Un año y medio
Es el tiempo que llevo sin escribir aquí. Un año y medio. Nada menos. Demasiado tiempo alejado de los blogs y de la escritura. Pero no de la red. Durante todo este tiempo he continuado leyendo, tanto en ella como fuera. He sido un observador que absorbe información pero no participa. Y ha llegado el momento de devolver algo de lo absorbido.
Octaedro ha permanecido durante todo este tiempo abandonado. Con sus viejas anotaciones a merced de cualquier búsqueda en la red, pero sin contenido nuevo. Cuando comencé a plantearme volver a escribir, consideré la posibilidad de cerrarlo y abrir un nuevo sitio. Hubiera sido lo lógico, habida cuenta de que ya nadie se pasa por aquí si no le manda google. Sin embargo, me dio pena hacerlo: después de todo, Octaedro responde plenamente a mis planteamientos e intereses: escribo sobre libros y literatura y sobre lo relacionado con la red que de cuando en cuando me va tentando. Justo lo que solía ser Octaedro. Así, ¿por qué cambiar de escenario cuando lo que importa sobre todo es lo que se representa en ese escenario? Además, durante mucho tiempo concebí el blog como un lugar de comunicación, cierto, pero también como un repositorio personal de enlaces y anotaciones. En ese sentido, me daba pena pensar en retirar de la red todo lo acumulado (aunque no es mucho) y guardarlo en algún remoto archivo de mi ordenador.
No voy a cerrarlo, pues. Al contrario, lo voy a intentar reanimar. Como una casa que ha permanecido cerrada durante mucho tiempo a la que, de repente, vuelven sus antiguos dueños y le conceden una segunda oportunidad. Y voy a continuar con la línea que me marqué en la primera: libros, literatura y filosofía, novela y ensayo, desde el punto de vista de un aficionado lector y curioso de la cultura. Pero también lo demás, cómo se interrelacionan la cultura y la red, ahora que la contestada aprobación de la ley Sinde ha convertido esa interrelación en motivo de reflexión y polémica.
Eso sí, volveré al planteamiento inicial, pero tratando de no cometer los mismos errores de entonces. Un blog, tal y como yo lo concibo, implica algún tipo de compromiso con los eventuales lectores (ahora desaparecidos): al menos el mantenimiento de una cierta periodicidad. Evidentemente, no diaria. Lo mejor semanal (incluso bisemanal), incluso, en el peor de los casos ,quincenal. Pero sin caer ya en esos frecuentes alejamiento que a veces duraban varios meses.
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