Ganímedes no solamente es el satélite natural más grande de Júpiter, también lo es de todo nuestro sistema solar. Se dice que su descubrimiento data de 1610 por Galileo Galilei, razón por la cual se le categoriza como satélite galileano.

Otro aspecto que lo separa del resto de las lunas de nuestro sistema solar, es que es el único que posee un campo magnético al igual que los planetas, es de entenderse si tomamos en cuenta que es hasta un 8% más grande que el mismo Mercurio pero con menos masa.

Hasta ahora sabemos que Ganímedes está compuesto por hielo de agua y silicatos (rocas minerales o de granito), en partes iguales. Razón por la cual se estima que además de tener un núcleo de hierro fundido, también guarda en su interior una cantidad inmensa de agua que superan por mucho al de todos los océanos de nuestro planeta.

Otro aspecto impresionante de Ganímedes, es que tiene una delgada capa de atmósfera a base de oxígeno (ozono), así como oxígeno molecular y atómico, como lo es el hidrógeno atómico del que está constituida su atmósfera menor.

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¿Por qué sabemos tanto de este satélite? Pioneer 10 es una de las sondas espaciales que se ha encargado de observar a Júpiter y sus satélites, así que lo ha visto demasiado cerca con toda su gama de aparatos de medición.

Posteriormente Voyager, con una mayor tecnología, termino por esclarecer otros datos físicos, mientras que la sonda Galileo pudo descubrir la inmensidad de su océano subterráneo y el campo magnético que tanto lo caracteriza.

Aún hay misiones que pretenden conocer más de cerca este satélite, el más próximo podría ser en 2022 con la misión JUICE (Jupiter Icy Moon Explorer) de la Agencia Espacial Europea, que se enfocará en los satélites congelados, pero aprovechará la fuerza de atracción de Ganímedes para engancharse en su órbita.

El telescopio espacial Hubble también descubre novedades sobre su atmósfera

A pesar de que la NASA está brillando por sus misiones estrellas a la Luna y Marte, está siguiendo muy de cerca la evolución en los datos sobre el satélite de Júpiter, en especial sobre la composición de su atmósfera que se distingue del resto.

Si bien sabemos que toda su agua está hecha hielo por el increíble frío que hace en el satélite, se ha rechazado la idea de encontrar agua líquida, pero hay indicios de que posiblemente Júpiter cuenta con agua en estado gaseoso.

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Esta conclusión sale de una investigación que se realizó al analizar los datos más antiguos que se tiene de Ganímedes, enriqueciéndolos con los más recientes capturados por el telescopio Hubble, quien capturó imágenes ultravioleta que detectaron moléculas de oxígeno en sus auroras boreales.

Sin embargo, no siempre hubo indicios o datos claros, por ejemplo, cuando Hubble detectó con sus señales ultravioleta la presencia de oxígeno puro, es decir, átomos de oxígeno, muy a comparación de otros planetas donde el oxígeno es parte de una molécula compuesta por otros elementos.

Gracias a la misión Juno que fue a recolectar más información, se dieron cuenta que realmente la presencia de oxígeno puro era casi nula. Este fue el indicio de que podría tratarse de vapor de agua (moléculas compuestas por dos átomos de hidrógeno pero una sola de oxígeno), por eso el valor tan bajo de este elemento.

Pero luego surgió la duda, ¿cómo es posible que la atmósfera tenga agua en estado gaseoso si prácticamente el agua está congelada?

Es entonces cuando utilizaron sensores de temperatura en la superficie de Ganímedes, descubriendo que algunas zonas son más cálidas que otras. De hecho, hay lugares suficientemente cálidos como para hacer que el hielo se transformara en vapor de forma inmediata, sin tener el tiempo de derretirse en agua y formar mares o lagos.

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La NASA y la ESA vigilan el agua de Ganímedes con la esperanza de encontrar indicios de vida extraterrestre

Al principio era solo una teoría, pero ahora que finalmente se ha descubierto que la teoría de que Ganímedes guardaba agua en su interior es todo un hecho, y gracias a la gran tecnología de instrumentos de medición se ha sabido mucho más.

Además de que se encuentra localizada en el subterráneo y no en la superficie como en la Tierra, lo que tienen en común es que ambos océanos están compuestos de agua salada. Eso no es todo, se sabe ya que la profundidad de su agua es hasta 10 veces más profunda que en nuestro planeta.

Sin embargo, aunque el ser humano sea capaz de aterrizar en el satélite, sería casi imposible hallar el agua para tomar muestras o analizarla de primera mano, ya que se estima que el agua está a 150 kilómetros de profundidad.

Pero esto no desanima a las agencias espaciales para estudiarla en búsqueda de señales de vida, considerando que esta se haya originado en el agua como en nuestro planeta y como lo sugieren los vestigios de agua en otros planetas.

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Mientras tanto, se han enfocado en estudiar otros fenómenos más visibles y externos como las auroras boreales de Ganímedes formadas por un campo magnético que no existe en otros satélites vistos.

Pero aunque parezcan dos situaciones completamente ajenas, de hecho, el comportamiento de las auroras boreales azules de Ganímedes sugieren y confirman la existencia de ese océano que solo ha podido ser detectado, más nunca visto.

¿Cómo se puede saber esto? De acuerdo con los científicos, el movimiento de dos auroras boreales captadas se balancea, algo que según el conocimiento que se tienen hasta ahora, es un movimiento propio causado por el agua que también tiene influencia en el campo magnético.

Esta es la observación del Joachim Saur, investigador de la Universidad de Colonia en Alemania que trabaja muy de cerca con esta investigación.

También adelantan que la profundidad de esta masa de agua congelada puede alcanzar los 100 kilómetros de profundidad, es decir, hasta diez veces mayor que la parte más profunda del océano de la Tierra, tomando en cuenta los 150 kilómetros extra de corteza que hay sobre esta, nos hace pensar realmente la extraña distribución de este satélite.

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Según algunos investigadores, esta corteza está compuesta por el agua congelada en forma de hielo, que no es firme y que en realidad podría estar meramente flotando encima del mando de agua líquida con una consistencia fangosa, pero esta es solo una suposición.

Otras teorías también suponen que el satélite podría estar conformado por tres capaz, el hielo, el agua y un núcleo de hierro fundido, que tal vez esté mezclado con azufre o no, y que a su vez estaría rodeado por una corteza de sílice rocosa, seguido por su corteza helada.

El núcleo metálico fundido hace reflexionar también sobre qué tan caliente puede ser el núcleo y cómo este interactúa con una superficie de hielo, algo muy similar visto en otro satélite de Júpiter llamado Ío, excepto que Ganímedes tendría esta capa “extra” de hielo.

Lo interesante es cómo este satélite tiene actividad muy parecida a otros planetas incluyendo la Tierra, que hace pensar realmente si podría ser considerado uno si no estuviera orbitando al titánico Júpiter.

Por ejemplo, su corteza también está conformada por placas tectónicas como la Tierra, estas se mueven de forma independiente, pero actúan sobre zonas de fractura que ha dado lugar a la formación de cordilleras.

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También se han observado flujos de lava ya enfriada y solidificada como las que forman islas o extienden la masa de la corteza terrestre. Esto ha fascinado a los científicos pues resulta que este satélite tiene mucho más en común con la Tierra que nuestros planetas vecinos como Venus o Marte, donde no se ha encontrado actividad tectónica, al menos no recientemente.

Eso no es todo, la nave Galileo ha descubierto que el satélite tiene una magnetósfera, es decir, una capa protectora conformada por su campo magnético que repele la radiación del viento solar, algo propio de la Tierra y otros planetas, haciéndolo una joya de satélite.

Ganímedes sin duda es un lugar que amerita estar en el ojo de la humanidad, ya que descubrir lo que ocurre en su interior podría ser muy similar a lo que podríamos encontrar en otros planetas por sus características.

Si bien no representa un beneficio directo como el encontrar agua dulce que pueda aliviar una posible crisis futura por el agua en nuestro planeta, al menos podría darnos indicios de que podríamos estar ante un candidato perfecto para la formación de vida.