…el universo?

Hasta que Edwin Hubble apareció en escena, no sólo era imposible para los astrónomos calcular la edad del universo, sino que no sabían con certeza si existía algo más allá de la Vía Láctea. En 1924, Hubble descubrió que hay miles de millones de galaxias. Pero no se detuvo ahí; hacia el final de la década demostró que el universo está en expansión y que la velocidad a la cual se expande puede servir para calcular su edad.

Descubrió que las galaxias se alejan unas de otras a una velocidad que aumenta proporcionalmente a su distancia. Si se conoce la distancia de las galaxias y su velocidad de recesión, es posible determinar la razón de expansión del universo, conocida como constante de Hubble, que a su vez permite calcular la edad del universo. Las velocidades son fáciles de medir mediante el estudio del espectro luminoso de las galaxias: cuanto mayor es el corrimiento hacia el rojo, mayor es la velocidad de la recesión. Pero medir las distancias es muy difícil, hasta el punto de que el cálculo de la constante realizado por el propio Hubble resultó ser erróneo por un factor de casi diez.

Galaxia M100

En los años 90 entró en escena un segundo Hubble: el telescopio espacial que lleva su nombre y que ha aportado datos cruciales para la ecuación de Hubble. En la galaxia M100, los astrónomos han encontrado 52 variables cefeidas, estrellas jóvenes cuyas variaciones periódicas de luminosidad guardan una relación directa con su brillo. El periodo de la pulsación (50 días en el caso de la estrella señalada) indica la luminosidad absoluta de la cefeida, que comparada con su luminosidad aparente permite calcular a qué distancia está de la Tierra. Así se ha concluido que la galaxia M100 está a 50 millones de años luz. Tras utilizar las cefeidas para calcular las distancias de 27 galaxias, la astrónoma Wendy Freedman y otros investigadores han asignado a la constante de Hubble un valor de 72. Combinado con otros datos cosmológicos, este valor permite fijar la edad del universo en unos 13.000 millones de años.

…el cadaver?

La entomología es uno de los mas nuevos y prometedores instrumentos con que cuentan los laboratorios criminológicos para establecer cómo, dónde y cuándo se produjo el deceso. “la descomposición del cuerpo sigue una pauta específica. Un insecto acude a alimentarse del cadáver poco después de haberse producido la muerte, luego viene otro, cuando el cuerpo está en una fase de descomposición más avanzada, y así sucesivamente.” Al observar el tipo de insectos que se alimentan del cadáver, y en qué estadio de desarrollo se encuentran, los investigadores pueden a menudo establecer el momento de la muerte.

Atraída por la carroña y la sangre, la mosca azul suele ser la primera en aparecer en escena. Rápidamente deposita huevos en las heridas y aberturas corporales; al eclosionar, las larvas devoran la carne con tal voracidad que en tiempo caluroso pueden dejar el esqueleto limpio en pocos días. Las larvas atraviesan tres estadios antes de convertirse en pupas y en moscas adultas; El tiempo máximo para alcanzar cada estadio a 23,3º es de 30 horas para el primer estadio, para el segundo de 52 horas, el tercero 85 horas, luego pasa a la fase de pupa en 279 horas y finalmente a Adulto, (mosca), 500 horas.

Siempre que se conozcan los factores climáticos (temperatura, humedad y luz solar) que pueden acelerar o ralentizar el desarrollo de las larvas, es posible calcular el momento del deceso. Incluso cuando la carne ha desaparecido y también los insectos, los exoesqueletos abandonados pueden revelar la estación en que se produjo la muerte. Mediante el estudio de los insectos y de otros indicios.

….la roca más antigua de la Tierra?

El descubrimiento de la radiactividad, hace un siglo, aclaró uno de los grandes enigmas de la ciencia: ¿cómo era posible que la evolución de la Tierra se hubiera desarrollado a lo largo de eones cuando su núcleo parecía demasiado caliente para superar los 400 millones de años? La clave estaba en el calor de la radiación interna, que para los geólogos es cronometro muy preciso. Un átomo radiactivo es un isótopo inestable de un elemento que con el tiempo se desintegra en átomo estable. Los diferentes isótopos tienen distintos tiempos de desintegración. Por ejemplo, tienen que pasar 704 millones de años para que la mitad de una cantidad de uranio 235 se transforme en plomo 207. Contando los átomos de cada tipo presentes en una muestra, es posible averiguar el tiempo transcurrido desde que empezó el proceso de desintegración. Los circones se forman en el magma, y en su red cristalina hay átomos de uranio que sirven para datar la mayoría de las rocas ígneas. Un circón ha permitido datar en 4,030 millones de años la roca más antigua que se conoce.

…el ser humano?

Desde lo alto de Time Square, uno de los primeros humano contempla el lugar donde los actuales Homo sapiens se reúnen cada Nochevieja para celebrar el paso del tiempo y maravillarse ante su larga historia. Pero si redujésemos los 4.500 millones de años de la Tierra a un solo día, ese humano de hace 100.000 años aparecería cuando sólo faltaran dos segundos para las doce.

Un cráneo humano hallado en una cueva de Qafzeh, en Israel, fue datado con dos técnicas que miden la exposición a la radiación. La Tierra está inundada de radiación de baja intensidad de uranio, torio y potasio. Al incidir sobre los átomos de materiales cristalinos, como el esmalte dental, esta radiación desplaza electrones que se pueden contar con el método de resonancia de espín electrónico (ESR). Cuantos mas electrones desplazados tiene un objeto, más antiguo es. Junto al cráneo apreció un diente de caballo, que según la técnica de ESR tiene unos 100.000 años. En el yacimiento también había restos de pedernal quemado. Cuando un material cristalino se calienta, emite sus electrones desplazados en forma de luz, y su “reloj” radiactivo se pone a cero. Con la técnica de termoluminiscencia, el pedernal se vuelve a calentar y la luz emitida determina el tiempo transcurrido desde que se encendió por última vez; en este caso, 100.000 años. Estas dataciones indican que el humano moderno abandonó África cuando coexistía con neandertales, antes considerados nuestros ancestros. Nos preguntamos: “¿Qué edad tenemos?” 100.000 años.