Los fines de semana hay que aprovecharlos al máximo para poder hacer todas esas actividades de esparcimiento y recreación que nos sacudan el estrés de haber trabajado toda la semana, es por ello que todos experimentamos ese hormigueo en el estómago lleno de emoción cuando nos damos cuenta que ya es viernes.

Sin duda, llegar al área de trabajo, oficina o aula escolar un viernes con tantos planes para el fin de semana, aunque eso solo signifique dormir y ver Netflix, siempre trae un aire diferente en el ambiente que es contagioso y todos somos capaces de percibirlo.

Pero poco se habla del efecto contrario, esa sensación de tristeza y ansiedad que traen los domingos, principalmente cuando el sol está por ocultarse y nos anuncia que finalmente el fin de semana ha concluido para iniciar una semana más de arduo trabajo.

Aunque es algo que hemos experimentado por muchos años a lo largo de nuestra vida, esa sensación siempre está ahí como si fuese la primera vez, y es un fenómeno psicológico que hay que vigilar muy de cerca especialmente si causa sensaciones más intensas como melancolía e incluso miedo.

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Y es que, lamentablemente no todos tienen la satisfacción de ir a un trabajo aburrido y monótono, que también tienen su efecto en la mente de las personas,  pero no se le compara con ir a trabajar o estudiar a un lugar donde se sufre de abusos.

Por ello, los expertos en la salud mental han decidido ponerle un nombre, “síndrome del domingo”, que se le denomina a un cúmulo de malestares que pueden llegar a afectar a las personas en menor o mayor medida.

¿Qué tanto te afecta el Síndrome del Domingo? Detecta la gravedad de las sensaciones que experimentas

La red social de profesionistas y empleos, LinkedIn, realizó su propio estudio en 2018 donde descubrieron que este síndrome no es algo aislado, de hecho, afecta al 80% de los trabajadores tan solo en los Estados Unidos, pero es un efecto que eventualmente  se experimenta en todo el mundo.

Los expertos aseguran que se debe a un cambio brusco a nivel psicológico, que va desde la relajación, ocio o estar en un ambiente tranquilo, a anticiparnos a todo lo que conlleva empezar una vez más la rutina.

Si es algo cotidiano que prácticamente podemos vivir por décadas, ¿por qué siempre nos afecta tanto? La respuesta puede estar en la forma en la que funciona nuestra mente para anticiparnos a problemas.

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La amígdala, esa pequeña porción de nuestra mente que es tan vital como primitiva, es la que nos ayuda a prepararnos ante una emergencia, por ejemplo, nos ayuda a activar todos los órganos de nuestro cuerpo para huir ante una amenaza.

Y aunque es vital para nuestra supervivencia, tiene un gran defecto: No entiende de razonamientos o lógica humana, ¿quieres comprobarlo? Haz la prueba tan solo recordando aquella pelea que tuviste con tu pareja o esa ocasión donde tuviste un accidente.

Nuestra amígdala no es capaz de reconocer si estás realmente en una situación estresante o si es un recuerdo, así que es normal que nuestro corazón empiece a latir más fuerte, que nuestra respiración se acelere y sintamos que “la sangre nos hierve” con solo recordar un mal momento, como si estuviera pasando realmente.

Regresando al Síndrome del Domingo, tan solo hay que observar lo que recordamos cuando nos sentimos melancólicos por la llegada del Lunes: despertarse de golpe por la alarma, tener que salir de la cama temprano, todo el trabajo acumulado y por hacer, los gritos del jefe, ver a los compañeros que te caen mal, etc.

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¡Correcto! Tendemos a pensar únicamente en aquellas cosas que nos molestan y estresan, y al recordarlas se activa una serie de sensaciones como si las estuviéramos viviendo en ese momento, trayendo la sensación de malestar que causa levantarse temprano o el miedo de enfrentarse al jefe malhumorado.

Pensar todo eso cuando estamos en el momento más relajante del fin de semana, sin duda se siente como un balde de agua fría cayendo de repente.

¿Pensar en las cosas positivas de mi trabajo o escuela hará que desaparezca el Síndrome del Domingo?

Seamos sinceros, no todo en nuestro trabajo o escuela, pues podemos ver a nuestros amigos o compañeros con quienes se tiene gratas charlas, o ese momento inigualable de la hora del café durante el descanso, poder ver el bello amanecer, entre otras pequeñas situaciones que lo hacen todo más ameno.

El índice de Síndrome del Domingo definitivamente no es algo que vaya a desaparecer, pero sí se ha mostrado en menor medida y más tolerablemente en personas que han hecho de su trabajo un lugar más agradable de estar.

¿Te has dado cuenta que tus compañeros que son más sociables son los que llegan con una mejor actitud todos los lunes? Son aquellos que les gusta platicar con las personas, adornan su escritorio, se comen galletas a escondidas y hasta se ponen música discretamente.

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Esto es una muestra de lo que puede hacer un cambio de visión personal, el llevar a su sitio de trabajo la mayor cantidad de cosas que le parecen placenteras. Desafortunadamente algo que cada trabajador debe plantearse cuando debería ser algo cultural.

Ni siquiera porque esto les traería mayor producción, la mayoría de los sitios de trabajo obligan a sus trabajadores a dejar atrás todo aquello que sea un “distractor”, cuando la mayoría de veces de hecho funciona como un punto de equilibrio emocional. Después de todo, todos somos más productivos cuando tenemos una sensación de bienestar.

Entonces, ¿vale la pena hacer ciertos cambios para hacer de nuestro trabajo un lugar más ameno? Los profesionales de la salud mental lo aconsejan ampliamente, siempre y cuando no te ponga en aprietos con tus jefes o el reglamento interno.

De hecho, ya se vuelve una cuestión de salud mental hacer dichos cambios para tu bien si has llegado a sentir:

Culpabilidad: Si eres de los que siente que no hizo suficiente su fin de semana o días de descanso por que no hiciste todo aquello que habías planeado, llegando a tener pensamientos de sentirse un inútil o indisciplinado.

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Este es un claro ejemplo de que los cambios que debemos hacer no solo son en el lugar de trabajo. También debemos hacer algunos cambios durante nuestros días de trabajo, y esto no siempre significa organizarse mejor para hacerlo todo, sino cambiar nuestra mentalidad.

Pensamos que todo el tiempo debemos ser productivos y cumplir con todas los planes, pero es de vital importancia escuchar nuestro cuerpo que a veces nos exige descansar de verdad. Siempre habrá días donde no queramos hacer absolutamente nada y está bien.

Carga de trabajo muy alta: Cuando nuestro trabajo nos exige demasiado cada día puede ser mental y físicamente agotador, es normal tener sentimientos de agotamiento incluso los fines de semana con solo recordar todo lo que te espera.

Como criaturas cuya naturaleza es sobrevivir (guardando energía), nos resulta una amenaza y atentar contra nuestra propia naturaleza el trabajo, así que no te sientas mal si manifiestas adversidad por los lunes o inicio de rutina, es algo simplemente natural.

La reflexión y la meditación puede ser la clave de erradicar el Síndrome del Domingo

Muchas veces hay algo en común detrás de esta serie de malestares: la sensación de empezar de nuevo, como si todo lo que nos estresó la semana anterior no hubieran valido de mucho, pues es un ciclo sin fin.

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La European Federation of Psychologists Associations (EFPA) anota que la rutina puede llegar a absolvernos muchos que dejamos de reflexionar sobre la situación de nuestra vida y bienestar. Eso nos lleva a aprovechar los fines de semana en cosas que realmente no aportan significativamente a nuestra salud mental y espiritual.

En pocas palabras, confundimos el descansar con entretenernos,  por eso, cuando pasamos la tarde viendo una pantalla, ya sea el del cine, televisor o teléfono, o nos ponemos a hacer diligencias al por mayor, sentimos que no hemos descansado al final.

Es aconsejable mejor reflexiona lo que realmente nos trae una sensación de bienestar, alivio y satisfacción, como pasar tiempo de calidad con seres queridos, hacer ejercicios de relajación e incluso tener hobbies que tengan un efecto terapéutico en nuestra mente, como puntura, bordado, pesca, camping, etc.

Tener objetivos personales también es necesario para tener una vida satisfactoria, pues aunque vivamos atascados en el ciclo sin fin del trabajo y la familia, nunca debemos dejar que nuestra evolución como seres humanos se detenga.