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Cambio (ligero) de rumbo

Desde hace algún tiempo (todo el que llevo sin escribir aquí como solía) estoy notando que se está produciendo una mutación en Octaedro. Aunque no haya anotaciones, o las haya mediante el sistema de goteo, Octaedro sigue vivo, sigue funcionando en algún lugar de mi conciencia. Y ahora está cambiando, lo noto. Ya no es, no va a ser, tan literario. La literatura me sigue gustando, por supuesto, pero hay otros campos que me llaman con insistencia y que deberían aparecer por aquí. El ensayo, por ejemplo, pero no el ensayo literario (aunque también podría ser) sino el relacionado con la filosofía, incluso con la psicología y también (aunque habría que definirlo con mayor exactitud) el relacionado con lo que podría llamarse algo así como “la sociedad en red” o “sociedad del conocimiento influido o mediatizado por la red”. Son campos con un interés creciente para mí, campos en los que, cada vez con más asiduidad, se sitúan mis lecturas. Durante mucho tiempo les he dado de lado en Octaedro, porque a Octaedro lo concebí como un espacio dedicado exclusivamente a la literatura, pero esa exclusividad ya no tiene sentido: si quiero seguir escribiendo aquí (y quiero), tengo que abrir el abanico a otros temas.

Así que esto es un aviso, y el que avisa no es traidor: voy a intentar que aquí no haya únicamente literatura, que quepa un poco de todo lo que buye en el interior de mi cabeza. Por supuesto, siempre desde la curiosidad y el deseo de aprender un poco más sobre todo lo que me rodea. Los expertos en estas materias están en otros sitios, que son los que indagaré y procuraré traer aquí, para que tanto vosotros como yo podamos disfrutarlos.

Enésimo retorno

De nuevo retorno del olvido. Recuerdo que tengo un blog que se llama Octaedro, al que llevo la friolera de dos meses sin volver. Como me ocurre con frecuencia. Durante este tiempo he pensado en él, es cierto, pero no para volver a escribir, sino para cerrarlo. Cuando estoy tanto tiempo alejado de él, me entra la tentación de echar el cierre, borrar las entradas y dejar que el olvido se apodere de ese nombre, Octaedro. Y soy un iluso, lo sé, porque el olvido ya le ha afectado hace mucho tiempo. Los que en su dia lo siguieron, hoy ya no se acuerdan de que exista, y eso porque he cometido con frecuencia el único pecado que no se debe cometer en un blog: la falta de regularidad. Escribir, nunca he escrito demasiado aquí, pero ha habido épocas en que, al menos, había dos o tres anotaciones por semana. Durante otras, sin embargo, se ha producido un mutismo de meses. Así, claro está, no hay lectores que aguanten y las únicas visitas terminan siendo las que remite google.

He pensado cerrar Octaedro definitivamente. Está, por así decirlo, marcado por la inconstancia de su autor. Sería mejor olvidarlo y, dentro de un tiempo, cuando me apetezca, abrir un nuevo blog, con otro formato y otro planteamiento, un blog fresco, sin vicios adquiridos, sin mala fama. Que comenzara a recibir visitas desde el primer momento y se hiciera su huequecito en la blogosfera. Pero me he negado tal posibilidad. Aunque me gustaría que las estadísticas me produjeran emociones fuertes, la principal razón por la que escribo aquí (por establecer una, porque a veces no lo tengo nada claro) soy yo mismo, mis intereses, mis gustos, mi “vida interior” de lecturas y descubrimientos. Y para ello, no hay estadísticas que valgan. Así pues, voy a continuar escribiendo, pero ahora sin buscar nada con ello. No quiero figurar en los rankings, ni conquistar la fama bloguera. Solo aspiro a recoger aquí aquello que me interese y compartirlo, eso sí, con quien quiera. Si vuelvo a recibir visitas en un número apreciable, si hay comentarios en mis posts, será porque en alguna ocasión he logrado conectar con algún lector despistado que ha descubierto aquí algo que le ha interesado. Pero fundamentalmente voy a escribir para mí.

Agosto, sin embargo, es mal momento para volver. Las vacaciones muchas veces alejan de la red (no tengo conexión en el lugar en el que voy a pasar el resto de las vacaciones), así que es probable que no vuelva a haber ninguna anotación por aquí hasta septiembre. Pero entonces las habrá. Hablaré, por ejemplo, de Murakami, de quién he leído un par de libros este verano. Y si me es posible, tal vez me asome a mediados de mes para comentar algo.

Vacaciones

Pues eso, que me marcho unos días a Asturias. Poquitos, en realidad menos de los que en ocasiones he estado sin escribir en este blog, pero siempre es bueno avisar.

(Si hubiera wifi donde voy… Pero no, que hay que desconectar)

Continuamos

No hay nada más frustrante que haber abandonado tu blog y, sin embargo, seguir leyendo los de los demás, seguir atentamente la evolución de la blogosfera y de los asuntos que conciernen a internet. Es la sensación que debe tener, imagino, un futbolista sentado en el banquillo que contempla como otros juegan. Cuando dejé de escribir en Octaedro, quería alejarme de la red, pero no lo he conseguido. Diariamente entro en Bloglines y leo bitácoras, sigo los temas que me interesan como antes, cuando escribía, con la diferencia de que ahora ni siquiera comento en otras bitácoras. Me siento como muerto (en realidad, así es como estoy) para la red. Esto no puede seguir así. Vuelvo a Octaedro, a tratar de recuperar lo poco que tenía y que he perdido en estos dos meses de ausencia.

Cambios

Estoy de cambios, de nuevas propuestas, de investigación de posibilidades. Os cuento. Lo primero, los tags. He incluido tags en Octaedro, mediante un plugin, ultimate tag warrior. Todavía no he creado muchos (más bien casi ninguno), pero ya tengo ahí abajo el tag cloud. Durante los próximos días iré investigando los beneficios que puede suponer (y añadiendo tags a anotaciones antiguas, para que podais encontrarlas con mayor facilidad que la que ofrecían las categorías).

Por otro lado, voy a incluir publicidad en la página. No se trata de ningún contrato millonario con una gran empresa, sino de algo que hace tiempo que se ha generalizado en la red, y sobre todo en la blogosfera. Hablo de AdSense. Hasta ahora siempre he sido contrario a la publicidad en las bitácoras. Me parecía que tal vez podría ser apropiada para las que cuentan sus visitas por miles, pero que para una tan modesta como la mía simplemente no tenía sentido. No he cambiado de opinión, pero me he dado cuenta de que tampoco tiene la menor importancia: el AdSense de Google está muy generalizado y es una publicidad no invasiva, muy discreta, que incluso puede funcionar en ocasiones como un servicio. En fin, que no molesta. Por supuesto, no tengo intención de permitir que la presencia de la publicidad condicione de alguna manera los temas sobre los que escribo: si hay clicks, bienvenidos sean; si no los hay, tampoco tiene mayor importancia. Además, otra de las ventajas del sistema es que si no me convence pasado un tiempo, lo quito y santas pascuas.

En fin, por ahí andamos. Más en las cuestiones técnicas que escribiendo sobre libros (también os anticipo que el tema, o theme, que luce Octaedro en estos últimos tiempos puede no ser el definitivo), que es lo que debería estar haciendo, ahora que he vuelto a la lectura. Sí, estoy leyendo de nuevo, y pronto voy a volver a comentar sobre algún libro. Os anticipo que el que he decidido meterme para el cuerpo en primer lugar, tras mi vuelta a la letra impresa, es 2666, de Roberto Bolaño, sobre el que ya os hablé bastantes entradas atrás. De momento, me está resultando fascinante, pero ya os contaré.

No he tirado la llave

Cuando se pretende abandonar definitivamente un sitio en el que se ha vivido, cuando se quiere no volver, lo más importante es tirar la llave. Si uno la conserva en el bolsillo, malo, quiere decir que tal vez esa marcha no sea definitiva. En el mundo bitacorero el equivalente de tirar la llave es eliminar los archivos del sitio, borrar la página principal dejando en su lugar un mensaje de despedida para los que aún se acerquen alguna que otra vez para ver si aquello se actualiza. Si se hace como yo, se dejan todos los archivos en su lugar, se conserva la llave en algún bolsillo y se corre el riesgo, el dulce riesgo, de volver.

Sólo un mes ha durado el cierre de Octaedro. Sigo sin tener tiempo (no sé, quizá no me bastara todo el tiempo del mundo para lo que me gustaría escribir), pero ya no puedo soportar asomarme por aquí de cuando en cuando y ver como Octaedro se va llenando de malas hierbas y hojas secas (o spam) mientras en la blogosfera y en el mundo en general siguen ocurriendo cosas de las que hablar. No tengo tiempo aún, pero he llegado a la conclusión de que más vale mantener Octaedro funcionando al ralentí que estar ausente por completo de la red y de la escritura (cosas que para mí ya van indisolublemente unidas). Me da un poco de pudor volver tan sólo un mes después de haber anunciado con toda solemnidad que me marchaba, pero la inestabilidad no es un fenómeno nuevo en la blogosfera, aún diría incluso que es uno de los problemas a los que se enfrenta todo blogger, de cualquier condición.

En fin, que vuelvo a estar por aquí, leyendo y escribiendo. En realidad, nunca he dejado de estar durante este mes, haciendo únicamente lo primero y echando de menos lo segundo. En ningún momento he tirado la llave y me alegro mucho de no haberlo hecho.

Un cumpleaños y una despedida

Esta anotación tiene una doble finalidad que es casi incompatible. Por un lado es una celebración, Octaedro cumplió, ayer mismo, dos años en la red. Podría decir muchas cosas sobre estos dos años, pero sólo diré que han sido un período muy interesante, en el cual he seguido con bastante atención la evolución de internet desde la llamada blogosfera, que poco a poco ha ido convirtiéndose en una parte esencial de la experiencia que significa la red. He hecho algunos amigos, he mantenido algunas conversaciones interesantes y, sobre todo, he aprendido muchas cosas.

Por otro lado, y a pesar de todo lo que me ha aportado Octaedro, es una despedida. A nadie se le oculta que, desde hace ya bastante tiempo, esta bitácora funciona al ralentí. Las entradas son escasas en los últimos meses y, creo yo, poco interesantes. La causa: no dispongo de tanto tiempo libre como tenía antes, ni para leer (algo fundamental en una bitácora que se pretende sobre libros) ni para escribir aquí. Continuamente se me escapan temas que podría tratar y cuando intento escribir algo sobre uno de ellos, me doy cuenta de que no puedo hacerlo con la profundidad que quisiera. Por eso he decidido echar el cierre. Puede que en el futuro se me despejen un poco las cosas y vuelva con un nuevo proyecto, o simplemente resucite Octaedro y lo convierta en lo que siempre quise que fuera, una bitácora ágil e informada, en la que se creara algún tipo de valor.

En fin, que coincidiendo con su segundo cumpleaños, Octaedro desaparece. Os agradezco mucho la atención que me habeis prestado a los que me seguís desde el primer momento. Un saludo afectuoso para todos.

Saliendo del coma

Ha transcurrido casi un mes desde mi última anotación, un período de tiempo a partir del cual es lícito comenzar a pensar que un blog ha entrado en coma. Tengo excusas aceptables para ese largo silencio, pero no me voy a acoger a ellas: momentos para escribir he tenido, si hubiera querido hacerlo. El problema es otro, lo podría enunciar como una cierta indefinición del tipo de blog que deseo que sea Octaedro. Tiempo para escribir sí tengo, ya lo he dicho, pero no dispongo de mucho para documentarme, con lo que no puedo tratar los temas con la profundidad que desearía.

Octaedro, por tanto, seguirá siendo una bitácora meramente personal. Pero seguirá siendo, esa es la decisión más importante que he tomado durante este período de silencio. Una bitácora en la que se recojan meras opiniones personales del autor sobre los diversos temas. Cuando haya tiempo de profundizar en alguno de ellos, se hará, pero no será la tónica general.

Durante este largo período, además, se han producido noticias de cierta importancia, sobre las que no he dicho absolutamente nada. No me refiero a la muerte de un Papa y la consiguiente elección de otro (que parece que no va a suponer cambios de importancia en la dirección que ha llevado la iglesia en los últimos años), que con ser un tema indudablemente importante, a mí me deja más o menos frío. No, hablo de la aprobación por parte del gobierno de ese vago plan antipiratería que nos afecta a todos los que utilizamos la red de una forma que parece dificil concretar. ¿Se va a perseguir a los internautas que utilicen las redes p2p? ¿Se va a intentar obligar a las compañias que dan acceso a la red a censurar los contenidos que guardan en sus servidores o a informar de los movimientos de los internautas que se conectan a través de ellas? No sé lo que ocurrirá a partir de este momento, tal vez nada por lo que debamos preocuparnos, pero a mí todos estos movimientos me producen cierta inquietud. Porque durante este mes no he escrito en Octaedro, pero sí he seguido la red y sus debates, con menos intensidad, pero con el mismo interés de siempre.

En fin, estoy aquí de nuevo, un poco a salto de mata, racaneando tiempo (momento de esos de los que hablaba antes) para mantener con vida a Octaedro.

Octaedro a medio gas

Hace unos días me planteaba la posibilidad de cerrar Octaedro, de abandonar durante unos meses la blogosfera (justo el tiempo que no voy a poder prestar la atención que se merece a este mundillo) y volver con otro proyecto, bajo otro nombre. Pero los comentarios que recibí me han hecho abandonar esa idea, bueno, los comentarios y la pena que sentía por abandonar la bitácora cuando se encuentra a punto de cumplir dos años. La única opción que me queda, entonces, es mantenerla a medio gas, como un lugar en el que publicar de cuando en cuando, sin preocuparme por el número de visitas que reciba (la maldita tiranía de las audiencias).

Quizá pueda ser una forma de funcionamiento perfectamente válida. Estamos acostumbrados a blogs que publican casi diariamente, que tratan de mantener un ritmo que les permita consolidar el número de visitas que reciben diariamente. En definitiva, blogs con vocación de medios de comunicación. Pero tal vez los blogs personales podrían y deberían seguir una dinámica diferente, un ritmo de publicación no tan endiablado, mucho más pausado. Un ritmo, en definitiva, que permita una escritura menos pegada a la realidad, más reflexiva. El problema, lo he comprobado personalmente, es que cuando la publicación no es frecuente, aunque sí sea regular, la bitácora pierde visibilidad. Tiende a desaparecer de los enlaces de otras bitácoras y de las suscripciónes de los feeds, y uno empieza a tener la desagradable sensación de estar hablando solo.

Puede que una solución fuera clasificar las bitácoras de acuerdo con su ritmo de publicación, de la misma forma que en la prensa escrita hay diarios, semanarios, incluso publicaciones trimestrales o semestrales. Que cada uno declarara cuál va a ser su ritmo de publicación (y lo cumpliera, claro está) y en bitácoras.com o en los feeds apareciera clasificado como medio de publicación diaria, semanal, etc. Aunque a lo mejor eso podría convertirse en un corsé demasiado rígido, incómodo para quién, como yo, publica un poco a trasmano, cuando le apetece. Pero ahí queda la idea.

Continuaré con Octaedro aunque la frecuencia de posteo se resienta y la visibilidad de la que hablaba antes baje.

Desapariciones, dudas y ocupaciones absorbentes

Después de un par de días (sin incluir el fin de semana), he podido entrar nuevamente en Octaedro. Todo está más o menos intacto, excepto mi último post, que ha desaparecido sin dejar rastro. No era de gran importancia: una queja sobre el funcionamiento del blacklist, con el que siempre he tenido problemas y cuyo abandono definitivo anunciaba. Lo curioso es que en el Bloglines el post aparece, o sea que sí, que lo escribí, que no es que me esté volviendo paranoico. Lo que me asusta de todo el tema (bueno, asusta es una palabra demasiado fuerte, digamos me molesta, me incomoda o me da que pensar) es que tampoco he echado mucho de menos escribir aquí. Debo confesar que desde hace algún tiempo estoy jugando con la idea de abandonar. Hay, en este momento, una ocupación en mi vida a la que debo prestar la mayor parte de mi atención, con lo que obligatoriamente Octaedro debe quedar en un segundo, incluso tercer plano. En todo caso, muy, muy al fondo entre mis intereses actuales. Por eso se me había ocurrido que sería un buen momento para ponerle punto y final, a unos pocos meses de su segundo cumpleaños, y planear, durante el tiempo que me dure esa ocupación que va a acaparar la mayor parte de mi atención (no toda, porque si no no puedo planear nada), una nueva bitácora, con un planteamiento diferente.

Pero hete aquí que me da pena cerrar Octaedro. Así que otra posibilidad sería redefinirlo, cambiar un poco la orientación que le he dado hasta el momento. Es una posibilidad a considerar, aunque presenta un inconveniente: por el momento no puedo hacerme cargo de tal ocupación. ¿Cerramos, pues, Octaedro y volvemos a abrirlo dentro de unos meses, con el mismo nombre pero ya renovado? No sé, la duda me corroe.

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