¿Qué es la belleza?

Buscamos a tientas una respuesta a esta cuestión como quien intenta agarrarse con los dedos a una nube. ¿Definir la belleza? Es más fácil diseccionar una pompa de jabón. Lo sabemos en cuanto lo vemos, o eso imaginamos. Los filósofos lo conciben como una ecuación moral. Platón dijo que lo que es bello es bueno. Los poetas apelan a ideas elevadas: “La belleza es la verdad, la verdad es la belleza”, escribió John Keats, si bien Anatole France consideraba la belleza “más profunda que la verdad misma”.

La ciencia examina la belleza y la considera una estrategia. “La belleza es salud -dice una psicóloga- . Es un cartel que dice: “Soy sana y fértil. Puedo trasmitir tus genes”.

En su mejor expresión, la belleza celebra. Desde el guerrero txikáo en Brasil, pintado con manchas de jaguar, hasta Madonna con su sujetador metálico, los seres humanos se deleitan ante la posibilidad de enmascarar su aspecto cotidiano y hacerse pasar por un ser más poderoso, romántico o seductor.

En su peor faceta, la belleza discrimina. Los estudios sugieren que las personas atractivas ganan más dinero, les preguntan con más frecuencia en clase, reciben sentencias judiciales más leves y resultan más simpáticas.

Nos consolamos con tópicos. Es algo superficial, afirmamos. Sólo existen en los ojos del que mira. Cuentan los actos, no el físico.
Quizá somos verdaderamente humanos cuando llegamos al convencimiento de que la belleza no está en los ojos, sino en el corazón del que mira.

En una época de feminismo y de valores políticamente correctos, por no hablar de la arraigada creencia de que todos los hombres y mujeres son creados iguales, el hecho de que algunos sean más bellos que otros, molesta, confunde e incluso indigna. Para bien o para mal, la belleza importa.

La búsqueda de la belleza

trasciende siglos y continentes. En una tumba de un noble egipcio, muestra a éste haciéndose la pedicura. Cleopatra usaba kohl, una pintura de ojos elaborada con minerales triturados.La preocupación por la apariencia era algo que predominaba entre la aristocracia del siglo XVIII, tanto para el caballero como para la dama.

La búsqueda de la belleza podía ser macabra. Para subrayar la nobleza de su sangre, las mujeres de la corte de Luis XVI se dibujaban venas azules en el cuello y en los hombros.

La búsqueda de la belleza podía ser letal. El carmín bermellón usado en el siglo XVIII se elaboraba con un compuesto de azufre y mercurio; hombres y mujeres lo usaban a un a riesgo de perder la dentadura e inflamarse las encías. Enfermaban, y a veces morían, a causa del plomo que contenían los polvos blancos que extendían sobre su tez. En el siglo XIX, las mujeres llevaban corsés con ballenas y alambres que dificultaban la respiración.

La búsqueda de la belleza es cara. En Estados Unidos, los consumidores se gastaron 6.000 millones de dólares en perfumes y 6.000 en cosméticos. Los productos para el cabello y la piel reportaron 8.000 millones de dólares cada uno, mientras los esmaltes de uñas 1.000 millones. Con la manía por adelgazar se gastaron 20.000 millones en productos dietéticos y servicios, además de los miles de millones que se pagaron en gimnasios y cirugía estética. A pesar de los costes, prevalece el ansia por la belleza, una obsesión.

Don Symons, antropólogo de la Universidad de California en Santa Bárbara, dice: “La belleza no es aleatoria. La belleza tiene un significado, es funcional”. En estudios realizados por psicólogos, los hombres mostraron una clara preferencia por las mujeres de ojos grandes, labios carnosos, nariz y mentón pequeños. “Que los hombres prefieren a las mujeres de piel suave, ojos grandes, formas curvas y labios carnosos no es algo casual”, insiste Symons. Todos estos rasgos son indicios fiables de juventud, salud y fertilidad. Los labios debido a los estrógenos, alcanzan su plenitud entre los 14 y 16 años, cuando las mujeres entran en la etapa fértil de su vida. Con la menopausia y el fin de la fertilidad, los labios pierden grosor. Las lesiones o heridas en la piel indican la presencia de enfermedades infecciosas o parásitos. Un cutis limpio y terso refleja juventud y buena salud.

En el mundo de la belleza

hay muchas variaciones sobre un mismo tema, pero todas las culturas tienen su problema con el pelo. En el centro de Australia, hace tiempo, los aborígenes aranda se tapaban la calvicie con unas pelucas hechas de emú. De idéntica manera, los azande de Sudán lucían pelucas de esponja. Dejarse el pelo largo entre los ashanti de Africa occidental convertía al individuo en sospechoso de planear un asesinato, mientras que en Brasil los bororo se cortan el cabello como señal de duelo.

Los fabricantes de productos capilares estiman que en Estados Unidos el 40% de las mujeres que se tiñen el pelo eligen el rubio, elección que también preferían las mujeres de la Grecia antigua, según investigadores, el pelo rubio confiere un aire infantil.

¿Qué otras señales envía el cabello? En la mayoría de las sociedades, el cabello corto es sinónimo de austeridad y disciplina: se piensa en la cárcel, el ejército y en los monjes budistas. El cabello largo significa libertad y una conducta poco convencional: es el caso del movimiento hippy. A veces el pelo dice “soy mayor,hagámonos el primer corte”. Representan las fases de la vida, desde las trenzas y las coletas hasta las canas.

El deterioro nos pasa factura

el envejecimiento, el archienemigo de la belleza.

La culpa la tiene la vulnerabilidad de la carne al colágeno y elastina, dos sustancias localizadas en la segunda capa de nuestra piel que le dan elasticidad. Cuando el entramado de colágeno y elastina empieza a fragmentarse, la piel pierde su elasticidad. En ese momento se desencadena el deterioro.

La búsqueda de un físico perfecto es global. En Rusia, la cirugía plástica a precios módicos atrae a pacientes desde lugares como Londres y Sydney. En Australia los arreglos de nariz, estiramientos de párpados, liposucciones, liftings faciales y correcciones de orejas, son operaciones muy populares. En China, los hospitales de cirugía plástica proliferan con más rapidez que los brotes de bambú en primavera. En Brasil las mujeres se hacen liposucción a los 18 años y la reducción de senos entre los 16 y 22 años, mientras que las estadounidenses quieren el busto grande.

El aspecto triste

y en ocasiones desagradable de la belleza: en una encuesta realizada por una revista, el 15% de las mujeres y el 11% de los hombres consultados dijeron que sacrificarían más de 5 años de su vida por mantener su peso ideal. ¿Es que acaso no merece la pena vivir la vida si no se está delgado? Las muchachas pesan literalmente su autoestima, Vivimos en una cultura de locos, obsesionados por la delgadez silfídica, y sin embargo tendemos a la obesidad. El 80% de las mujeres están descontentas con su cuerpo.

En una de sus peores manifestaciones. la insatisfacción con el cuerpo puede derivar en trastornos alimentarios como la anorexia, o la bulimia.. Ambos pueden ser fatales.

La preocupación por la belleza puede convertirse en una neurosis, y sin embargo prestar atención a nuestro aspecto y bienestar interior tiene mucho de terapéutico.