La literatura light ha existido siempre. Al lado de Dickens, Balzac o Flaubert hubo otros escritores que hacían novelas dulzonas e irreales. Cada generación ha producido estos escritores, cuando yo era joven estaban A. J. Cronin, Vicky Baum y Lin Yu Tang, por ejemplo, quienes se dedicaban a lo suyo con una profesionalidad notable y no sentían competencia de Thomas Mann, de Virginia Wolf o de William Faulkner. Ni se molestaban porque no se hicieran tesis sobre ellos, ni por quedar fuera de las historias de la literatura. Tenían su público (ése que ahora ve telenovelas o lee la actual literatura light) ganaban mucho dinero y no creaban ningún conflicto en el mundo literario, los límites estaban muy claramente definidos y ningún escritor verdadero los hubiera insultado porque hubiera sido una villanía. Cada quien estaba en su feudo. Pero ahora las editoriales han hecho una combinación macabra: convertir a escritores que podrían ser serios, escritores de verdad, en escritores light. Y, en el camino contrario, algunos escritores ?y escritoras- que nunca hubieran tenido ningún prestigio porque son muy malos y sólo se manejan en los límites de lo light, son impuestos como si fueran Lampedusa o Stendhal y hablan de James Joyce como de un consanguíneo. No mencionaré a ninguno por no incurrir en villanía con esas pobres almas enfermas de vanidad.
La redacción tiende a la claridad, está sujeta a reglas fijas y se utiliza para describir un asunto. Un tratado o un manual tienen que estar bien redactados porque se necesita que todo se entienda claramente. La escritura, en cambio, no está sujeta a ninguna regla (excepto las de ortografía) y se alimenta de la parte irracional del individuo. El periodismo debe estar bien redactado; un texto literario no puede no estar bien redactado, pero además debe tener una gran pasión interna. La redacción es siempre visible, la escritura tiene varias capas, tiene un subsuelo y mientras vas leyendo el lenguaje te va sugiriendo otras lecturas. La redacción apunta al orden y la escritura a la locura.
Desde hace cuarenta años escribo un diario. A veces leo unos pasajes de distintos años. De repente salta la serpiente y se pone en movimiento. Doy unidad a lo disperso, a lo antagónico y de pronto estoy ya en la novela.
Las dos primeras citas proceden de un artículo de Milagros Socorro, Sergio Pitol: Una cosa es redactar y otra, muy distinta, escribir. La segunda, del post de El florido byte:Sergio Pitol, premio Cervantes 2005: rapto de bravura, que me recomendó Magda en los comentarios a mi poco inspirado post anterior. La primera me hace pensar en el reciente escándalo del premio planeta. La segunda, y en cierta medida la primera, deja clara la existencia de varios niveles en la escritura, niveles con finalidades diferentes y que, para Sergio Pitol al menos, no tienen la posibilidad de confundirse entre sí. Por último, la tercera representa la esencia de la escritura, una serpiente que se mueve y retuerce, que se enrosca y comienza de nuevo donde parecía haber terminado. Siempre que leo algo así en relación con la escritura pienso en el jazz y en la improvisación en la que se basa.
Sí, como me decían David y Magda, Sergio Pitol es muy recomendable. Es imperdonable que yo no haya abierto aún un libro suyo.
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