Archive for the tag 'personal'

Desapariciones, dudas y ocupaciones absorbentes

Después de un par de días (sin incluir el fin de semana), he podido entrar nuevamente en Octaedro. Todo está más o menos intacto, excepto mi último post, que ha desaparecido sin dejar rastro. No era de gran importancia: una queja sobre el funcionamiento del blacklist, con el que siempre he tenido problemas y cuyo abandono definitivo anunciaba. Lo curioso es que en el Bloglines el post aparece, o sea que sí, que lo escribí, que no es que me esté volviendo paranoico. Lo que me asusta de todo el tema (bueno, asusta es una palabra demasiado fuerte, digamos me molesta, me incomoda o me da que pensar) es que tampoco he echado mucho de menos escribir aquí. Debo confesar que desde hace algún tiempo estoy jugando con la idea de abandonar. Hay, en este momento, una ocupación en mi vida a la que debo prestar la mayor parte de mi atención, con lo que obligatoriamente Octaedro debe quedar en un segundo, incluso tercer plano. En todo caso, muy, muy al fondo entre mis intereses actuales. Por eso se me había ocurrido que sería un buen momento para ponerle punto y final, a unos pocos meses de su segundo cumpleaños, y planear, durante el tiempo que me dure esa ocupación que va a acaparar la mayor parte de mi atención (no toda, porque si no no puedo planear nada), una nueva bitácora, con un planteamiento diferente.

Pero hete aquí que me da pena cerrar Octaedro. Así que otra posibilidad sería redefinirlo, cambiar un poco la orientación que le he dado hasta el momento. Es una posibilidad a considerar, aunque presenta un inconveniente: por el momento no puedo hacerme cargo de tal ocupación. ¿Cerramos, pues, Octaedro y volvemos a abrirlo dentro de unos meses, con el mismo nombre pero ya renovado? No sé, la duda me corroe.

Entradas relacionadas:

¿Vida nueva?

Las vacaciones de navidad terminaron para mí y aquí estoy, de vuelta en Octaedro. Desde que me fui han pasado una gran cantidad de cosas, en el mundo y en España, de las que tal vez hubiera hablado en esta bitácora. No lo voy a hacer ahora, borrón y cuenta nueva. Comenzamos un nuevo año y voy a hacer mi lista de buenos propósitos, en este caso para Octaedro (los míos personales no los cuento, que me da mucha vergüenza darme cuenta de que cada año son los mismos). A saber:

1. Engancharme al ADSL en casa, de una buena vez (para poder actualizar también los fines de semana, o durante las vacaciones, siempre que no me vaya a pasarlas por ahí)

2. Escribir todos los días (o casi), fundamentalmente sobre temas relacionados con libros, escritores, premios literarios, cultura en general, o lo que me apetezca en cada momento aunque no tenga nada que ver con esta lista.

3. Potenciar el aspecto de la bitácora, cambiando la plantilla (que no me gusta como funciona) hasta dar con una funcional y agradable. Implementando (se dice así) todas las mejoras interesantes que pueda encontrar por ahí, en los foros relacionados con la blogosfera.

4. Volver a publicar comentarios sobre los libros que leo, que siguen siendo bastantes. Luchar para que no me invada la pereza a la hora de forzarme a pensar un poco (cada vez me cuesta más) sobre mis lecturas.

5. Recoger por ahí temas relacionados con el mundo de los libros, que hay muchos y muy interesantes.

6. Publicar alguna cita de mi base de datos (hace mucho que dejé de hacerlo, pero tenía su aquel, a juzgar por algunos de los comentarios que recibían).

En fin, una lista ambiciosa, y eso que no incluyo publicar algún relato de los que planeo volver a escribir (no estoy seguro de que mi disposición a cumplir todos estos buenos propósitos de para tanto). ¿Cumpliré con todo lo que os anuncio? No estoy muy seguro. En todo caso, es agradable empezar el año con tan buenos propósitos.

Feliz año a todos

Entradas relacionadas:

Parón navideño

Las navidades están encima. Aparte del sentido que puedan tener en una sociedad que se pretende laica, lo cierto es que es el período del año más ajetreado. Practicamente es imposible librarse de compras, comidas, cenas y festejos varios, y menos si uno tiene hijos pequeños, como es mi caso. En los próximos días no voy a poder escribir mucho, casi casi hasta que se produzca el cambio de año. Os dejo entonces con una web curiosa, que hace ya varios días que tengo en borradores (no recuerdo a través de que página llegué a ella) y que me produce una extraña sensación de nostalgia. Siempre me pregunté que pasaría con todas aquellas fotos (fotos nuestras, de nuestra familia, amigos, de los perritos que tuvimos de pequeños) que tomamos a lo largo de nuestra vida y que en muchas ocasiones duermen en cajones y en polvorientos álbumes el sueño de los justos. Ahora ya lo sé.

(A la vuelta me replantearé el enfoque que le estoy dando últimamente a Octaedro, porque tal y como funciona en la actualidad no puede seguir. Básico y fundamental: adsl en casa, para no tener que actualizar en el trabajo, donde cada vez tengo más dificultad para hacerlo).

Entradas relacionadas:

Extrañas reflexiones acerca de la manía de opositar

He terminado. Faltan aún un par de cosas pero son de menor importancia, pero de estudiar, al menos, me olvido (por el momento). Aún no sé el resultado y tampoco las tengo todas conmigo, pero he terminado y me siento aliviado. Puedo volver aquí, a leer, a escribir, a comentar. Puedo regresar a los libros y, con el tiempo, tal vez incluso a escribir alguno de esos relatos de los que solía ocuparme tiempo ha, cuando no estudiaba.

Lo peor que tienen las oposiciones es que el período de incubación es muy largo y uno nunca tiene la certeza de que vaya a servir para algo. Con el tiempo, sí. Se suelen aprobar si uno se dedica a fondo a ellas y tiene algo de suerte. Pero para eso tiene que estar muy concienciado, convencido de que todo ese esfuerzo merece la pena. Yo lo estoy, a ratos. En otros momentos, pienso que no, que me está exigiendo demasiado en forma de tiempo y dedicación a todo aquello que tiene realmente importancia para mí, empezando por mis hijas y continuando con la escritura (ámbito en el que se integra esta bitácora). Además, aunque las oposiciones tengan que ver directamente con nuestros estudios e intereses, el mecanismo siempre es agotador. La competitividad lo convierte en agotador, hasta tal punto que el interés que pudiéramos sentir por los temas de estudio se desvanece. La precisión con la que es necesario conocerlos si quiere uno tener algo que hacer en la competición quita, para mí, cualquier atisbo de interés que se pudiera sentir por ellos. Repetir, machacar, hasta que aquello se convierta en parte de uno, hasta que uno respire a través de la materia, hace que uno termine odiándola. Al menos a mí me pasa.

Tal vez sea porque en mí caso la materia no presenta siquiera ese atractivo inicial. Leyes farragosas, mal redactadas, derogadas parcialmente por otras o parcialmente en vigor. En fin, un campo de minas, más que un territorio a explorar. Con la concepción que tengo, lo raro sería que estuviera motivado, diréis. Pues lo estoy. A ratos, como he dicho. Porque machacar sobre unos temas puede convertirlos en odiosos, o puede producir una especie de síndrome de Estocolmo y llevarte incluso a sentir un cierto interés por ellos. En fin, que voy fluctuando entre una cosa y otra. De ahí que en estos tiempos apenas dé pie con bola en lo que no sean oposiciones.

(Estoy bastante mal. Lo reconozco. Pero se me pasará)

Entradas relacionadas:

Ausencia forzosa

Reconozco que desaparecer así no ha sido demasiado elegante, pero en estos últimos tiempos vivo casi sin vivir en mí. Sí, las oposiciones, las malditas oposiciones que todavía colean. Yo también os echo de menos, Cristina, y echo de menos escribir en la bitácora, leer (que lo único que he leído estos días han sido leyes), investigar un par de sitios que descubrí antes de dejar de frecuentar la red. Pero aún tengo que rematar la faena. Me quedan unos días, hasta el 21. Después, volveré con todas las consecuencias.

Entradas relacionadas:

La cotidianeidad recuperada

Con mis vacaciones finalizadas (por el momento, en septiembre tengo unos pocos días más) y recién incorporado a mi trabajo, aquí estoy de nuevo. Y a mi vuelta me he encontrado con algunos de esos comentarios que te hacen continuar escribiendo (como el duplicado de Cristina en el post anterior) y, por desgracia, una increíble cantidad de spam que me ha hecho perder mi buena media hora limpiándolo. Una de cal y una de arena.

Han sido unos días de completo descanso de todas las cosas que componen mi vida diaria. En realidad, no de todas. Leí un par de libros tumbado sobre la arena de la playa y en la madrugada (qué placer no tener que levantarse temprano al día siguiente) cuando mis hijas, profundamente dormidas, me dejan un ratito para mí. Ficción continua, de José María Merino, un compendio de artículos sobre el proceloso mundo de la ficción literaria; y Ensayo sobre la lucidez, de Saramago, que comentaré más adelante, cuando haya puesto un poco en orden mis papeles. El resto del tiempo se fue baños en la playa (San Vicente de la Barquera, a pesar de la triste reaparición de quienes viven de no dejar a los demás vivir en paz), paseos por pueblos de Cantabria, juegos con mis hijas y descanso, mucho descanso.

Ahora llueve en Madrid y el tiempo está tétrico. Las vacaciones han quedado reducidas a las imágenes fotográficas, de las que me ocuparé un día de estos, y a mis recuerdos. Ante mí tengo la oposición, a la que dedicaré los días de vacaciones que aún me quedan, y la escritura, sobre todo la de esta bitácora, a la que, a pesar de lo bien que lo he pasado, estaba deseando volver.

Continuamos, pues. Lo primero, ponerme al día en la lectura de bitácoras, ver un poco cómo continúa evolucionando la blogosfera en particular, y la red en general (sobre todo, ver cómo le va a afectar el cambio del Código Penal a que hace referencia Jean Bedel). En fín, volver a poner en marcha el motor.

Entradas relacionadas:

Vacaciones

También yo me voy de vacaciones. Y también durante un par de semanas. Hacia mediados de agosto estaré por aquí de nuevo. Vamos a desconectar por unos días de todo (menos de mis hijas, por supuesto).

Entradas relacionadas:

Unos días más

Unos días, ya, para el examen, y podré volver con cierta tranquilidad a la bitácora. Habrá pasado la primera fase de la oposición (que esperemos que no sea la última) y tendré un poco de tiempo libre para volver a escribir. Que lo echo de menos, y mucho. Cuando no tengo tiempo para hacerlo, pienso con frecuencia en ello en un plano más teórico, planteándome el enfoque que le daré a partir de ahora, en la bitácora y fuera de ella. Me tienta desde siempre la idea de que escribir es una forma de pensar, de centrar las ideas y darles una forma concreta, evitando que revoloteen por ahí en forma de sensaciones.

Aunque estoy estudiando y no tengo tiempo para escribir, no he dejado de leer. No puedo. De vez en cuando tengo que abandonar los temarios y meterme un poco de ficción, a ser posible pura, sin mezcla de nada que se asemeje al ensayo. Sabato, prohibido; Kundera, ni por casualidad. Moby Dick. La he disfrutado enormemente, sintiendo que volvía mi remota afición a los barcos de vela y a las historias de piratas. Ya hablaré de ella más despacio dentro de unos días. Ahora estoy con Roberto Bolaño y sus detectives salvajes, muy adictiva también, lo que es un poco peligroso para un estudiante (sólo leo en el metro, y a veces por la noche, después de estudiar).

Entradas relacionadas:

Baja temporal

Inspirado por el ejemplo de Cristina, también yo he decidido dejaros por un tiempo. En mi caso se trata de una oposición: me queda un mes hasta el examen y pensar que han pasado varios días desde la última vez que actualicé Octaedro, me distrae de los temarios. Así que he decidido hacer lo mismo que ella, aunque yo me reservo el derecho a volver por un momento y dejar algún que otro post, sobre todo teniendo en cuenta que Octaedro cumple años precisamente este mes (acontecimiento que señalaré oportunamente).

Y cuando vuelva, cuando haya terminado con mis obligaciones, tengo previsto hacer cambios. De diseño, claro (ya veremos lo que se me ocurre, pero estoy un poco cansado de la plantilla que llevo tanto tiempo usando). También reorganizaré mis enlaces para incluir unos cuantos más, revistas literarias, sitios del ramo que sean interesantes, etcetera), y estudiaré la forma de mejorar un poco el contenido.

Por supuesto que seguiré dándome una vuelta de cuando en cuando por el mundillo éste, lo que sabreis por los comentarios que dejaré en vuestras bitácoras. Pero de momento, un saludo para todos.

Entradas relacionadas:

Internet de papel

biblioteca.jpg
La oposición que he comenzado a prepararme ha tenido una consecuencia no prevista, curiosa en lo que tiene de vuelta al pasado. Como mis hijas convierten la casa en un lugar poco adecuado para el recogimiento que es necesario en el estudio, no he tenido más remedio que acudir a la biblioteca del barrio. No lo hacía desde que acabé los estudios, al menos no de manera habitual, porque alguna vez sí que la he visitado. Compro casi todos los libros que leo, y tengo tantos por leer (lo que quiere decir que casi tengo más vicio por comprar libros que por leerlos) que desde hace muchos años la visita a bibliotecas se me ha convertido en algo superfluo. Pero siempre he conservado el interés por el lugar en el que se fraguó mi afición a la lectura.

Así que allí estoy de nuevo, sentado con mis folios en blanco y mis apuntes, levantando de cuando en cuando la cabeza y echando una mirada aburrida a mi alrededor. Y las caras que veo no difieren mucho de las que veía entonces. Son igual de jóvenes, pero yo ya no lo soy, al menos no tanto. Y estudian las mismas cosas. La que más ha cambiado es la misma biblioteca. Por ejemplo, han desaparecido aquellos ficheros de fichas amarillentas escritas a máquina. Por supuesto, ahora hay ordenadores y bases de datos, más eficientes y rápidos a la hora de buscar un libro. Pero echo de menos los ficheros, que permitían que los abrieras al azar y fueras recorriendo una a una las fichas, en busca de un título lo suficientemente sugerente como para arriesgarte a coger el libro y comprobar si su contenido responde a lo que prometía el título. Con el ordenador no es lo mismo, a la base de datos siempre hay que preguntarle algo, no se deja curiosear sin que tengas que exprimirte el cerebro en busca de alguna palabra que pueda esconder algo interesante detrás.

Pero los estantes continúan guardando alguna sorpresa. Un descubrimiento perogrullesco: no todo es internet, también hay información de papel. Uno está tan enviciado con la red que a menudo olvida que en las bibliotecas también se pueden encontrar artículos y ensayos, las leyes que necesito para la oposición y, quien sabe (lo cierto es que no se me ha ocurrido buscarla hasta este momento), tal vez información sobre la propia red.

Una internet de papel, que existe desde que el mundo es mundo, y que la virtual me había hecho olvidar.

Entradas relacionadas:

« Página anteriorPágina siguiente »