me hace pensar en el reciente escándalo del premio planeta. La segunda, y en cierta medida la primera, deja clara la existencia de varios niveles en la escritura, niveles con finalidades diferentes y que, para Sergio Pitol al menos, no tienen la posibilidad de confundirse entre sí. Por último, la tercera representa la esencia de la escritura, una serpiente que se mueve y retuerce, que se enrosca y comienza de nuevo donde parecía haber terminado. Siempre que leo algo así en relación con la escritura pienso en el jazz y en la improvisación en la que se basa.

Sí, como me decían David y Magda, Sergio Pitol es muy recomendable. Es imperdonable que yo no haya abierto aún un libro suyo.

Saramago tiene nueva novela

Saramago es, probablemente, una de las voces más lúcidas de la literatura mundial, sino la más. En estos días publica una nueva novela “Las intermitencias de la muerte” que, por su título, sospecho tremendamente filosófica. Lo curioso es que es un autor que está en la primera fila de la literatura, cada uno de sus libros es un acontecimiento, pero no ha perdido su visión crítica y sus temas siguen siendo los mismos de siempre. Pocas concesiones a la galería, ahora que la galería tiene tanta importancia en el ámbito literario. Habrá que apuntar este libro en la lista.

Saramago:”No tengo esperanza de que la literatura pueda remediar los males de este mundo”

Proyecto Sherezade

A través del blog de Jorge Gómez, editor de Letralia, llego a la interesante página del Proyecto Sherezade. Una página mantenida por la Universidad de Manitoba, de Winnipeg, Canadá, que publica desde 1996 cuentos de autores hispanohablantes de todo el mundo. Imagino que el proceso de selección debe ser muy duro (el propio Jorge Gómez se felicita de haber conseguido publicar un cuento, Alarmas, después de haberlo intentado durante años), pero es una posibilidad más para quienes escriben ficción y publican exclusivamente en la red.

El placer de trabajar

El suplemento de libros de El País de ayer, Babelia, recoge una entrevista con el escritor inglés Ian MacEwan. Independientemente de los temas de los que en ella habla (relacionados con su último libro, Sábado, y con la guerra de Irak), hay algo que dice que me llama la atención:

[El trabajo] Me parece una área de la experiencia que no se explora mucho en la literatura contemporánea. No me refiero al trabajo en el sentido marxista de opresión o desde la perspectiva de que somos esclavos del trabajo. Conozco a mucha gente, incluido el tipo que está pintando la habitación de arriba (la entrevista se lleva a cabo en su casa de campo, que en este preciso momento está siendo decorada), que siente gran satisfacción con el trabajo y sus connotaciones de autoidentidad, estatus profesional… La liberación fruto de una concentración profunda no se describe ni se celebra lo suficiente. Estar absorto en el trabajo es uno de los placeres de la vida. No se corresponde exactamente con la felicidad, puesto que en ese momento ni siquiera sabes que existes y, sólo cuando terminas la tarea, saboreas esa libertad. Como dice Perowne: “Estás entonces totalmente cualificado para existir”.

En estas palabras coincide casi exactamente con Montaigne, que también, en algún lugar de sus memorias, dice:

Envidio la felicidad de aquéllos que saben gozar y obtener satisfacción con su trabajo, pues es un medio fácil de darse placer puesto que se saca de uno mismo. Especialmente, si se da cierta firmeza en su obstinación.

La entrevista se centra en el libro que McEwan acaba de publicar, Sábado, en el que relata los sentimientos y pensamientos de un neurocirujano durante una jornada en la que se dan las más importantes manifestaciones contra la guerra de Irak en Gran Bretaña. No es mi intención haceros aquí un resumen, así que si queréis saber del libro de McEwan, lo mejor que podéis hacer es leer esta reseña de Guillermo Martínez, “El ejemplo crítico”, o el propio artículo de Babelia (no soy capaz de encontrarlo en la red, ya sabéis que El País e Internet mantienen una relación un tanto tensa). Lo que me interesa ahora es, exclusivamente, esa concepción del trabajo como fuente de placer y de libertad. Y más en el caso de la literatura, en el que se dan aún más las condiciones para uno sufra un “rapto” mientras escribe una novela. Al fin y al cabo, narrar una historia es casi vivirla. El autor asume temporalmente otra personalidad (o se trata de la suya en otra época de su vida) mientras “sueña” situaciones y peripecias. Eso le separa de la realidad inmediata y le induce una especie de sueño despierto. Como alguien me dijo una vez, el escritor “juega” como un niño a crear un mundo que no es el real, el inmediato. En ese sentido, la escritura debe ser una de las profesiones más absorbentes y más capaces de producir ese placer del que hablan McEwan y Montaigne.

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