Pan, vino y aceite en el Mediterráneo antiguo.

Desde el inicio de la civilización, el hombre estableció una intima relación con los alimentos que garantizaban su subsistencia, y algunos llegaron a convertirse en símbolos míticos y religiosos de un crisol de culturas que, aunque distintas en la actualidad, comporten un mismo origen.

Estos alimentos protagonizan uno de los grandes acontecimientos de la historia: la sedentarización de nuestros antepasados. Se trata de un momento clave en la historia de la humanidad: los hombres descubrieron la posibilidad de cultivar cereales, con lo que adquirieron la capacidad de administrarlos y, en cierta medida, de garantizar su subsistencia.

También aprendieron a transformar las plantas en alimento, de manera que las semillas de cereal se convirtieron en pan, los frutos de olivo, en aceite y las uvas, en vino. Estos productos se obtuvieron por primera vez en el extremo oriental del Mediterráneo, desde donde se extendieron hacia el oeste, creando un espacio de intercambio cultural y nexo de unión entre los distintos pueblos que habitan sus orillas.

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