Escribo para ser feliz
Para la nochebuena, la celebración de la vida a través de la escritura del nobel turco Orhan Pamuk: Escribo para ser feliz.
Felicidades
(vía Antón Castro y Libro de notas)
Para la nochebuena, la celebración de la vida a través de la escritura del nobel turco Orhan Pamuk: Escribo para ser feliz.
Felicidades
(vía Antón Castro y Libro de notas)
Éxitos como El código Da Vinci o, más lejano en el tiempo, Los pilares de la tierra, han sido los causantes de la moda literaria que se conoce en el argot editorial como thracul, es decir, lo que podríamos denominar thriller cultural. Gerardo Lombardero lo explica muy bien (con deliciosa ironía) en este artículo de Diario Literario:
El artículo anterior es de hace algún tiempo. Lo tenía guardado para comentarlo en algún momento. Para compensar el alcanfor, algo del domingo pasado. El asunto es que se han abierto los archivos de la Academia Sueca y, por tanto, los entresijos del Nobel. El reportaje es de El País y es bastante jugoso. Se revelan algunas cosas, como que Juan Ramón Jiménez fue un Nobel que a nadie convenció: ni a España, ni al exilio español, ni a la propia Academia Sueca:
El caso Juan Ramón es especialmente significativo. En los archivos del Nobel hay constancia de que su poesía “mística” no conquistó al comité sueco de inmediato, pese a los esfuerzos de Bowra, y a los del escritor Hjalmar Gullbert, su principal valedor en la Academia de Estocolmo. Para la institución, no dejaba de ser un intransigente en materia de arte, una criatura fuera del tiempo, que había polemizado con buena parte del universo poético hispano. El suyo no era, a priori, un perfil de Nobel, y los archivos rebelan que si lo conquistó, a la quinta convocatoria, fue también porque España llevaba demasiado tiempo sin conseguirlo.
Unamuno tampoco gustó, aunque en su caso tardaron más tiempo en decidir qué hacer con él. Al contrario que con Jiménez, decidieron no entregarle el premio, a pesar de considerar que quizá fuera el personaje más interesante de la literatura española de la época. Paradojas del mundo literario y del concursístico o premiador, que tenemos una afición tremenda a premiar las cosas más peregrinas, con las envidias y recelos, incluso cabreos, que eso frecuentemente produce. Si no, véase la polémica que se ha montado con el premio BOBs de este año (para quien no lo sepa, los BOBs, Best of Blogs, son los premios que se otorgan anualmente a los mejores blogs del mundo. Es el premio más prestigioso en este ámbito, al menos hasta el momento).
Al final, el premio Nobel de Literatura de 2007 ha recaido en Doris Lessing. Es decir, que está comprobado que los favoritos nunca son, en realidad, favoritos. Al menos en el Nobel, donde parece ser tradición otorgárselo al autor más inesperado. En todo caso, enhorabuena para ella.
En Apostillas literarias podéis ver un video en el que la autora da una serie de consejos a los aprendices de escritores. Tiene razón en lo que dice: a veces parece fácil escribir una novela, y no lo es tanto. Detrás de una gran novela siempre hay mucho trabajo, trabajo duro, como dice ella.