“No soy más que un simple pulmón jadeante, flotando sobre las nieblas y las cumbres”. Así describió Reinhold Messner sus momentos en la cima del Everest en 1978, cuando junto a Peter Habeler asombraron al mundo al ser los primeros en coronar la montaña sin oxígeno adicional. Después, 90 alpinistas han repetido la hazaña, un logro extraordinario si se tiene en cuenta que una persona no aclimatada, trasladada directamente desde el nivel del mar hasta la cumbre, perdería el conocimiento en tres minutos y moriría al cabo de otros diez a causa de la falta de oxígeno, el cuerpo tiene que adaptarse o morir y esto es lo que hacen, adaptarlo para no morir por la falta de oxígeno.

Al nivel del mar: se respira con facilidad

Al nivel del mar, donde el aire es denso y abundante, la respiración se realiza sin esfuerzo.

La sangre transporta oxígeno casi a plena capacidad.

El corazón funciona en toda su gama de posibilidades, desde el estado de reposo hasta el máximo esfuerzo.

Ejemplo de ritmo cardíaco: 64 en reposo, 170 en movimiento.

A 2.500 metros: tragar aire.

A esta altitud casi todos sienten los efectos del aire enrarecido.

La respiración de acelera y se hace más profunda, al notar el organismo la reducción del oxígeno en sangre.

El cerebro se hincha ligeramente, causando dolor de cabeza y náuseas.

Los riñones liberan una hormona que aumenta la producción de glóbulos rojos.

Ejemplo de ritmo cardíaco: 70 en reposo, 155 en movimiento.

A 5.500 metros: donde acaba la civilización.

Por encima de este punto no hay asentamientos permanentes en ningún lugar del planeta, porque el cuerpo humano no puede adaptarse a vivir todo el año a esa altitud.

Los pulmones expelen más cantidad de dióxido de carbono de la que se considera normal, lo cual altera el pH de la sangre.

Los riñones eliminan más agua para corregir la acidez de la sangre, causando deshidratación.

Ejemplo de ritmo cardíaco: 85 en reposo, 140 en movimiento.

A 8.850 metros: Zona de la muerte.

En la cima del Everest la presión atmosférica es un 30% de la que hay a nivel del mar. Por lo tanto, los alpinistas sólo inhalan un 30% de la moléculas de oxígeno que inhalarían al nivel del mar (100%). Esta es la razón principal de que por encima de los 8.000 metros de altitud el organismo empiece a fallar.

El corazón late deprisa, incluso en reposo.

Las alucinaciones hacen ver compañeros y oír orquestas que no existen,

Ejemplo de ritmo cardíaco: 123 en reposo, 140 en movimiento.

“El Everest se puede escalar con tiempo. Sin embargo, puedes torturarte en muchos aspectos tratando de hacerlo”, Rob Roach. La congelación es un riesgo en una montaña donde el termómetro marca con frecuencia menos de 10 grados bajo cero y el viento supera los 150 kilómetros por hora. La deshidratación hostiga al escalador, que cada día exhala más de tres litros de humedad. De repente puede producirse un edema pulmonar o cerebral, con consecuencias a veces mortales. Y la ceguera temporal es el resultado de la insuficiencia de oxígeno en la corteza visual del cerebro. La radiación ultravioleta, que aumenta un 4% cada 300 metros, también puede dañar la córnea. Cualquiera de estos trastornos puede provocar una caída, principal causa de muerte en el Everest. Los alpinistas se pueden aclimatar entrenándose gradualmente a altitudes cada vez mayores y atmosféricas más enrarecida. Estudios recientes indican que hay personas con una facilidad innata para la adaptación, mientras que otras están predispuestas genéticamente a padecer trastornos respiratorios a gran altitud, pero aún no se sabe por qué algunos se adaptan en poco tiempo y otros nunca lo consiguen.

Un órgano frágil

“El cerebro es el órgano mas sensible a los cambios ambientales” dicel el fisiólogo Peter Hackett. Constituye apenas el 2% del peso corporal de un adulto, pero consume hasta el 15% del oxígeno del organismo. Los fallos de memoria y razonamiento indican una disfunción de los neurotransmisores en el lóbulo frontal. La filtración de plasma desde el cuerpo calloso, que puede producirse a gran altitud, aumenta la presión interna. El paso vacilante indica que la presión a afectado al cerebro, órgano que controla el equilibrio. Si el tronco cerebral sigue sometido a estrés, pude producirse como y muerte.

El asesino interior

El edema, acumulación anormal de líquidos en los tejidos del organismo, es a menudo una amenaza mortal para el cerebro y para los pulmones de los alpinistas en altitudes extremas. “Siempre que he escalado el Everest he visto a alguien con edema pulmonar o cerebral”, afirma Ken Kamler, un médico que ha intentado coronar la montaña en cuatro ocasiones.

El edema cerebral se produce cuando el plasma se filtra a través de las paredes de los capilares, causando un aumento de la presión en el interior del cráneo. Aunque los mecanismos celulares y químicos que causan la salida del plasma del medio vascular no son del todo conocidos, los científicos formulan tres teorías: la separación de la uniones normalmente estrechas de las células que tapizan los vasos sanguíneos; la inflamación de los propios vasos; o la acción de una sustancia denominada factor de crecimiento endotelial vascular, que estimula el crecimiento de nuevos capilares en condiciones de escasez de oxígeno.

La constricción de los vasos sanguíneos en los pulmones (producida por la baja presión atmosférica a gran altitud) es la causa del edema pulmonar. La constricción aumenta la presión en los delicados capilares pulmonares, que dejan escapar líquidos que ahogan a la víctima en sus propias secreciones. Recientemente se ha confirmado que la causa del edema pulmonar es la constricción, refutando así viejas teorías sobre la inflamación o el paro cardíaco.

Usamos cookies para procesar información y poder mostrarte anuncios publicitarios personalizados. Dispones de información detallada sobre las cookies y como las usamos aquí y puedes consultar nuestra política de privacidad aquí. ACEPTO