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Auschwitz

Auschwitz
Anoche por fin pude ver el documental de la BBC sobre Auschwitz que emitió Televisión Española el pasado domingo (gracias a ese maravilloso aparato que poco a poco va quedando arrinconado, el video, ahora conocido como VHS). Es una historia demasiado conocida y, como tal, parcialmente olvidada. Todos conocemos lo hechos: los nazis se propusieron acabar con los judios y organizaron su exterminio con absoluta precisión. Cámaras de gas, hornos crematorios, métodos limpios y efectivos. Como digo, conocemos demasiado la historia, tanto que ha pasado a formar parte de nuestro imaginario y, poco a poco, se ha ido banalizando. El documental nos devuelve los aspectos más horrendos, precisamente los que hemos ido olvidando. Que el exterminio se planificó como un proceso industrial. Auschwitz era una empresa, una maquinaria de precisión que funcionaba implacablemente. Una maquinaria de exterminio de seres humanos. Quienes la manejaban eran frios y eficientes trabajadores. El director del Campo, Rudolf Hoess (a quien no hay que confundir con otro nazi prominente, Rudolf Hess, como yo hice durante el visionado del documental) era un hombre sencillo, amante de su familia y de la tranquilidad que le proporcionaba la casa que ocupaba dentro de los límites del campo. Para él y su familia, la finalidad del campo no tenía nada de horrenda, todo estaba bien, se exterminaba a seres humanos porque se debían exterminar. Se les exterminaba como a piojos (de hecho el gas que se usaba, el cyklon B, tenía como finalidad inicial desparasitar la ropa de los prisioneros), nada había de malo en ello.

Uno de las víctimas entrevistadas en el reportaje, un superviviente español (precisamente españoles murieron a miles con la aquiescencia del régimen que gobernaba España en aquel momento) de otro campo de concentración, porque en Auschwitz ninguno de los españoles sobrevivió, nos conminaba a leer los testimonios de los supervivientes como forma de no olvidar a los que sufrieron el horror. Primo Levi es uno de esos supervivientes. Su libro Si eso es un hombre es uno de esos testimonios estremecedores. Aún no lo he leído, lleva mucho tiempo en mi lista de futuras lecturas, aunque es probable que después de ver este reportaje lo saque de allí y me ponga a la tarea.

También os dejo aquí un enlace a la Enciclopedia del Holocausto, donde se recoge la información más exhaustiva sobre el tema.

Música legal más barata

Una de las reglas del mercado es la libre competencia. Si lo que la competencia ofrece es mucho más barato, nosotros debemos hacer lo posible por bajar los precios. Las discográficas nunca lo han comprendido así. Para ellas su margen de beneficios es sagrado, el precio de sus productos no puede bajar, aunque el usuario los pueda encontrar más baratos en los top manta o en la red. La competencia del top manta es desleal, puesto que lo que se ofrece es el producto de las discográficas pirateados, pero existe, y creo que continuará existiendo por muchas leyes en su contra que se aprueben. El intercambio de música a través de las redes P2P, en cambio, tal vez no, a pesar de que, a diferencia del top manta, no tiene ánimo de lucro. Paradójicamente, creo es ahí donde mayor influencia tendrá la política represiva que fomenta la SGAE. Se diría, incluso, que les preocupa mucho más que los discos que se ofrecen en la calle, tal vez porque el ámbito de libertad del usuario es mayor. En todo caso nunca se han planteado una bajada de precios de sus CDs para luchar contra esa piratería. Ahora lo plantea la Asociación de Música en Internet, con un argumento bastante aceptable, a mi parecer. ¿Y si hubiera distintas versiones de un mismo disco, presentaciones más austeras? Algo parecido a lo que ocurre con los libros: tapa dura y, al cabo de un tiempo, encuadernación en rústica. Es posible que los usuarios prefirieran tener una copia fiable, con una carátula simple, pero legible, a las cosas que se pueden encontrar en los manta. O al esfuerzo de buscar los temas en internet y bajárselos. Al menos merece la pena intentarlo.

Transportes y lectura

Es un hecho comprobado: en todo vagón de metro siempre hay al menos una persona que lee El código Da Vinci.

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