Archive for the tag 'novela'

1Q84, de Haruki Murakami

Haruki MurakamiComo comentaba hace un par de post, terminé 2011 y comencé 2012 leyendo 1Q84, de Haruki Murakami. Creí que lo había terminado, pero buscando información para escribir este post descubro que no, que en realidad se trata de tres libros y yo solamente he leído los dos primeros (publicados en España en un solo tomo). Aún falta un tercer tomo. He tenido que volver al libro para leer los últimos párrafos: me pareció que la novela se cerraba con un final muy adecuado. Pero estaba equivocado, el final del segundo tomo podría ser perfectamente el de la obra, pero la novela no quedaba cerrada.

En todo caso, la primera y segunda parte tienen entidad suficiente para ser comentadas por su lado. No sé lo que añadirá la tercera parte, aunque ya he conseguido el avance de que en ella aparece un nuevo personaje. Pero lo mejor sería que comenzase por explicar siquiera mínimamente de qué va la novela.

La novela gravita en torno a dos personajes, Tengo y Aomame, que viven historias paralelas en el tiempo. Tengo es profesor de matemáticas en una academia y escritor aficionado. Aunque no le falta talento para ninguna de las dos actividades, no destaca especialmente en ellas, básicamente porque no le interesa. Un día un editor al que conoce por haberse presentado a algún concurso literario le propone realizar la reescritura de una novela muy especial y muy extraña. Se titula La crisálida del aire y la ha escrito una chica de diecisiete años. La novela es muy imaginativa, pero está escrita con una gran pobreza lingüistica. Por esa razón, el editor le propone a Tengo volver a escribirla: tiene la intención de hacer que su autora la presente a un concurso literario y lo gane. Aunque a Tengo no le gusta la idea (le parece una estafa que puede volverse en contra suya en el futuro) acepta. Tras la reescritura conoce a la autora y comprende que lo que ha narrado en la obra no es una fantasía, sino que es real. De alguna manera que no entiende, la chica ha vivido situaciones extrañas y ha entrado en contacto con unos pequeños seres, la Little People que han cambiado su vida.

Aomame, por su parte es una instructora de gimnasia que ejerce una extraña actividad secreta: es una asesina. Mata exclusivamente a hombres que han abusado o maltratado a mujeres. Y lo hace por encargo de una mujer extravagante que quiere cobrarse una deuda con hombres.

La historia transcurre en el año 1984. Cuando acude a cometer una de sus acciones, Aomame debe abandonar una autopista a través de una escalera de servicio. Sin que ella sea consciente en ese momento, ha entrado en otra realidad, en 1Q84, aparentemente igual que 1984, pero solo aparentemente. Tengo y Aomame se mueven en esa nueva realidad y a lo largo de toda la novela pugnan por encontrarse… Y hasta ahí, para saber lo que ocurre tendreis que leer la novela.

Desde muchos sitios se aclama esta novela como una de las mejores de su autor. Para otros, es una concesión al comercialismo: la ven casi como una novela policíaca comprometida, algo parecido a la saga Millenium. En todo caso, si es cierto que supone un cambio en relación con sus otras obras. Es más realista, aunque existe un doble plano de realidad que según va avanzando la historia se confunde hasta el punto de que ninguno de los personajes sabe qué es la realidad o en qué realidad están. Por otro lado, estos si que son plenamente murakamianos: son seres perdidos, que se sienten extraños y no terminan de encajar en ningún lugar. Tengo tiene un talento sobresaliente para las matemáticas y más que notable para la literatura, pero no es más que profesor en una academia de poca monta, y la máxima aspiración de Aomame (antes del final de estas dos primeras partes de la novela) es morir si con eso logra hacer felices a otros seres. Ambos recuerdan a personajes anteriores del autor.

Por lo demás, si que hay cierto comercialismo. Trata temas bastante actuales, como el abuso de niños o las sectas, y hay una presencia mayor de sexo y violencia. El propio autor reconoce que utiliza dichos elementos como una manera de mantener la atención del lector a lo largo de la gran cantidad de páginas de la obra. Sin embargo, y aunque en algunos casos Murakami roza lo más extremo, dichos elementos no son centrales, ni atraen una atención preferente del lector. Son más relevantes los sucesos fantásticos, a la cabeza de los cuales se encuentra la presencia de la Little People, y la manera en que los personajes los asumen y van dejando que esos sucesos determinen el transcurso posterior de sus vidas.

Entradas relacionadas:

Sunset Park, Paul Auster

Y vuelvo con uno de mis autores habituales: Paul Auster. Y el libro, el último que ha publicado, Sunset Park. Como creo que ya he comentado en alguna ocasión, con Auster siempre experimento la extraña sensación de no exigirle demasiado. Cuando empiezo una novela suya, concibo expectativas que luego, según avanzo en la lectura, comienzo a sospechar que quedarán frustradas. Y sin embargo, sus libros no me decepcionan. Cuando llego al final, de repente me doy cuenta de que he olvidado mis expectativas y de que, a pesar de todo, he disfrutado de la novela.

Sunset Park cuenta la historia de Miles Heller, un hombre joven con un curioso trabajo y una curiosa costumbre: forma parte de una brigada que se dedica a limpiar casas cuyos propietarios han tenido que dejar por no poder pagar la hipoteca. Trabaja para un banco y su función es borrar de esas casas abandonadas con precipitación toda huella de quienes vivieron allí. Hasta aquí, el trabajo. La costumbre es fotografiar todas esas huellas antes de retirarlas. Miles saca una fotografía de los objetos dejados atrás que habla de vidas interrumpidas repentinamente por culpa de la crisis económica.

Miles había abandonado a su familia y sus estudios siete años atrás para vagabundear por los Estados Unidos, trabajando en todo lo que le salía al paso. En ello hay un motivo que su familia, de la que se nos habla en esta parte, no llega a comprender del todo. Al comienzo de la novela, sin embargo, el vagabundeo parece haber terminado: Miles se ha establecido en Florida. Allí ha encontrado a Pilar y ha iniciado una relación con ella. El problema es que ella es menor de edad. También que tiene una hermana codiciosa que le amenaza para que robe para ella en las casas en las que trabaja. Puesto que hasta que Pilar no cumpla la mayoría de edad no podrán iniciar una vida en común lejos de la hermana, toma la decisión de desaparecer de la vida de la chica hasta que ese momento llegue. Y vuelve a Nueva York, la ciudad en la que vivía con su familia y en la que estudiaba.

A partir de este punto la novela experimenta un giro, Auster se vuelca ahora en otros personajes y deja de colocar el foco sobre Miles. Continúa hablando de él, pero ahora en el contexto de sus relaciones con los demás. Volvemos ahora a su historia familiar y conocemos por fin el motivo de su marcha y su larga ausencia: su hermanastro falleció a consecuencia de un confuso accidente del que Miles se siente, en parte, culpable. El no es el único que lo piensa: un día asiste de manera involuntaria a una conversación entre su padre y su madrastra y comprende que ella también le culpa de lo ocurrido.

La presencia de Miles en Nueva York se convierte en un revulsivo para la vida de las personas con las que entra en contacto: su padre y su madre, su mejor amigo (que durante todos esos años ha ejercido para sus padres, sin él saberlo, el papel de chivato de sus andanzas) y dos chicas a las que conoce en ese momento. La vuelta de Miles les hace evolucionar, superar viejos problemas o entenderse a sí mismos, pero él no experimenta el mismo cambio: el suyo parece forzado, no muy verosímil. Parece reconciliarse con su pasado, pero sin que hayamos visto qué es lo que le ha hecho cambiar. Otra cuestión interesante es el papel de Pilar, la chica de la que se enamora y la que, en última instancia, es la culpable de que regrese a Nueva York. Literalmente desaparece de la historia. Se convierte en un elemento lejano, una especie de anclaje que Miles utiliza para adentrarse en su antigüa vida sin perder pie. Es el cabo de cuerda que le arrastrará fuera de ella en el caso de que las cosas se pongan feas. Y ese es su único papel.

Los personajes de esta novela viven situaciones de crisis o experimentan conflictos vitales de importancia, pero la evolución consiguiente no aparece clara para el lector. A veces es una evolución demasiado repentina. Auster parece no haberlos desarrollado plenamente: uno tiene la impresión de que se podría escribir mucho más sobre ellos. Y, sin embargo, como he dicho al principio de la entrada, he disfrutado de la novela. Tal vez porque el universo Auster es reconocible, porque los personajes recuerdan a otros de novelas anteriores y ello permite entenderlos mejor. O simplemente porque son intensamente humanos.

Entradas relacionadas:

El lamento de Portnoy, Philip Roth

Mis ocupaciones, y un cambio de costumbres (he dejado de ir a trabajar en metro), han hecho resentirse a mi ritmo de lecturas. Esa es una de las razones por las que cada vez publico menos “reseñas” en Octaedro. Esa y que cada vez publico menos de cualquier cosa en Octaedro, pero eso es otro tema. Voy a ver si vuelvo a donde solía y os puedo dar noticia de los libros que cada tanto voy descubriendo. Ahora estoy leyendo “Música para camaleones”, de Truman Capote: ya os lo comentaré cuando lo acabe. Por el momento, os dejo un post que tenía escrito y guardado en las entrañas de Octaedro, en espera de revisión.

El lamento de Portnoy, de Philip Roth, adopta la forma de una larga conversación, en realidad monólogo, entre el personaje de Alexander Portnoy y su, suponemos, psicoanalista. En esta confesión se van desgranando las claves de la vida de Portnoy, la explicación de su descontento y de su sufrimiento. Portnoy es judío y fue educado en los valores judíos. El problema es que sus padres eran un par de neuróticos que le trataron de inculcar, desde su deforme visión de la vida, el sentimiento de culpabilidad que todo judío debe acarrear.

Adolescencia. Educación en los valores judíos desde algo semejante a una enfermedad mental. Complejo de culpabilidad, sienten culpa por todo, como si la culpa fuera un mal heredado, inevitable. Le inculcan también el respeto a sus padres, pero desde la neurosis (“tus padres se han esforzado por tí, se han sacrificado. Tu padre trabaja como un burro por tí, mírale”. Y su padre adopta el gesto de quien desfallece o sufre intensamente). Portnoy se rebela ante esta visión del mundo y de la vida que su madre le presenta. Y se revela como lo haría cualquier adolescente: negándose a complacer a sus padres en cosas nimias, sin importancia. Pero en su casa eso es una tragedia. El mero hecho de no ponerse traje el día de una festividad judía (ahora no recuerdo cuál es) hace que sus padres se desesperen y exageren el intenso dolor que les causa el hijo.

Toda esta educación desemboca en la represión sexual de Portnoy. Portnoy no llega a tener una relación normal con el sexo. En su adolescencia se dedica a masturbarse furiosamente, pero lo hace con un tremendo sentimiento de culpabilidad. Más tarde, sus relaciones con las mujeres serán erráticas. Irá de relación en relación, buscando únicamente el sexo y el placer, pero al mismo tiempo, añorará una relación estable, una familia, hijos. La relación más fuerte que encuentra es, precisamente, con una mujer que no hace ascos a cualquier tipo de relación sexual, pero que es de una educación inferior a la suya. Y que también es gentil. Una de los aspectos claves de su castrante educación es que un judío no puede mantener ningún tipo de relación con una mujer gentil. Como es fácilmente adivinable, son precisamente las mujeres gentiles las que excitan y hacen gozar a Portnoy: otro factor más para el tremendo sufrimiento que infringe a sus padres.

Portnoy atraviesa la vida sin una dirección definida, de exceso en exceso, escandalizando y despreciando a sus padres y a todo lo relacionado con la vida que ha vivido hasta ese momento. Y en realidad, lo que más anhela es precisamente que esos padres le quieran y reconozcan sus méritos (social y laboralmente ha alcanzado un estatus elevado) más allá de la estrechez de miras que su forma de interpretar su religión y su cultura les impone.

Lo dramático de la historia de Portnoy se refleja en la novela con un tono claramente humorístico, sobre todo cuando se hace referencia a la adolescencia del protagonista. Lo ridículo de las situaciones por las que pasa aligera un poco la sordidez de la historia y la convierten en una novela bastante divertida.

Entradas relacionadas:

Tu rostro mañana, Javier Marí­as

Javier MaríasHace unos días que he terminado la trilogí­a de Javier Marí­as, Tu rostro mañana. Leí­ los libros según fueron apareciendo, pero cuando publicó el último no me pude resistir a volver a ellos para leerme la obra de un tirón, lo que puede parecer excesivo cuando estamos hablando de mil seiscientas páginas. Pero no me ha resultado costoso recorrer las reflexiones de Marí­as y los sucesos, morosos por analizados obsesivamente, de esta curiosa novela.

Tenemos el personaje de Jaime, o Jacobo, o Jacques (por decir sólo algunos de sus nombres) Deza. Acaba de separarse de su mujer y para no estorbarla en el proceso de acostumbrarse a la decisión que ha tomado (ya que ha sido ella quien le ha echado de su lado), se marcha a vivir a Londres. Es su “segunda temporada” allí­, en el pasado (antes incluso de conocer a su mujer), estuvo trabajando como profesor en la universidad de Oxford. En aquella época conoció a Toby Rylands y a Peter Wheeler, así­ como tuvo una amante, Claire Bates. De todos ellos solo queda Wheeler, que es quien le hace una curiosa propuesta y le presenta a un personaje inquietante que tendrá que ver mucho en su vida a partir de ese momento.

El profesor Deza tiene una extraña cualidad, una cualidad que poseen muy pocas personas. La tení­a Rylands, y también Wheeler, y son ambos quienes la descubren en él. Se trata de la capacidad de ver en el interior de las personas, de captar, a través de sus palabras, de sus gestos, de sus comportamientos, cómo será su “rostro mañana”. Es decir, Deza y los que son como él son capaces de prever los comportamientos futuros a partir de las actitudes presentes. En el fondo, parece querer decir Marí­as en esta novela, todos somos capaces de ver en los demás mucho más allá de lo que vemos, lo que ocurre es que no queremos ver, no queremos saber qué hay en el fondo de los demás. Preferimos confiar, aunque haya señales palpables que nos avisen de que no debemos hacerlo. Nos cegamos en nuestra relación con los demás y preferimos verlos como a nosotros nos gustarí­a que fuesen antes que como son en realidad.

Deza y los que poseen su cualidad simplemente no pueden ponerse esa venda ante los ojos. Ven en el alma de los demás, aunque ellos mismos no sean conscientes de ello. Es por eso que Peter Wheeler le presenta a Bertram Tupra, un extraño personaje que dirige un grupo no menos extraño del que Deza pasa a formar parte. Ese grupo (que no tiene nombre y se reúne en un edificio también sin nombre) tiene como función el analizar a personas que se les proponen, mediante entrevistas o ví­deos, y determinar hasta dónde podrí­an llegar en su comportamiento. Si serí­an capaces de matar, que es la pregunta última de cada uno de los análisis. Son una especie de agentes secretos que trabajan en teorí­a para el gobierno británico, aunque a veces existe la sospecha de que los destinatarios últimos de sus análisis podrí­an ser simples particulares, con un objetivo nada claro.

Deza se integra en el grupo, disfruta de su trabajo, que le parece más entretenido que cualquier otro. Pero un dí­a se da de narices con la violencia. En el fondo de todo late la violencia, lo aprende en una ocasión en que Tupra intimida a alguien con una violencia calculada, limitada, utilizada con la intención de asustar. En un primer momento, la rechaza, rechaza las explicaciones y las justificaciones de Tupra. Pero luego él mismo la emplea cuando regresa a su paí­s y descubre que su mujer mantiene una relación que él cree peligrosa con otro hombre. Deza se descubre capaz de ejercer esa violencia que le habí­a repugnado en Tupra, y sobre todo, descubre que le gusta sentir la sensación de poder que confiere el tener la capacidad de intimidar a otro ser humano. Descubre su rostro y descubre que no es tan diferente del de Tupra.

Todo ello compone la trama principal, pero hay algo más, apasionante también, un tributo de Javier Marías a la realidad. Wheeler, y Juan Deza, el padre de Jacobo, son, en realidad, Sir Peter Russell y el padre del autor, Julían Marías. De ambos toma prestadas sus memorias, lo que vivieron y padecieron en sus respectivas guerras (la guerra mundial y nuestra guerra civil) y lo utiliza para reflexionar. Las guerras son un gran desperdicio, concluye, y uno participa en ellas haciendo cosas que luego, cuando llegue la paz, difícilmente será capaz de justificar ante sí mismo. Pero también la guerra tiene un efecto adictivo. Muchos, una vez concluida, la echan de menos. En su transcurso vivieron más intensamente, preocupándose sólo por aquello que era esencial, y siempre sabían qué podían considerar esencial. La vida adquiría en guerra otro matiz, parecía mucho más vivida.

La novela se lee con rapidez, a pesar de que las reflexiones del autor son muy abundantes y de que da la impresión de que examina las escenas desde fuera, aunque realmente lo hace desde el protagonista. Hay también algún problema con el personaje de Pérez Nuix, que da la impresión de que va a cobrar fuerza según se desarrolle el relato pero luego termina aparcado, casi olvidado, sin que se tenga una impresión clara de cuál era su papel en la trama. Sin embargo, todo esto son problemas que se le pueden perdonar. Tu rostro mañana es una novela sumamente interesante por lo que tiene de ejercicio de reflexión en torno al ser humano, a las relaciones entre los seres humanos, a lo que son capaces de hacer los seres humanos de acuerdo con las circunstancias en las que viven. Y, sobre todo, una reflexión sobre la responsabilidad individual, sobre la autojustificación. Las cosas “que no cuentan” porque se hicieron en otro país, en otra vida. O en el transcurso de una guerra.

Tu rostro mañana. 1 Fiebre y lanza.

Tu rostro mañana. 2 Baile y sueño.

Tu rostro mañana. 3 Veneno y sombra y adiós.

Editorial Alfaguara

Entradas relacionadas: