Japón, que tiene la proporción más alta de personas mayores de 65 años en el mundo, está por delante de otros países en adoptar el envejecimiento como un fenómeno urbano.

Su ciudad capital es un buen ejemplo de un entorno apropiado para las personas mayores: por un lado, rara vez encontrara escalones en edificios públicos o estaciones de tren en Tokio sin una rampa o ascensor que los acompañe. Todo, desde los semáforos hasta los ascensores y los cajeros automáticos te habla a menudo con una voz chillona.

Esta no es una debilidad japonesa cursi, como suponen muchos visitantes extranjeros, es para garantizar que las señales e instrucciones también se comuniquen a las personas con problemas de visión.

Las ciudades tradicionalmente han funcionado con sangre joven definida por la energía, la innovación y el cambio, mientras que envejecer se ha asociado con adoptar una vida más tranquila en los suburbios o áreas rurales.

 Y, sin embargo, como resultado del desarrollo económico y los avances en el cuidado de la salud en el siglo XX, el mundo se está urbanizando y envejeciendo. Estos desafíos están convergiendo para crear un nuevo fenómeno: las ciudades plateadas.

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En últimos años, la población mundial de personas de 60 años o más supera en número a los niños menores de cinco años por primera vez. La organización mundial de la Salud estima que para el 2050 habrá 2.000 millones de personas mayores de 60 años, frente a los 841 millones actuales.

Las poblaciones de mayor edad se están expandiendo más rápidamente en las ciudades que en las áreas no metropolitanas de los países de la OCDE. En Lisboa, Milán, Barcelona y Tokio, casi una cuarta parte de la población ya tiene más de 65 años.

Contrariamente a las suposiciones populares, no es solo un problema para Japón y Europa: para 2050, se espera que la población de 65 años o más en los países en desarrollo más del triple, superando la tasa de crecimiento global.

Según la OMS, el 80% de las personas mayores de 60 años vivirán en países en desarrollo dentro de cinco décadas.

El envejecimiento de la población mundial es motivo de celebración, ya que refleja la mejora de los niveles de vida que han aumentado la esperanza de 47 años en la década de 1950 a alrededor de 70 en la actualidad. Al mismo tiempo, las tasas de natalidad han disminuido, lo que se ha traducido en la mayor proporción de personas mayores. En la mayoría de los países, la mortalidad cae antes que la fecundidad, creando una generación llamada “babi vómer” a la que siguieron generaciones con cada vez menos hijos.

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En ciudades con crecimiento lento este efecto es agudo: en Tokio, Milán y Barcelona, los mayores de 65 años superan en número a los menores de 14 por un factor de alrededor de dos a uno. Se podría decir que estas ciudades son las más envejecida del mundo.

En comparación, ciudades como Shanghái, Seúl y Moscú pueden ser relativamente jóvenes, pero sus poblaciones de mayor edad están creciendo rápidamente. En Londres, donde el 32 por ciento de la población tiene menos de 25 años, se prevé que el número de personas mayores de 60 años crezca un 48 por ciento para 2035, mientras que la población de menores de 60 años solo aumentará un 12 por ciento.

Japón y la población mayor

El país tiene la población más anciana del mundo, con muchas más personas mayores de 65 años que Italia, el siguiente más anciano.

El cambio global hacia una demografía más anciana es una transformación que ya está dando forma a las políticas gubernamentales y afectando a las sociedades y economías de todo el mundo. Aquí es donde las arrugas ya se están mostrando en Japón.

1.         Economía.

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Japón fue una de las economías del G7 de crecimiento más lento el año pasado y siempre ha tenido una de las tasas de crecimiento del PIB más bajas del grupo.

 Las políticas a favor del crecimiento del primer ministro Shinzo Abre, las llamadas Abenomics, han arrojado algunos resultados importantes, señala el FMI en su último informe del país, pero necesita políticas fortalecida para enfrentar los desafíos de su población que envejece y se reduce rápidamente.

La población de Japón se redujo en alrededor de 1 millón entre 2012 y 2017. “Esto deprimirá el crecimiento y la productividad debido a la fuerza laborar cada vez más reducida y envejecida y un cambio hacia el consumo, mientras que los desafíos fiscales se magnificaran con el aumento del gasto público relacionado con la edad y una base impositiva cada vez más reducida”, dice el FMI.

2.         Productividad.

Japón ya enfrenta una escasez de mano de obra, y su fuerza laboral se reducirá en otros 8 millones para 2030 a menos que se realicen cambios, según estimaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)

La administración Abe estuvo introduciendo políticas que apoyan a los trabajadores extranjeros e incentivaron la participación femenina en la fuerza laboral, que es particularmente baja. La reintroducción de trabajadores mayores también ha sido iniciativa que empieza a dar sus frutos.

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3.         Sociedad.

Japón tiene la tasa de dependencia de la vejez más alta de todos los países de OCDE: hay una persona mayor de 65 años por cada dos personas entre 20 y 64 años. Y esta proporción está aumentando.

Sumando a esto, las tendencias sociales como que las mujeres e casen más tarde y tengan menos hijos o no tengan hijos, han provocado que la tasa general de natalidad disminuya en las últimas décadas.

Esta es una bomba de relojería para el sistema de seguridad social de Japón, que lucha por cubrir los costos de una población jubilada con menos trabajadores que pagan impuestos.

4.         Salud.

Se prevé que el gasto en salud y atención a largo plazo en el país aumente considerablemente como proporción del PIB en los próximos años: más personas necesitaran más atención durante más tiempo.

Agreguemos a esto la reducción de la fuerza laboral y existe un riesgo real de que el país tenga muy pocos profesionales de la salud para brindar la atención necesaria.

Promover el traslado de los hospitales a los hogares es una de las formas en que el gobierno busca abordar el problema, promoviendo la atención solicitada por los pacientes, la automedicación y el control remoto de los pacientes en sus hogares.

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Ha introducido una prima de seguro mensual adicional pagadera por los mayores de 40 años para cubrir los costos de atención en la vida posterior.Y es probable que los cerebots, robots para ayudar a los ancianos, se conviertan en una realidad en un futuro no muy lejano.

Dado que la proximidad a tiendas y parques se asocia con una mayor movilidad, las ciudades compactas con redes de transporte público pueden ser entornos más saludables para envejecer que las zonas rurales, donde se necesita un automóvil para moverse.

En un estudio en Portland, la densidad de viviendas se asoció con mayores niveles de caminata, mientras que otro en Bogotá encontró que tener corredores peatonales durante el fin de semana se correlaciono con más caminatas entre los residentes mayores.

Pero la desventaja de la vida urbana puede ser la falta de contacto personal. El aislamiento es un gran problema para las personas mayores, que a menudo se vuelven invisibles en las ciudades. Algunos son demasiado frágiles o están físicamente incapacitados para moverse por la ciudad; otros carecen de incentivos, capacidad financiera o acceso a eventos sociales.

Muchos también viven solos. Como señala la OMS, las personas mayores tienden a preferir el contacto humano a los sistemas automatizados, por lo que una “ciudad inteligente” en la que la interfaz principal es una pantalla táctil en lugar de un rostro humano puede ser perjudicial para la salud mental de las personas mayores.

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El trabajo es una forma de abordar el aislamiento. Últimamente se ha reconocido que muchas personas mayores en Japón tienen el potencial de convertirse en empresarios. Debido a la baja tasa de natalidad y la falta de inmigración masiva en el país, se estima que pronto solo habrá dos personas en edad de trabajar por cada persona mayor de 65 años.

Sin embargo, también tiene una de las tasas de participación laboral más altas en mayores. Algunos trabajan por necesidad financiera, pero muchos aceptan esos trabajos porque la cultura japonesa les ha enseñado que el trabajo está estrechamente relacionado con la autoestima personal o propósito en la vida.