Santuarios marinos de Estados Unidos, sus refugios azules.

Desde la cabina del biplano, a 300 metros de altura sobre los Cayos de Florida, el mar parece un ligar ilimitado y plácido salvo por la espuma rompiendo sobre los arrecifes coralinos. Sin embargo, ese barniz azul está seriamente amenazado por la pesca abusiva, la contaminación, las enfermedades y la invasión humana. Para proteger áreas vitales de la costa estadounidense, el gobierno ha creado 12 santuarios marinos, 12 refugios azules. Cada lugar de esta galería viva de bosques de kelp gigante, cañones bentónicos, jardines de coral y charcas de marea es un laboratorio para la restauración de los ecosistemas marinos: sangre vital del planeta azul.

Los refugios azules, de Estados Unidos:

Stellwagen Bank

Una descarada bandada de gaviotas argénteas se pelea por los pequeños peces que pueden saltar de las fauces barbadas de una yubarta que se alimenta en Stellwagen Bank. Una sola yubarta pude engullir una tonelada de pescado al día en las aguas ricas en nutrientes del banco: una masa de arena procedente de la erosión glaciar y depositada en la bahía de Massachusetts, área de alimentación vital para las amenazadas especies de yubarta, rorcual común y ballena franca septentrional.

El personal del santuario trabaja junto a la lucrativa industria de observación de las ballenas y otras organizaciones para proteger la vida marina. Pero los grandes buques, que deben cruzar el santuario para llegar a Boston, siguen siendo una seria amenaza para las ballenas en migración.

Islas del Canal

Bajo la luz rojiza del alba, las islas del Canal aparecen como focas durmientes. Dos de ellas, Anacapa y Santa Bárbara, son zonas de anidación clave para los amenazados pelícanos pardos. Criaturas tan diminutas como las anémonas de tentáculos verdes o tan enormes como las ballenas azules prosperan en el rico caldo de las aguas del santuario, mezcla de corrientes cálidas meridionales y frías septentrionales. Como los santuarios marinos también protegen los recursos culturales, el personal del santuario colabora con los museos de Santa Bárbara para hallar y conservar objetos arqueológicos de los indios chumash, cuya presencia en la zona se remonta a unos 10.000 años. Para mostrar a los niños el valor ecológico y cultural del mar, el santuraio puso en marcha “Los Marineros”, un programa para los colegiales de quinto curso de Santa Bárbara.

Bahía de Monterey

La sorpresa adopta múltiples formas en el mayor santuario marino de Estados Unidos: en el alarmado rostro de una foca común fotografiada por sorpresa bajo el agua, en la mole de un portaaviones anclado que surge de la neblina, en el tamaño mismo del lugar. Con una extensión que abarca más de 560 km de costa californiana y que llega hasta más de 85 km de la orilla, el santuario de la Bahía de Monterey encierra la mayor diversidad de vida marina y de hábitats del país, así como uno de los mayores cañones submarinos, a más de 3 km de profundidad. Allí, los científicos del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey utilizan un nuevo vehículo accionado por control remoto para filmar las profundidades, estudiar la química del agua y descubrir nuevas especies.

Islas Farallon

Al menos de 50 km al norte del Golden Gate se alzan las agujas de granito de las islas de Farallon. Este refugio de fauna salvaje inscrito en el santuario del Golfo de los Farallones alberga la mayor concentración de aves marinas nidificantes de Estados Unidos continental. Petreles, frailecillos, araos y mérgulos figuran entre el cuarto millón de aves que anidan o excavan sus madrigueras aquí. A lo largo de las bahías y de los estuarios continentales, las pagazas piquirojas buscan su alimento y despliegan sus paradas de cortejo. En invierno, un elefante marino se arrastra por una playa isleña para reproducirse. Casi exterminados por los cazadores del siglo pasado, estos fócidos prosperan aquí, pese a que docena de cachorros mueren cada año en las mandíbulas de los tiburones blancos.

Olimpic Coast

Baja la marea. El día llega a su fin. Las piceas se aferran a lo que queda de una antigua llanura. Esta es la belleza del santuario Olimpic Coast, cuyas apartadas charcas mareales permanecen intactas a no ser por el ocasional excursionista o por las tribus nativas que recolectan crustáceos. Cada mes, las agitadas aguas mar adentro acogen a miles de barcos dedicados al comercio por el Arco del Pacífico. El personal del santuario promueve la navegación segura y el control de los vertidos de petróleo para mantener estas aguas en su estado prístino.

Hawai

Una yubarta nada con su cría en un santuario de Hawai para estas ballenas, el único dedicado a una sola especie. Por razones aún desconocidas, casi las dos terceras partes de la población de yubartas del Pacífico Norte, estimada en unas 8.000, se reproducen y cuidan de sus crías en estas aguas. “Desde la oficina se oirán golpes secos y pensaremos que es una contraventana, pero luego veremos aletas caudales golpeando el agua -dice Allen Tom, coordinador del santuario-. Así de cerca están de nosotros”.

Flower Garden

A 150 km de la costa de Luisiana-Texas, las aguas aparecen tan llanas como en un canalizo deltaico. Pero bajo la superficie, dos domos de sal se alzan del fondo del océano, erizados de coral: el arrecife coralino más septentrional de la plataforma continental. Se trata de Flower Garden Banks, donde cada agosto, durante algunas noches, se produce una especie de carnaval del coral: una liberación de miles de millones de gametos en un desove masivo que recuerda una tormenta de confeti. Una de las muchas especies del lugar, el hermafrodita coral estrella, libera paquetes de huevos-esperma, que flotan en la superficie. Después de la fecundación, las larvas van a la deriva y luego se hunden para repoblar el arrecife. Como la mortalidad supera el 95%, los investigadores recogen gametos, los incuban y luego trasplantan las larvas sobre losetas de cerámica.

Los Cayos

Quienes bucean con tubo en los Cayos de Florida se deleitan observando con admiración los corales y los peces de brillantes colores. Pero la mayoría desconoce los males que azotan el mayor arrecife tropical de Estados Unidos: asfixia causada por las algas que se nutren de residuos, enfermedades del coral, pesca abusiva, roturas causadas por dedos y aletas negligentes. Sin embargo, existe un plan exhaustivo para proteger los 350 km de arrecife del santuario. Boyas de amarre para evitar que las anclas dañen el coral. Balizas de canal para limitar los daños en el lecho marino de varadas y anclajes. Y en 23 zonas, la captura y recolección de organismos marinos están prohibidas con la esperanza de que las poblaciones se recuperen.

En 1987, El Duane, un guardacostas fuera de servicio, fue hundido deliberadamente a 40 m de profundidad y 11 km aguas adentro de Cayo Largo. Este buque, es útil como arrecife artificial que atrae a los submarinistas y los aleja de los frágiles arrecifes naturales , y que alberga vida en un lugar antes estéril. Hoy, las algas se incrustan en su armazón de acero, proporcionando alimento a los peces papagayo. Corales y esponjas adornan el casco, y la timonera alberga cardúmenes de roncadores.

Es posible que la protección de la que hoy goza el santuario ayude a asegurar un futuro lleno de vida.

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