El negro de los negros
En el ámbito literario siempre ha tenido muy mal cartel la figura del negro. Siempre se ha entendido que un libro es obra de un único autor (excepto en los casos, pocos, en los que en la portada figuran varios nombres en pie de igualdad), pero a lo largo de la historia son muchos autores de éxito los que han usado negros (o fantasmas, en la terminología anglosajona). Generalmente ocurre más en los ámbitos de la literatura popular que en los de la literatura considerada “culta”. Y la pregunta es: ¿hay algo intrínsecamente perverso en utilizar la ayuda de autores “negros” para elaborar una obra que es posible que requiera mucha documentación? Sí, el hecho de que sea una sola persona quien lo firme. ¿Y si esa persona, autor de gran éxito editorial, reconociera abiertamente que utiliza los servicios de otros para realizar sus libros y, además (esto sí sería una utopía), publicara sus nombres, aunque fuera en letra pequeña y en la contraportada de sus libros? ¿Los lectores se escandalizarían y dejarían de comprarlos? No lo creo. El lector de cierto tipo de libros (otra cosa es el lector de otro tipo de literatura en la que el concepto de autor está más enraizado) sólo busca entretenimiento. ¿Qué más le da que su autor lo haya elaborado solo o acompañado de otros?
Alejandro Dumas es un escritor que utilizó con profusión la ayuda de negros. No cabe otra forma de explicarse su gran prolijidad. Pero, como se apunta en Historias con historia, en la sociedad de la época ello no se veía mal, si acaso con ironía.
Alejandro Dumas: El negro de los negros.
